
Confianza, escucha, rutinas y acompañamiento también deberían formar parte de la lista para el regreso a clases. Cuatro especialistas de Geniokids comparten las claves para ayudar a los niños a enfrentar esta transición
El regreso a clases suele comenzar en las tiendas: libretas nuevas, uniformes, zapatos, mochilas y todo lo necesario para arrancar un nuevo ciclo escolar, sin embargo, mientras los padres revisan listas de útiles, existe otra preparación que no cabe en ninguna mochila: la emocional.
Para un niño, volver a la escuela puede significar retomar horarios, separarse nuevamente de sus padres, reencontrarse con compañeros, enfrentar nuevos aprendizajes o adaptarse a cambios que, aunque para un adulto parezcan pequeños, pueden representar un reto importante.
El equipo del Centro Educativo Geniokids integrado por Cristy Esquivel, especialista en el Proceso de Enseñanza; Paty Willars, Especialista Comunicación y Lenguaje; Alina de la Peña, Especialista en Atención Intelectual y Neurodivergente; y Yesica Reyna, Psicóloga; coinciden en que la preparación para el regreso a clases debe contemplar al niño de manera integral, tomando en cuenta no solamente sus conocimientos académicos, sino también sus emociones, comunicación, seguridad, rutinas y la manera en que enfrenta los retos. En entrevista abordaron desde diferentes áreas los desafíos que puede representar el retorno a las aulas.

PREPARARSE VA MÁS ALLÁ DE SABER LEER O ESCRIBIR
Uno de los primeros errores al hablar del regreso a clases es pensar que un niño está preparado únicamente porque domina determinados conocimientos o habilidades académicas. La realidad, explican, también pasa por saber cómo se encuentra emocionalmente, si ha recuperado sus horarios, cómo enfrenta los cambios y si cuenta con herramientas para desenvolverse nuevamente dentro de la dinámica escolar.
Un niño puede conocer contenidos y tener listas sus habilidades académicas, pero experimentar miedo, inseguridad o preocupación ante el regreso. Por ello, la preparación emocional debe comenzar antes de cruzar nuevamente la puerta de la escuela.
Hablar con los hijos sobre lo que ocurrirá, anticipar los cambios, escuchar sus dudas y transmitirles confianza son algunas de las estrategias recomendadas, no se trata de eliminar por completo los nervios, sino de enseñarles a enfrentar aquello que les genera incertidumbre.
LA ADAPTACIÓN TAMBIÉN NECESITA TIEMPO
Para algunos niños, regresar a clases será prácticamente automático; para otros, las primeras semanas pueden estar acompañadas de llanto, resistencia o dificultades para retomar la rutina. Ante estos escenarios, la recomendación es evitar interpretar inmediatamente estas reacciones como un problema, la adaptación es un proceso que puede requerir tiempo y acompañamiento.
Mantener horarios claros, establecer rutinas y procurar despedidas breves y seguras puede ayudar a que el niño transite por este periodo con mayor confianza. También resulta importante que los adultos manejen sus propias preocupaciones, pues la ansiedad de los padres puede transmitirse a los hijos.
Si las dificultades de adaptación se vuelven intensas, permanecen durante un periodo considerable o comienzan a afectar de manera importante el bienestar del menor, las especialistas recomiendan establecer comunicación con la escuela y buscar orientación profesional.

COMPARAR NO AYUDA A AVANZAR
En el intento de motivar a sus hijos, algunos padres pueden recurrir a comparaciones: señalar que un hermano ya hacía determinada actividad a su edad o que otros niños tienen mayores habilidades, sin embargo, este tipo de comentarios puede terminar afectando la seguridad del menor.
Cada niño tiene procesos y ritmos diferentes, por lo que reconocer sus avances y acompañar sus dificultades resulta más efectivo que establecer comparaciones. También es importante evitar presionarlo excesivamente o ignorar aquello que está sintiendo.
Pedir orientación, señalan las especialistas, no significa que exista algo malo con el niño, puede ser simplemente una herramienta para que los padres comprendan mejor qué necesita y cómo pueden acompañarlo.

CUANDO LA ESCUELA COMIENZA POR PRIMERA VEZ
El desafío puede ser todavía mayor para quienes entrarán por primera vez al preescolar o a la primaria. En estos casos, familiarizar al pequeño con la idea de la escuela puede hacer una diferencia, hablarle sobre lo que encontrará, mostrarle su mochila, preparar juntos algunos materiales y explicarle cómo será la rutina son formas sencillas de reducir la incertidumbre.
También se recomienda evitar presentar la escuela como una amenaza o utilizar frases que puedan generar miedo. El objetivo es que el menor entienda que está por entrar a un espacio nuevo en el que conocerá personas, aprenderá y vivirá experiencias diferentes.
LA AUTOESTIMA TAMBIÉN ENTRA AL SALÓN
El aprendizaje no ocurre de manera aislada de las emociones, la percepción que un niño tiene de sí mismo puede influir directamente en la manera en que enfrenta los retos escolares. Cuando recibe constantemente señalamientos sobre aquello que hace mal, puede comenzar a evitar actividades por temor a equivocarse. Por ello, reconocer sus avances, valorar el esfuerzo y permitirle cometer errores forma parte también del proceso educativo.
La seguridad no significa pensar que todo saldrá bien siempre, sino desarrollar la confianza necesaria para intentar, aprender y pedir ayuda cuando algo resulte difícil.

MÁS QUE REGRESAR A CLASES, REGRESAR ACOMPAÑADOS
Así, mientras las familias preparan mochilas, uniformes y cuadernos, también existe una lista invisible que conviene revisar: ¿cómo se siente mi hijo?, ¿está preparado para retomar su rutina?, ¿qué le preocupa?, ¿qué cambios está enfrentando?, ¿necesita apoyo?
Desde la perspectiva de las especialistas de Geniokids, el regreso a clases no debería plantearse como una exigencia de perfección. La meta es que cada niño vuelva acompañado, escuchado y con las herramientas necesarias para aprender y desarrollarse de acuerdo con su propio proceso.
Porque una mochila completa puede llevar todo lo necesario para el salón de clases, pero la confianza, el escucharlos y el acompañamiento familiar son parte del equipaje que realmente ayuda a un niño a comenzar de nuevo. (MARIANA FALCÓN)
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