
Londres, Inglaterra.- Una alimentación cetogénica, basada en un consumo muy elevado de grasas y una restricción severa de carbohidratos, podría tener un efecto inesperado: disminuir las ganas de beber alcohol. Así lo sugiere un estudio reciente publicado en la prestigiosa revista ‘Neuropsychopharmacology’.
La investigación fue realizada en modelos animales y aporta pistas novedosas sobre la relación entre metabolismo, cerebro y adicción. Los científicos trabajaron con ratones con dependencia al alcohol y observaron que aquellos machos que seguían una dieta cetogénica reducían de forma significativa su ingesta de alcohol durante la fase de abstinencia. Es decir, cuando volvían a tener acceso al alcohol tras un periodo sin consumir, bebían menos que los ratones con una dieta normal.
Un dato llamativo es que este efecto protector sólo se observó en machos. En las hembras sometidas al mismo régimen cetogénico no se registró una disminución del consumo, lo que sugiere que existen diferencias biológicas ligadas al sexo que modulan la respuesta a la dieta y que deberán ser estudiadas con mayor profundidad.
Pero el estudio no sólo analizó el comportamiento, sino también lo que ocurre dentro del organismo. Los investigadores encontraron que la dieta cetogénica altera por completo la forma en que el cuerpo procesa el alcohol.
Los ratones en cetosis lo metabolizaban mucho más lento. Tras ingerir la misma dosis, presentaban concentraciones de alcohol en sangre más altas y durante más tiempo en comparación con los animales que seguían una alimentación estándar.
Este fenómeno estaría explicado por dos mecanismos principales:
- Menos enzimas para degradar el alcohol: Se detectó una reducción de una enzima hepática clave encargada de descomponer el etanol en el hígado.
- Un cambio de combustible en el cuerpo: Al entrar en cetosis, tanto el hígado como el cerebro dejan de depender de la glucosa como fuente principal de energía y comienzan a utilizar cuerpos cetónicos. Esa reconfiguración metabólica afectaría la eficiencia con la que se elimina el alcohol.
Para los autores, estos hallazgos son prometedores y podrían abrir una nueva vía complementaria para el tratamiento de los trastornos por consumo de alcohol, una condición que actualmente cuenta con opciones terapéuticas limitadas y altas tasas de recaída. La dieta cetogénica, que ya se utiliza bajo supervisión médica en casos de epilepsia resistente y se investiga para otras afecciones neurológicas, podría convertirse en un apoyo nutricional dentro de un abordaje integral.
Sin embargo, los propios investigadores llaman a la cautela. Al tratarse de un estudio en ratones, los resultados aún no son extrapolables a humanos y se requieren ensayos clínicos para confirmar si el efecto se mantiene. Además, advierten de un posible riesgo: si el alcohol se metaboliza más lentamente, una persona en dieta cetogénica podría intoxicarse más y durante más tiempo con la misma cantidad de bebida, lo que implicaría un mayor riesgo de efectos adversos y de toxicidad.
En conclusión, aunque la dieta cetogénica muestra un potencial interesante para reducir el deseo de beber en ciertos casos, todavía es pronto para considerarla una herramienta terapéutica. Su aplicación debería evaluarse siempre de forma individualizada y bajo control profesional. (El Heraldo de Saltillo)




