domingo, agosto 9, 2026
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CUANDO LA MENTIRA SE DISFRAZA DE VERDAD

Con gran tristeza he observado que el mundo hace de la mentira una verdad. Las mentiras son aplaudidas con gran alegría por muchas personas, mientras que la verdad se convierte en un peligro que se oculta tras el engaño. El gran problema es que se transforma en un autoengaño: se dice con tanta seguridad que quien la expresa termina construyéndola en su mente con total convicción, y quien la escucha la acepta. Ocultar la verdad causa graves daños que, cuando finalmente se descubren, ya es demasiado tarde para solucionar o corregir.

Actualmente, abundan las personas deshonestas y sinvergüenzas, porque el engaño les da poder, fama, riqueza o venganza. Son trampas que han destruido países, cobrado vidas y provocado fraudes de todo tipo: propiedades, herencias, dinero, entre otras. Lo preocupante de esta situación es que se está normalizando: al mentiroso se le aplaude y al que dice la verdad se le desaparece o silencia.

En la literatura existen una gran cantidad de casos de engaño.  Ahora que está de moda la película “La Odisea”, donde se describe la historia del caballo de Troya, en la que los griegos engañaron a los troyanos ofreciéndoles como regalo un enorme caballo de madera, dentro del cual se escondieron. Por la noche, mientras dormían los troyanos, los griegos salieron sin hacer ruido, masacraron a la población y sometieron al pueblo troyano.

En la cultura popular se tienen dos refranes populares: “la mentira tiene las patas cortas” y otro dice “antes se coge al mentiroso que al cojo”. En el primero se dice que la mentira no puede llegar lejos; tarde o temprano se descubre. El segundo indica que es fácil descubrir a alguien que miente, porque tiende a contradecirse o equivocarse.

Se oculta la verdad por diversas razones: ambición, deseo de hacer daño, obtener beneficios, necesidad de encajar en un grupo o para evadir consecuencias negativas. Desde mi punto de vista, la mayoría de las mentiras piadosas no son realmente necesarias: se dice que se usan para no dañar, pero casi siempre la dolorosa realidad termina saliendo a la luz. Sin embargo, reconozco que existen casos límite, como ocultar temporalmente a alguien una grave enfermedad, donde la mentira puede tener una intención genuinamente compasiva. Aun así, considero que esta es la excepción y no la regla: en la mayoría de los casos, se recurre a la mentira simplemente para evitar problemas o situaciones complicadas, y al final, se distorsiona la realidad en beneficio de quien miente.

Las personas que suelen engañar presentan cambios repentinos en su forma de hablar y de actuar: algunas muestran nerviosismo, dan respuestas vagas e imprecisas, desvían la atención, hablan más alto y su postura corporal las delata. La psicología a estudiado a las personas que mienten con frecuencia, estas suelen utilizar patrones como la mitomanía, un trastorno del comportamiento que impulsa a la persona a mentir de forma compulsiva y patológica y sin motivo aparente. Lo evidente es que el engaño, al ser descubierto, genera desconfianza.

Lo invito a no fomentar la mentira. Cuando sospeche de un engaño, es necesario en primer lugar mantener la calma, pedir datos concretos y argumentos sólidos, hacer preguntas estratégicas. También conviene analizar las razones que impulsan a la persona a mentir y evaluar el tamaño del impacto que provoca ese engaño. Si queremos tener un mundo mejor, es necesario combatir la mentira, promover y aplaudir con gran fuerza a la honestidad, sobre todo en la familia. Tenemos el ejemplo del gran filósofo Sócrates, a quien le costó la vida, porque prefirió ser fiel a sus principios. Ya lo decía Adolf Hitler: “Las grandes masas sucumbirán más fácilmente a una gran mentira que a una pequeña”. Si no me cree prenda su televisor o cualquier medio de comunicación y me dará la razón.

 

 

 

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Cursó la Licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública en la UNAM. Obtuvo el Grado de Maestra en Psicología Social de Grupos e Instituciones por la UAM-Xochimilco y el Doctorado en Planeación y Liderazgo Educativo en la Universidad Autónoma del Noreste. Cuenta con la Especialidad en Formación de Educadores de Adultos por la UPN; y con los siguientes diplomados: en Calidad Total en el Servicio Público, Análisis Politológico, y en Administración Municipal en la UNAM, entre otros. Ha desempeñado diferentes cargos públicos a nivel Federal, Estatal y Municipal e impartido cursos de capacitación para funcionarios públicos, maestros, ejidatarios en el área de Administración Pública y Educación. Catedrática en la UNAM, UA de C, UVM, La Salle y en la UAAAN. Asesora y sinodal en exámenes profesionales en el nivel licenciatura, maestría y doctorado. Ha publicado varios artículos en el área de administración pública y educación en diferentes revistas especializadas, ha asistido a diferentes Congresos a nivel nacional e internacional como ponente en el área de Administración Pública y Educación, coautora en dos libros. Autora del libro Islas de Tierra firme.