
Pemex: el barril sin fondo de la transformación
Durante años, Morena repitió que Pemex volvería a ser “palanca del desarrollo nacional”. Y vaya que encontraron una palanca: una que sirve para levantar deuda, hundir inversión pública y vaciar las finanzas del país. La empresa que debía rescatar la soberanía energética se ha convertido en un barril sin fondo al que el gobierno arroja dinero público mientras exige a los mexicanos que celebren cada nueva pérdida como si fuera una victoria histórica.
Entre 2019 y junio de 2026, el gobierno federal ha destinado 1.88 billones de pesos a sostener a Pemex mediante aportaciones de capital, estímulos fiscales y apoyos extraordinarios. Solo durante el primer semestre de este año recibió otros 100 mil 400 millones. Ocho años después de iniciado el supuesto “rescate”, la petrolera sigue dependiendo del presupuesto para pagar deudas, cubrir inversiones y mantener sus operaciones.
Eso no es soberanía energética. Es dependencia financiera pagada por todos.
La situación operativa tampoco ofrece motivos para sacar los tamborcitos. Pemex perdió 27 mil 968 millones de pesos durante el primer semestre de 2026, pese a que sus ingresos aumentaron. Mantiene una deuda financiera de 77 mil 500 millones de dólares y adeudos con proveedores por más de 21 mil millones de dólares. Es decir, vende más, recibe dinero del gobierno y aun así pierde. Una hazaña administrativa digna de la Cuarta Transformación.
Dos Bocas, la joya del obradorismo, cumple dos años de operación procesando apenas 141 mil barriles diarios durante junio, menos de la mitad de su capacidad de 340 mil. La obra terminó costando cerca de 16 mil 800 millones de dólares, prácticamente el doble de lo prometido, y todavía necesita otros 11 mil 900 millones de pesos de inversión pública en 2026. La inauguraron varias veces, pero al parecer olvidaron el pequeño detalle de hacerla funcionar como anunciaron.
Mientras tanto, Pemex duplicó la quema de gas natural por falta de infraestructura. Durante el segundo trimestre envió a la atmósfera 778 millones de pies cúbicos diarios, equivalentes al 19% de su producción total de gas. El gobierno dice querer reducir las importaciones desde Estados Unidos, pero Pemex quema una parte sustancial del combustible que produce porque no tiene capacidad suficiente para manejarlo. Así se construye la soberanía energética: importando gas y quemando el propio.
Y todavía falta el huachicol. Las pérdidas por robo de combustible alcanzaron 9 mil 170 millones de pesos entre abril y junio, prácticamente el mismo nivel registrado al final del gobierno de Enrique Peña Nieto. Después de siete años de discursos, operativos propagandísticos y promesas de haber acabado con el problema, el segundo trimestre de 2026 fue el peor para Pemex desde que gobierna Morena.
El daño ya rebasa a la empresa. La inversión física del sector público cayó 7.9% durante el primer semestre, y esa contracción es atribuible enteramente a los hidrocarburos administrados por Pemex: mientras la inversión en otros sectores aumentó 2.9%, la petrolera redujo la suya en 27.3%. Los recursos que deberían financiar carreteras, hospitales, agua potable, seguridad o infraestructura productiva terminan absorbidos por una compañía incapaz de superar sus problemas estructurales.
Pemex no necesita más propaganda ni nuevos cheques en blanco. Requiere transparencia, disciplina financiera, inversión eficiente, rendición de cuentas y una estrategia energética basada en resultados, no en nostalgia ideológica.
Porque una empresa productiva del Estado debe generar riqueza para México, no convertir a México en su eterno rescatista. Después de casi dos billones de pesos en apoyos, pérdidas acumuladas, producción insuficiente, huachicol creciente y obras que no cumplen lo prometido, la pregunta es inevitable: ¿cuánto más tendremos que sacrificar para que Morena siga fingiendo que Pemex ya fue rescatada?




