domingo, agosto 9, 2026
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Ante la diabetes y la obesidad, el ayuno como opción

Ciudad de México.- En pleno auge de los medicamentos que regulan el metabolismo de la glucosa y el apetito, algo tan básico como el ayuno destaca como una alternativa efectiva y mucho más al alcance de cualquiera.

No se trata de una mera idea al aire, sino de una práctica con larga historia y que continúa sumando sustento científico, a favor de la cual se pronuncia el propio presidente de la Federación Internacional de Diabetes (IDF, por sus siglas en inglés), el médico internista alemán Peter Schwarz.

«Si pensamos en la intervención más ética, más accesible y más disponible para curar la diabetes en todo el mundo, es la actividad física y el ayuno. No cuesta ni un centavo», remarca en entrevista Schwarz, recientemente de visita en México para participar en el Congreso Internacional de Obesidad (ICO).

«Por supuesto, los medicamentos son buenos, pero también tenemos la oportunidad de tomar esto en nuestras propias manos, y creo que es algo muy prometedor () Hay información muy esperanzadora sobre el ayuno como alternativa», agrega el académico de la Universidad Técnica de Dresde, especialista en la prevención y tratamiento de la diabetes.

A nivel mundial, los llamados agonistas de los receptores del péptido-1 similar al glucagón (GLP-1) se han posicionado como la principal opción farmacológica para el tratamiento de la diabetes y la obesidad.

Es el caso de la semaglutida, molécula desarrollada para el control de la glucosa, pero de la que pronto se descubrió que también servía para la reducción de peso; es el principio activo del famoso Ozempic y también de Wegovy, ambos fabricados por la farmacéutica danesa Novo Nordisk.

La compañía estadounidense Eli Lilly a su vez sumaría a los estantes Mounjaro, dirigido a mejorar los niveles de azúcar en la sangre de adultos con diabetes mellitus tipo 2, y elaborado a partir de la tirzepatida -otro GLP-1-. En tanto que Boehringer Ingelheim recién presumió en el marco del ICO resultados positivos en ensayos clínicos con survodutida para el cuidado de la salud metabólica.

Si bien Schwarz no niega los múltiples beneficios demostrados por este tipo de moléculas, de cuyo valioso mercado las farmacéuticas buscan no quedarse fuera, el principal problema que el especialista observa es la consecuente pérdida de masa muscular, que puede resultar muy perniciosa.

«Las personas usan análogos de GLP-1 durante dos o tres años y no pierden más peso, entonces dejan de tomar el medicamento. E inmediatamente la grasa regresa, pero no el músculo», expone el médico alemán, advirtiendo el riesgo de desarrollar sarcopenia, enfermedad progresiva del músculo esquelético caracterizada por una disminución de la fuerza muscular.

«No quiero decir que los análogos de GLP-1 sean malos, pero hay una gran necesidad médica no cubierta, y es la pérdida muscular», insiste. «Así que, para nosotros como comunidad médica, si en verdad quieres usar GLP-1 de modo ético, tienes que proteger la pérdida de masa muscular en el paciente con diabetes o con obesidad. Y no hay buenos modelos todavía».

El presidente de la IDF incluso refiere una broma que circula en su medio, acerca de que sólo se debería aplicar la inyección de cualquiera de estos medicamentos en un gimnasio.

«La idea es correcta: si se combina la inyección con una cierta cantidad de actividad física, entonces puede funcionar», dice, sugiriendo a sus colegas adecuar las dosis de acuerdo con el impacto en la musculatura.

«Cuanto mayor sea la dosis, mayor será la pérdida de masa muscular. Por lo tanto, usa una dosis media o baja, y combínala con un programa de ejercicio. En el momento en que se pierda masa muscular, debes reducir la dosis de GLP-1».

Es ante tal panorama, y en especial dado lo costoso que resulta sostener el tratamiento con cualquiera de estos medicamentos novedosos, como el ayuno ha atraído la atención de los expertos.

«Dos semanas de ayuno a base de agua tienen un efecto similar al de dos años y medio de tratamiento con Mounjaro. Es increíble, y no se pierde masa muscular», sostiene Schwarz. «En muchos casos, no comer es igual de eficaz o incluso más que este costoso tratamiento. Y, por supuesto, a las compañías no les gusta oír esto».

En su sitio en línea -www.idf.org-, la IDF señala que algunas investigaciones han demostrado que ayunar 16 horas al día y comer en un intervalo de 8 horas puede ayudar a reducir los niveles de glucosa en sangre y a perder peso a corto plazo.

Esto debido a que, según detalla el órgano internacional, en la primera fase del ayuno el organismo moviliza toda la glucosa para obtener energía. Cuando ya no queda glucosa, las células alfa del páncreas producen la hormona glucagón, que se libera en respuesta a un descenso de la glucosa.

El glucagón ayuda a descomponer la grasa, sobre todo en el páncreas, el hígado y las zonas viscerales, creando cetonas para obtener energía; «la forma más eficiente de eliminar la grasa del hígado es el ayuno», asegura Schwarz.

«Con diferentes tipos de ayuno, podrías eliminar la grasa del hígado por completo. Y, en mi opinión, esta es la forma más rápida de mejorar la salud.

«La IDF publicará en abril próximo una guía global sobre el ayuno y la diabetes. Esto supondrá un gran avance», anticipa su presidente.

 

¿Opción para todos?

Pese a sus múltiples beneficios, el ayuno no es recomendable para todo el mundo. Y es que, debido a la naturaleza metabólica de la diabetes, algunos pacientes corren un riesgo especial de sufrir complicaciones por cambios marcados en la ingesta de alimentos y líquidos.

Ayunar con diabetes puede dar lugar a:

-Nivel bajo de glucosa en sangre (hipoglucemia).

-Glucosa elevada (hiperglucemia).

-Deshidratación.

-Cetoacidosis diabética, afección potencialmente mortal.

Antes de iniciar un ayuno, es importante consultar a un profesional médico sobre los riesgos y complicaciones asociados, y crear un plan de gestión del ayuno. Los ajustes de la medicación y el control de los niveles de glucosa también deben formar parte del plan. (AGENCIA REFORMA)