jueves, agosto 27, 2026
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SALTO DE LETRA

Edad

La edad trae consigo sus mieles y también sus hieles. Como afirmó Cicerón el sabio abogado romano; “los hombres son como los vinos, la edad agria los malos y mejora los buenos”. En México la edad promedio ha tenido un incremento significativo en los últimos 50 años. Durante la década de los setentas la edad promedio en el país era menor a los 20 años. En el año dos mil la edad media a nivel nacional era de 22 años, 26 años en el 2010, ya en el 2020 alcanzamos los 29 años y actualmente estamos en 30 años. Aun así somos de los jóvenes, en el mundo la edad promedio está llegando a los 32 años. Las causas de este envejecimiento son evidentes, una menor natalidad que expresa menos infantes y un aumento en la esperanza de vida para nuestro país, actualmente en 75.5 años. El fenómeno es interesante porque las características fundacionales de muchas instituciones conservan la visión de los setentas.

Con la edad pasamos de preguntarnos quién es quién, a preguntarnos quién es él, la reflexión inicial consiste en entender que la edad tiene otros méritos y beneficios que la juventud que la pensamos eterna. Ya no trabajamos por el proyecto ahora lo es el propósito, se atiende el detalle y sobre todo empieza un anhelo por transmitir, que es la antesala del trascender.

Este desarrollo demográfico nos debe orientar a nuevas políticas públicas y una cultura que acepte y reconozca los desafíos propios de la edad. Mucho de nuestro ejercicio y visión pública está fundamentada en una juventud que no acabará. Identificamos las escuelas para la infancia pero no los recursos para la vejez. Lugares públicos y de esparcimiento están pensados para niños y jóvenes, lo que en su momento fue más que justificado ante la gran cantidad de niños, pero ahora no hay espacios propios para la vejez. No hay sistemas educativos andragógicos, que sirven al adulto, no hay políticas, salvo las pensiones en su mayoría, que impacten a un grupo social de edad. Por cierto, la misma presión fiscal que se hizo en las jubilaciones y que terminó por cambiar a todo un sistema de ahorro hoy se reinicia con pensiones a grupos de cierta edad.

La edad promedio de 30 años, aun es una edad altamente laboral, en medio de la toma de decisiones que han de cultivar el futuro, pero ya estamos más lejos de los veintes que de los cuarentas que para muchos es la medianía de la vida. Existen algunas jurisprudencias de la Corte Suprema que ya empiezan a clasificar el concepto de edad avanzada, en edad muy avanzada a fin de otorgar cierta protección necesaria a razón de la merma en las competencias.

Desde las políticas públicas se debe construir algo mayor que la esperanza de adquirir una pensión, es enfrentar la realidad de la merma de fuerzas y también que el trabajo físico sea suplido por la experiencia. No es un tema de formación solamente, es un tema transversal que incluye toda la función estatal. Hagamos para nuestra Nación el escrito bendito que describe como a nuestras lozanias va a seguir el invierno, pero nunca se nos dijo que mayo fuese eterno.