lunes, septiembre 7, 2026
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La ciencia desmiente la creencia de que beber dos litros de agua a diario era casi obligatorio para una vida sana

Imagen creada con IA

Sin sustento científico: La regla de los dos litros u ocho vasos diarios nunca ha sido validada por ningún estudio como norma universal.

California, Estados Unidos.- Por décadas se ha repetido como una ley inquebrantable: hay que tomar dos litros de agua, a diario y sin falta. La consigna está por todas partes: en revistas de salud, en apps que nos recuerdan beber, en botellas con marcas por hora y en consejos que pasan de generación en generación. Y, sin embargo, nunca ha existido un respaldo científico que la convierta en una regla válida para todos.

La ciencia más reciente apunta justo a lo contrario. Un trabajo publicado en la revista ‘Science’, con más de 5 mil 600 personas de 23 países, confirmó que la hidratación es profundamente individual y depende del organismo, del entorno y de lo que hacemos cada día.

El origen del mito se diluye en el tiempo. Varios análisis lo rastrean hasta mediados del siglo XX. Algunos autores lo vinculan con un estudio de 1933 sobre hidratación en animales; otros, con un informe de Estados Unidos de esa misma época que calculaba una ingesta total de 2,5 litros al día, contando el agua que ya viene en los alimentos. Ese detalle crucial se fue perdiendo. Con los años, la idea se simplificó hasta quedar como una orden tajante de beber ocho vasos de agua pura, olvidando que sopas, frutas y verduras aportan una parte importante del líquido que necesitamos.

En 2002, investigadores de la Facultad de Medicina de Dartmouth revisaron décadas de literatura científica y no hallaron un solo trabajo que sustentara la famosa fórmula. El consejo, pese a ello, ya se había instalado como una verdad de sentido común.

En el estudio más completo hasta la fecha es precisamente el publicado en Science participaron 5 mil 604 personas de entre 8 días de vida y 96 años, de 23 países distintos. El equipo, dirigido por Yosuke Yamada, del Instituto Nacional de Innovación Biomédica, Salud y Nutrición de Japón, midió con isótopos la velocidad a la que el agua recorría el cuerpo y era eliminada.

La conclusión fue clara: no hay una cifra universal. La necesidad de agua cambia según la edad, el sexo, la actividad física, la temperatura ambiental y la altitud. Un atleta que entrena en altura pierde infinitamente más líquido que alguien con una rutina sedentaria en una oficina con aire acondicionado. Aplicar la misma meta a ambos no tiene sentido.

Entonces, ¿cuánto hay que beber?

Nadie discute que el agua es vital. Podemos sobrevivir solo unos pocos días sin reponer líquidos y una buena hidratación es esencial para que todo el cuerpo funcione. La pregunta no es si hay que hidratarse, sino si existe una cantidad exacta y obligatoria para todo el mundo. La evidencia dice que no.

Los mismos investigadores aclaran que, en condiciones normales, tomar dos litros de agua no hace daño. Tampoco hay un tope máximo estricto, porque el cuerpo elimina el sobrante por orina y sudor. El riesgo aparece solo en situaciones excepcionales, cuando ese exceso no se puede expulsar y se produce hiponatremia, es decir, una caída peligrosa del sodio en sangre.

A falta de un número mágico, lo más fiable es escuchar al cuerpo. La sed sigue siendo el mejor aviso, aunque con la edad se vuelve menos perceptible, lo que deja a los adultos mayores más vulnerables a la deshidratación, sobre todo si toman fármacos diuréticos.

Otra guía práctica, simple y sin costo, es el color de la orina: un amarillo pálido suele reflejar una hidratación adecuada; un tono más oscuro o ámbar indica que hace falta beber más. También hay que estar atento a señales como fatiga, mareo o sequedad marcada en boca y piel.

Y, en contra de lo que se creyó por mucho tiempo, el café y el té, si se consumen con moderación, sí suman al balance diario de líquidos y no deshidratan.

Un mito que se resiste a morir

¿Por qué sigue tan vivo el dogma de los dos litros de agua? Por su simplicidad. Es fácil de recordar, fácil de repetir como consejo universal y, además, ha sido impulsado por intereses comerciales como el del agua embotellada. Tanto es así que incluso muchos profesionales de la salud lo siguen recomendando sin revisarlo.

Para John Speakman, de la Universidad de Aberdeen y coautor del estudio de Science, es probable que el error esté en el cálculo inicial: las estimaciones del siglo pasado no descontaron el agua que aportan los alimentos ni contemplaron la variabilidad entre individuos.

El consenso actual es contundente: hidratarse es indispensable, pero encasillarse en ocho vasos diarios es una simplificación excesiva. Más que perseguir una cifra heredada, la mejor estrategia que respalda la ciencia es prestar atención a las señales del propio organismo. (El Heraldo de Saltillo)

 

https://www.science.org/doi/10.1126/science.abm8668