lunes, agosto 17, 2026
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PUNTO DE CIENCIA

RAFAEL DE JESÚS HUACUZ ELÍAS

¿El mejor o el peor de los tiempos?

En 1859, Charles Dickens publicó “Historia de dos ciudades”, una novela que hoy podría leerse como una alegoría casi perfecta de nuestros tiempos. En dicha novela hizo una reflexión de las contradicciones que coexistían entre ciudades tan distintas, y al mismo tiempo tan parecidas, hasta hacer pensar que fue escrita para el momento actual.

“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, era la edad de la sabiduría, era la edad de la necedad, era la época de la fe, era la época de la incredulidad, era la temporada de la luz, era la temporada de la oscuridad, era la primavera de la esperanza, y al mismo tiempo el invierno de la desesperación; lo teníamos todo por delante, no teníamos nada por delante; íbamos directo al cielo, íbamos directo en sentido contrario: en suma, aquel período se parecía tanto al actual, que algunas de sus autoridades más ruidosas insistían en que solo se le aceptara, para bien o para mal, en grado superlativo de comparación”.

En el mundo moderno vivimos avances extraordinarios en materia de salud, tecnología y comunicación global que mejoran la vida de millones de personas en todo el planeta. Sin embargo, también enfrentamos crisis profundas: desigualdad social, violencia extrema, guerras, exterminios étnicos y una profunda crisis climática. Esa convivencia entre progreso y deterioro produce una ansiedad colectiva.

Cuando Dickens escribió que era la edad de la sabiduría y de la necedad, parecía anticipar una contradicción muy actual: nunca habíamos tenido tanto acceso al conocimiento. Pero también nunca fue tan fácil difundir desinformación, teorías falsas o decisiones impulsivas, lo que ha dado lugar a toda una nueva generación de “analfabetos funcionales”, que solo observan las tendencias en las redes sociales.

Lo mismo sucede cuando señala: “era la época de la fe y de la incredulidad”. Actualmente hay miles de personas comprometidas con diversas causas sociales, que promueven valores de respeto y tolerancia para una verdadera justicia social. Pero a la par, hay desconfianza en las propias instituciones de justicia, se menosprecia a la ciencia y la desconfianza en ella deja espacio a ideas absurdas, como el terraplanismo. Esto genera una sociedad en tensión permanente entre el acceso al conocimiento y la falta de juicio crítico.

Por tanto, cobra fuerza lo que plantea Dickens al escribir: “la era de la luz y de la oscuridad… la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación”.

La novela de Dickens sigue vigente porque describe una contradicción que define nuestro presente. Nunca hemos tenido tantas posibilidades y, al mismo tiempo, tantas amenazas compartidas. Tal como sugiere el autor, la acumulación de conocimiento no garantiza por sí misma una mayor sabiduría colectiva, y la esperanza en el futuro se ve acompañada por una sensación de incertidumbre.

 

Rafael de Jesús Huacuz Elías

Facultad de Arquitectura, Unidad Saltillo

rhuacuz@uadec.edu.mx