
El 2027 ya se asoma bajo la carpa
En política, como en el circo, la función comienza mucho antes de que se abra el telón. Los trapecistas ensayan, los equilibristas calculan cada movimiento, los domadores reconocen a las fieras y, detrás de las cortinas, los empresarios deciden quién ocupará el centro de la pista.
Eso es exactamente lo que comienza a suceder rumbo a 2027.
Y esta vez en Coahuila la función será particularmente interesante: estarán en juego las alcaldías de los 38 municipios y las diputaciones federales. El Instituto Nacional Electoral ya puso fecha al espectáculo: el 6 de junio de 2027 se llevará a cabo la elección.
Pero la batalla que puede levantar más polvo en la pista coahuilense estará en los municipios.
Los actuales ayuntamientos fueron electos en 2024 y la Constitución estatal establece que se renuevan cada tres años. Además, permite la elección consecutiva por un periodo adicional.
Traducido al lenguaje político: hay alcaldes que pueden buscar quedarse otros tres años en el centro de la pista. Y algunos ya están pensando en ello.
Aunque públicamente todos dirán que “los tiempos todavía no llegan”, en el circo político los tiempos nunca llegan: se construyen.
A partir de ahora cada obra, cada programa, cada fotografía, cada recorrido por una colonia y cada resultado de gobierno tendrá también una lectura electoral. Los alcaldes que pretendan reelegirse enfrentarán algo más difícil que ganar una primera elección: deberán demostrar que merecen una segunda oportunidad.
Porque una cosa es prometer desde la campaña y otra muy distinta gobernar con los reflectores encendidos.
Mientras tanto, el PRI llega fortalecido después de la elección de junio. La alianza PRI-UDC ganó los 16 distritos de mayoría relativa del Congreso local y dejó nuevamente constancia de que su estructura territorial sigue siendo una maquinaria electoral difícil de enfrentar.
Es como una manada de elefantes: pesada, disciplinada y difícil de detener una vez que toma rumbo.
Sin embargo, 2027 será otra función.
En el PRI habrá que administrar algo que suele ser más peligroso que la escasez: la abundancia de aspirantes.
Porque habrá alcaldes buscando repetir, funcionarios queriendo convertirse en candidatos, diputados pensando en brincar a otro cargo y personajes que comenzarán a descubrir, repentinamente, una enorme vocación por recorrer colonias, saludar ciudadanos y tomarse fotografías.
Para Morena el reto será demostrar que puede transformar su fuerza nacional en estructura municipal. La elección de junio dejó una distancia considerable frente al PRI en Coahuila, por lo que no bastará con la marca ni con el discurso nacional. Necesitará candidatos competitivos, operación territorial y liderazgos capaces de disputar realmente los municipios.
El PAN tendrá una tarea todavía más complicada después de su duro resultado electoral de 2026: reconstruirse y decidir si puede volver a representar una oposición competitiva en Coahuila.
Movimiento Ciudadano, por su parte, deberá demostrar si puede pasar de la presencia mediática a una estructura capaz de ganar territorio.
Y mientras los partidos acomodan las jaulas, los trapecios y los reflectores, habrá que poner especial atención en los alcaldes.
Porque quienes busquen reelegirse tendrán una ventaja: ya están en la pista.
Pero también cargarán una desventaja enorme: ya no podrán vender esperanza; tendrán que presentar resultados.
En 2027 los ciudadanos no solamente preguntarán quién quiere gobernar.
A algunos les preguntarán algo mucho más incómodo: “Ya gobernaste tres años. ¿Por qué deberíamos darte otros tres?”
Ahí estará una de las verdaderas batallas bajo la gran carpa.
Porque el redoble rumbo a 2027 ya comenzó.
Y como siempre ocurre en el Circo Político, algunos ya están ensayando para quedarse con el acto principal, mientras otros todavía no se dan cuenta de que la función ya empezó.
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