
Mario Rodríguez Castillo
El subsuelo como aliado ante el calor extremo
Cada verano, las altas temperaturas obligan a miles de familias, comercios, escuelas y oficinas a depender cada vez más del aire acondicionado. Esta necesidad tiene consecuencias visibles: recibos de electricidad más altos, mayor demanda para la red eléctrica y un incremento en las emisiones asociadas a la generación de energía. Frente a este panorama, vale la pena mirar una fuente de estabilidad que se encuentra bajo nuestros pies: el subsuelo.
A diferencia del aire exterior, cuya temperatura puede cambiar drásticamente entre el día y la noche o entre estaciones, el terreno a pocos metros de profundidad mantiene una temperatura mucho más estable. Esta característica puede aprovecharse mediante sistemas de climatización geotérmica de baja entalpía, especialmente a través de bombas de calor geotérmicas.
Aunque el nombre puede parecer complejo, la idea es sencilla. En lugar de expulsar el calor de una vivienda o edificio hacia el aire exterior —que durante una ola de calor ya está muy caliente—, estos sistemas intercambian energía con el terreno. Durante el verano, el subsuelo recibe parte del calor que se retira de los espacios interiores; durante el invierno, puede aportar energía térmica para calefacción. No se trata de extraer vapor ni de instalar una planta geotérmica tradicional: es una forma eficiente de usar la temperatura constante del suelo.
Esta alternativa puede ser especialmente valiosa en regiones de clima cálido y seco, como varias zonas de Coahuila. Cuando la temperatura exterior aumenta, los equipos convencionales de aire acondicionado deben trabajar con mayor esfuerzo para enfriar los espacios. En cambio, un sistema geotérmico opera con una fuente térmica más estable, lo que puede mejorar su eficiencia y reducir el consumo eléctrico a lo largo del año.
Además del beneficio económico para quienes utilizan los edificios, existe una ventaja social importante. Reducir la demanda de electricidad durante las horas de mayor calor ayuda a disminuir la presión sobre la red eléctrica. Esto es relevante en temporadas de calor extremo, cuando el uso simultáneo de equipos de climatización puede provocar sobrecargas y afectar la continuidad del servicio.
Las aplicaciones de esta tecnología no se limitan a viviendas. Escuelas, hospitales, oficinas, pequeños comercios e instalaciones agrícolas podrían aprovechar soluciones basadas en el intercambio térmico con el subsuelo. En una escuela, por ejemplo, mantener aulas con temperaturas más confortables puede favorecer la concentración y el aprendizaje. En una clínica u hospital, una climatización más eficiente puede contribuir a mantener condiciones adecuadas para pacientes y personal. En el sector agrícola, el control térmico puede apoyar ciertos procesos productivos.
Sin embargo, aprovechar esta oportunidad requiere investigación, planeación y formación técnica. No todos los terrenos tienen las mismas propiedades, y antes de instalar un sistema es necesario conocer factores como la temperatura del suelo, la humedad, el tipo de material geológico y el espacio disponible. Por ello, los estudios de campo y el análisis de datos son fundamentales para diseñar soluciones seguras, eficientes y adaptadas a las condiciones locales.
También es necesario acercar este conocimiento a la sociedad. La geotermia suele asociarse con volcanes o con grandes centrales eléctricas, pero su aplicación de baja entalpía está relacionada con algo mucho más cotidiano: la posibilidad de climatizar edificios usando de forma inteligente el calor almacenado en el terreno. Informar sobre estas alternativas permite que más personas conozcan opciones tecnológicas que podrían ayudar a enfrentar el cambio climático y los periodos de temperaturas extremas.
El calor extremo no desaparecerá de un día para otro, pero sí podemos cambiar la manera en que respondemos a él. El subsuelo representa una fuente de estabilidad térmica disponible en muchas regiones del país. Aprovecharla con responsabilidad puede ayudar a construir edificios más eficientes, comunidades más resilientes y un futuro energético más limpio.
En tiempos en que el calor parece ganar terreno, quizá una parte de la solución esté precisamente en mirar hacia abajo.
Mario Rodríguez Castillo
Doctorado en Ciencias · Universidad Autónoma de Coahuila




