domingo, agosto 16, 2026
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NAVAJA LIBRE

Abrazos que cruzan fronteras

Morena prometió transformar al país y, hay que reconocerlo, en algunos terrenos lo consiguió. Por ejemplo, la vieja política de mantener a los delincuentes lejos de las instituciones parece haber quedado definitivamente superada. Ahora, según las investigaciones periodísticas, los personajes señalados por autoridades financieras como presuntos operadores del crimen organizado pueden acercarse a dependencias estratégicas del Gobierno, trabajar junto con altos funcionarios y, años después, aparecer tranquilamente acompañando proyectos políticos de Morena. “Abrazos, no balazos” terminó adquiriendo un significado bastante más amplio del que imaginábamos.

El caso de Alejandro Enrique Arcos Romero resulta extraordinario. La Unidad de Inteligencia Financiera bloqueó sus cuentas desde febrero de 2021 dentro de la Operación Caribe. Documentos citados por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad señalan que el Departamento de Justicia de Estados Unidos había solicitado congelar activos relacionados con 72 personas y empresas presuntamente vinculadas con la organización criminal encabezada por Florian Tudor. La propia UIF ubicó a Arcos Romero como uno de los principales operadores financieros de aquella estructura y lo vinculó con 14 sociedades presuntamente utilizadas para mover recursos.

Uno supondría que antecedentes de esa naturaleza resultarían, cuando menos, inconvenientes para trabajar en una institución como la Agencia Nacional de Aduanas de México. Pero eso sería pensar con criterios anteriores a la transformación. Arcos Romero llegó a la ANAM durante la gestión de Rafael Marín Mollinedo entre diciembre de 2022 y junio de 2023. Funcionarios y extrabajadores lo identificaron como alguien del círculo más cercano del entonces titular; documentos oficiales incluso lo registraron como director general adscrito a la institución. Todo esto ocurrió después de que sus cuentas habían sido bloqueadas y de que las autoridades mexicanas conocían los señalamientos en su contra.

Y la historia mejora. Arcos Romero nunca fue detenido por estos señalamientos y hoy aparece acompañando a Marín Mollinedo en actos relacionados con su aspiración a obtener la candidatura de Morena al Gobierno de Quintana Roo. Estuvo en eventos públicos y en el registro del aspirante al proceso interno; además presentó ante el IMPI la solicitud de registro de la marca “Rafa Marín” como representante legal del propio Marín Mollinedo. Es decir, el personaje pasó de ser señalado como presunto operador financiero de una organización internacional a moverse entre Aduanas y la política morenista con una naturalidad verdaderamente digna de estudio.

Pero todavía falta otro capítulo. Araceli Hernández Perea, exdirectora de Recursos Materiales de Aduanas durante las gestiones de Horacio Duarte y Rafael Marín Mollinedo, constituyó posteriormente en Texas dos empresas junto con Arcos Romero. Durante su paso por la ANAM tuvo responsabilidades sobre contrataciones multimillonarias en áreas sensibles, incluidos equipos de inspección mediante rayos X. Después adquirió una residencia en San Antonio valuada en alrededor de un millón de dólares. La investigación señala, además, que había llegado a Aduanas con una orden de aprehensión derivada de un asunto anterior, aunque ésta terminó cancelándose por prescripción del delito.

Naturalmente, Morena ya encontró la defensa perfecta: decir que Arcos Romero no es militante del partido y exigir que las fiscalías investiguen. Qué alivio. El problema, aparentemente, no sería que un personaje previamente señalado por la UIF llegara a una dependencia estratégica del Estado y después acompañara políticamente a uno de sus antiguos jefes. El problema sería únicamente revisar si llenó o no una ficha de afiliación.

Aquí nadie puede afirmar responsabilidades penales que no hayan sido acreditadas ante un juez. Pero políticamente las preguntas son inevitables: ¿quién permitió su llegada a Aduanas?, ¿qué controles fallaron?, ¿qué sabía Rafael Marín Mollinedo de los antecedentes de su colaborador?, ¿por qué la relación continúa después de las revelaciones?, ¿y por qué cuando aparecen estos vínculos la respuesta de Morena consiste siempre en minimizar, deslindarse y esperar que el escándalo se olvide?

Durante años nos dijeron que los abrazos servirían para pacificar México. Lo que estamos viendo es algo distinto: delincuentes y personajes señalados por vínculos criminales que aparecen cada vez más cerca del poder, de las instituciones y de las campañas políticas.

Quizá el problema nunca fueron los abrazos. El problema es descubrir a quiénes estaban abrazando.