
Pueblos nativos como rarámuris y yaquis participaron en la primera Exposición de Ceremonias Ancestrales, organizada por Viento Solar A.C., donde compartieron con saltillenses parte de sus tradiciones, cosmovisión y formas de preservar su identidad
Para mantener vivas las tradiciones de los pueblos originarios y acercarlas a nuevas generaciones, este viernes se llevó a cabo en el Institute for Creative Networks (ICN), con apoyo del Gobierno Municipal de Saltillo, la primera Exposición de Ceremonias Ancestrales, convocada por la Asociación Civil Viento Solar, con la participación de representantes de comunidades como los rarámuri y yaqui.
Durante el encuentro, los asistentes pudieron conocer expresiones culturales vinculadas con la espiritualidad, los rituales, la música y la organización comunitaria de estos pueblos, en una jornada que buscó mostrar que sus costumbres permanecen vigentes y que su transmisión de generación en generación constituye una forma de preservar su identidad.

El pueblo rarámuri
El pueblo rarámuri, también conocido como tarahumara, habita principalmente en la Sierra Madre Occidental, particularmente en el oeste de Chihuahua, en una región de profundas barrancas y montañas que alcanza entre los dos mil y tres mil metros sobre el nivel del mar. De acuerdo con el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), sus comunidades se encuentran distribuidas en diversos municipios de Chihuahua y comparten territorio con pueblos como los tepehuanos del norte, pimas y guarijíos.
La palabra rarámuri es utilizada por este pueblo para nombrarse a sí mismo y está relacionada con la idea de «corredores a pie»; su lengua pertenece a la familia yuto-azteca y presenta distintas variantes dialectales. Para los rarámuris, la relación con el territorio, la naturaleza y la comunidad forma parte fundamental de su vida cultural y de su cosmovisión.
«Contentos de estar en Saltillo, ya varios años los que hemos asistido en representación de mi cultura que es el rarámuri, que es cuidar la tierra, donde vivimos, lo que seguimos cuidando no de poco tiempo sino de tiempo muy atrás, desde nuestros abuelos, padres, bisabuelos y nosotros seguir el mismo legado de seguir cuidando nuestra tierra, el mundo, donde todos pisamos sin saber qué ha abarcado tiempo atrás», dijo Arturo Martínez González, rarámuri de la comunidad de Chihuahua.
El representante rarámuri señaló que preservar las costumbres también implica mantener vivo el vínculo con quienes ya fallecieron y transmitir esos conocimientos a las nuevas generaciones.
«Hay que seguir el recorrido del otro camino, que es la muerte, para poder seguir cuidando, aunque ya no esté uno en presencia viva sino en presencia del alma y el corazón. Ya se está perdiendo mucho esto, ya la gente de ahora, los chavalos, no entienden lo que es el vivir, ahora está ganando mucho la tecnología, se nos está perdiendo mucho la vivencia humana», expresó.
«Rezamos porque no se pierda más esto, nuestra costumbre, como hemos dicho siempre, esto no va a morir hasta que dejemos de hablar nuestra lengua, nuestro idioma, hay que seguirla, sin esto no existiría nada de esto», manifestó.

Los yaquis
Otro de los pueblos presentes fue el yaqui, originario de Sonora y cuya identidad está estrechamente ligada a la defensa de su territorio, su organización comunitaria y sus tradiciones. El INPI identifica ocho pueblos tradicionales yaquis: Cócorit, Loma de Bácum, Tórim, Vícam, Pótam, Belem, Ráhum y Huirivis; Vícam es considerado un centro político y de encuentro de sus autoridades tradicionales.
Los yaquis se autodenominan yoeme y su lengua, el yaqui o jiak noki, pertenece al grupo cahíta de la familia yuto-azteca. Sus expresiones ceremoniales incluyen música, danzas y personajes rituales como los pascolas y los danzantes del venado, prácticas que forman parte de la identidad cultural de las comunidades. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha documentado también la importancia de estas manifestaciones en las fiestas y rituales yaquis.
«Mi experiencia viene desde abajo, desde niño que participé en mi comunidad como danzante, me nombraron como capitán y como gobernador de la tribu, a mis 20 años entré como capitán; estamos en Hermosillo, Sonora, de allá somos», remarcó Julio César Valenzuela Álvarez.
«Para nosotros esto es algo respetado porque venimos de una jerarquía de familia, de abuelos, de la comunidad. En la comunidad que hay ahí en la ciudad somos como 11, esta comunidad es donde iniciaron las fiestas tradicionales, los rezos», agregó.
La exposición permitió así que Saltillo se convirtiera en punto de encuentro para dos pueblos originarios que, desde contextos distintos, mantienen una preocupación común, que sus lenguas, ceremonias, conocimientos y formas de entender el mundo permanezcan vigentes, no solamente como parte del patrimonio cultural de México, sino como expresiones vivas que continúan transmitiéndose dentro de sus comunidades. (OMAR SOTO)





