
Don Alejandro Fuentes y su hijo, Alejandro Fuentes Quezada, estuvieron a cargo del proceso de restauración de la escultura central de la fuente de la Plaza de Armas en Saltillo
Lo que comenzó con una escultura fragmentada en el piso y una fuente cuyo sistema hidráulico se encontraba inservible, terminó convirtiéndose en un minucioso trabajo de investigación, reconstrucción y restauración que permitió devolver a la Plaza de Armas de Saltillo una de sus piezas más representativas.
El proceso de recuperación de la ninfa que corona la fuente central de este espacio histórico fue expuesto este sábado en el Museo Rubén Herrera, durante la ponencia «La Ninfa Restaurada: Memorial, Historia y Reconstrucción de un Símbolo de Saltillo», en la que participaron el escultor Alejandro Fuentes Quezada y su padre, don Alejandro Fuentes Gil, quienes estuvieron a cargo de los trabajos de restauración. La charla fue moderada por Ariel Gutiérrez Cabello.
Fuentes Quezada explicó que uno de los principales retos fue determinar la manera correcta de reconstruir la pieza, pues además de encontrarla fragmentada, se detectaron intervenciones anteriores que habían generado mayores daños.
«Nos encontramos con los fragmentos regados en el piso y la necesidad de investigar cómo poder restituirla, detectamos que el sistema hidráulico estaba inservible y había otra serie de reparaciones previas que habían causado más daño que bien y entonces tuvimos que viajar en el tiempo, detectar de dónde venía, saber cómo fue hecha para luego replicar esos métodos y aplicarlos a la restauración», relató.

Ninfas hermanas
Los escultores saltillenses tuvieron que recurrir a piezas similares que permitieran conocer con mayor precisión las características originales de la ninfa. En particular, tomaron como referencia una escultura prácticamente idéntica localizada en el Centro Histórico de Morelia, Michoacán, aunque precisaron que existe otra, también similar, en Celaya, Guanajuato.
«Fuimos a documentar la escultura de Morelia, la hermana gemela, tomamos una cantidad de fotografías enorme para poder detectar los detalles», explicó Fuentes Quezada.
La investigación también permitió ubicar antecedentes históricos de la pieza. De acuerdo con el escultor, uno de los registros más antiguos localizados corresponde al catálogo de la Exposición Universal de París de 1867, en el que aparece una versión de la ninfa vinculada con la empresa J.J. Dussel, dedicada a la fundición de ornamentos de hierro.
«Es una pieza, de los registros más antiguos que se encuentran, aunque obviamente fue modelada antes; este registro es el catálogo de la Exposición Universal del 67 de París, donde se ve un registro gráfico de una versión de la ninfa, de una empresa que se llamaba J.J Dussel, que era una fundición de ornatos de hierro fundido, que fue la que fabricó finalmente la pieza que tenemos nosotros aquí», detalló.
El trabajo también requirió reproducir elementos que se habían perdido con el paso de los años. El objetivo, remarcó Fuentes Gil, no era solamente completar físicamente la escultura, sino conseguir que las nuevas partes se integraran de tal manera que no rompieran con la apariencia original.
«Se van perdiendo algunos elementos, nosotros tuvimos que adecuarlos a la misma fuente; hicimos un estudio muy preciso de todo eso para que los elementos nuevos le dieran la continuidad a la pieza, incluso que ni se detectaran esos injertos o cosas que tuvimos que poner. Estuvo muy divertido, un rompecabezas muy sui generis», dijo.
Manos a la obra
El plan de trabajo contempló distintas etapas, entre ellas la limpieza de la pieza, la reconstrucción de los fragmentos, la fabricación y diseño de una estructura interna capaz de soportar el conjunto escultórico, el rectificado de las uniones, el acabado y, finalmente, la instalación.
La intervención fue necesaria luego de que la ninfa resultara dañada por el tubo de un pino navideño monumental colocado en la Plaza de Armas. El accidente ocurrió en enero de 2013 y afectó principalmente a la escultura, aunque los trabajos posteriores abarcaron también el resto de la fuente.
«Se trata de la ninfa que fue dañada por el tubo de un pino navideño monumental hace más de 10 años, esa pieza se dañó en enero del 2013 y todo el proceso de la restauración, desde catalogar los fragmentos, evaluar el daño, la extensión del daño, la propuesta, que la autorizó el INAH y el INBA, todo el procedimiento y la reinstalación de todo el conjunto escultórico, porque aunque el daño mayor lo sufrió la ninfa, también intervenimos el resto de la fuente, nos llevó más de un año; en junio del siguiente año fue cuando se reinstaló la fuente finalmente», recordó el escultor de 49 años.
Así, la restauración de la ninfa no sólo implicó reconstruir una escultura dañada, sino recuperar parte de la historia material de uno de los espacios públicos más emblemáticos de Saltillo, a partir de la investigación de sus antecedentes, la comparación con sus «hermanas gemelas» y la aplicación de técnicas que permitieran respetar, hasta donde fuera posible, la forma en que la pieza fue concebida y fabricada originalmente. (OMAR SOTO)






