
Monterrey, NL.- Conforme avanza la primera semana del regreso a clases en educación básica, las niñas y los niños se van adaptando a los horarios escolares, las tareas, los maestros, los nuevos amigos… pero algunos enfrentan problemas en el camino.
Hay alumnos que viven este cambio con estrés y ansiedad, y aunque sentir nervios por algo nuevo es normal, no lo es cuando se convierte en algo que provoca sufrimiento.
La psicóloga Ana Cervantes, quien trabaja con niños y adolescentes, señala que una de las causas principales por las que los papás llevan a sus hijos a consulta son los cambios de la escuela.
“Ya sea porque van a cambiar a una nueva escuela o en las transiciones de primaria a secundaria, o porque van a tener nuevos compañeros o nuevo maestro”, comenta la especialista.
“Algo que se repite mucho es la incertidumbre de los niños, que aún no aprenden cómo gestionar un cambio, sobre todo por no saber si van a poder lograr el ciclo escolar, pasar las materias”.
También observan el miedo a no hacer amigos, a no ser incluido en el grupo o a quedarse solo. Además, puede haber problemas en casa y presión de los padres por obtener una boleta de 10.
“Cuando papá y mamá se centran en: ‘tienes que sacar 10’ y presumen en las redes, el niño siente la expectativa”, señala Patricia Elizondo, presidenta de la Asociación de Psicólogos Escolares de México (APEMAC).
“Un niño de puros 10 no es un niño perfecto, es un niño que simplemente está presionado”.
Psicólogas escolares coinciden en que, aunque esto siempre ha ocurrido, se observa más en la actualidad. Lo vinculan con los efectos que dejó la pandemia y con el incremento en la visibilidad de la salud mental.
ATENCIÓN A LAS SEÑALES
Si el malestar persiste más allá de dos semanas, puede ser indicador de que los chicos necesitan apoyo. Los padres y maestros deben estar atentos a cambios en su conducta y a nivel emocional.
“Por ejemplo”, dice Cervantes, “niños más irritables, de mal humor, enojados, que todo les molesta. Puede haber mayores episodios de llanto, menor tolerancia a la frustración, no querer hacer cosas que antes sí querían hacer, mayor necesidad de estar cerca de papá o mamá, rechazo a hablar de la escuela”.
En cuanto a lo emocional puede haber preocupación excesiva, miedo, inseguridad y pensamientos negativos.
“O en la adolescencia pueden surgir estos momentos que son más disruptivos de contestarles a los papás”, señala la psicóloga Silvia Yaneth Bazaldúa.
También pueden surgir dolores de estómago y cabeza, náuseas, cansancio, y cambios en el apetito y sueño.
La psicóloga Bazaldúa señala que es importante buscar ayuda cuando estos síntomas afectan la rutina y cuando la contención de parte de padres y maestros no sea suficiente.
“No siempre (se necesita) un lugar terapéutico”, indica, “a veces es que el profesional te dé una estrategia, que valore los síntomas específicos, y esa primera etapa la puede realizar un psicólogo escolar”.
La recomendación a los padres es estar al pendiente de sus hijos para detectar cualquier señal de cambio. En caso de identificar signos, lo principal es acercarse a preguntarles cómo se sienten y escuchar sin invalidar. (El Heraldo de Saltillo)




