jueves, agosto 27, 2026
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ALGO QUE VALE LA PENA LEER

La muerte de Virgilio

Agradeciendo la recomendación de mi estimado amigo Marco Romero, leí “La muerte de Virgilio” publicada en 1945 por el escritor vienés, Hermann Broch. Virgilio, poeta romano, escribió “La Eneida” durante los últimos 10 años de su vida (29–19 a. C) como una petición hecha por el emperador Augusto para consolidar un mito fundacional que glorificara el nuevo imperio vinculándolo con los dioses (Eneas era hijo de Venus).

Así, la novela de Broch trata sobre las últimas horas de vida de Virgilio, quién a punto de morir y tras un delirio físico y espiritual por la enfermedad suplicó que el manuscrito completo de la Eneida fuera quemado por considerarlo inacabado y sin pulir. Augusto, evidentemente, se negó a ello. De esta forma, la sinfonía literaria de Broch se divide en cuatro movimientos: 1. El Agua-La llegada (crisis de consciencia). 2. El fuego–El descenso (Virgilio desciende a los abismos de su alma). 3. La tierra–La espera (diálogo, arte, ética y la verdad inalcanzable) 4. El aire–El regreso (muerte física de Virgilio y el viaje del alma).

Ahora bien, la obra funciona como una especie de matrioshka rusa. Tenemos de fondo la Eneida. Luego, la historia del propio Virgilio y su filosofía sobre la validez del arte, el derecho a la existencia, el sufrimiento humano o los regímenes totalitarios que intentan corromper la cultura para legitimar su poder. Pero encima está la historia del propio Broch, quien, arrestado por la Gestapo en 1938, concibió la novela mientras esperaba ser ejecutado o trasladado a un campo de concentración. La experiencia de enfrentarse a su inminente final, motivó canalizar su propia angustia en los delirios del famoso poeta romano. ​

“La muerte de Virgilio” es considerada una de las obras cumbre de la literatura modernista del siglo XX, a la altura del “Ulises” de James Joyce o “En busca del tiempo perdido” de Proust. Una obra exigente cuya lectura requiere un considerable esfuerzo intelectual, pero que recompensa con las reflexiones más profundas jamás escritas sobre la muerte, la memoria, el deber moral y el sentido de la creación artística.

En tiempos de monopolio digital y tecnológico, leer un libro, es hacer revolución. Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.