
El jueves pasado fui a una premiación. Se llama Jóvenes Gigantes, el Premio Estatal de la Juventud, y este año participamos más de 1,400 jóvenes de todo Coahuila en categorías distintas. Tuve el enorme privilegio de llevarme el primer lugar estatal en la categoría de emprendimiento. Y me encantaría decirles que de eso se trata esta columna. Pero no del todo. Lo que me traje esa noche fue otra cosa.
Antes y durante la premiación tuve oportunidad de conocer a varios de los finalistas. Éramos tres por cada categoría. Apenas 36 jóvenes entre más de 1,400 participantes. Una muestra chiquitita. Pero vaya muestra.
Había jóvenes haciendo cosas completamente distintas. Emprendiendo, estudiando, compitiendo, creando, investigando, trabajando por sus comunidades, por el medio ambiente, por la inclusión, por la cultura.n Cada uno en su cancha.
Y mientras los veía pensé algo: en Coahuila los jóvenes vamos en serio. Suena medio trillado eso de que “los jóvenes somos el futuro”. Nos lo dicen desde la primaria. Pero creo que ahí está el error. Muchos de estos jóvenes no están esperando a convertirse en el futuro. Ya están haciendo cosas hoy.
Esa misma noche tuve oportunidad de platicar unos minutos con el gobernador Manolo Jiménez y le pedí permiso para robarle una frase. Bueno…Tomarla prestada. Porque creo que empezar diciendo que le robé algo al gobernador no sea la mejor estrategia editorial.
La frase seguramente muchos la conocen: “Ni por la izquierda ni por la derecha. Puro pa’ delante.” Y antes de que alguien saque la camiseta, la bandera o empiece a repartir credenciales: No estoy escribiendo de partidos. Ni de elecciones. Ni pretendo utilizar la frase para decirle a nadie cómo tiene que pensar. De hecho, me interesa precisamente sacarla de ahí. Porque creo que tiene muchísimo sentido para una generación a la que le ha tocado crecer en una época donde parece que para todo tenemos que escoger bando.
Izquierda o derecha. Conservador o progresista. Empresario o trabajador. Gobierno u oposición. Capitalismo o socialismo. Messi o Cristiano. Bueno, esa última sí está complicada.
Pareciera que antes de escuchar lo que alguien piensa necesitamos saber de qué lado está. Y ojo. Tampoco creo en ese discurso romántico de que todos tenemos que pensar igual, abrazarnos y estar de acuerdo en todo. Qué flojera. Tener convicciones importa. Discutir importa. No estar de acuerdo importa muchísimo.
De hecho, muchas de las mejores ideas aparecen justo cuando dos personas ven el mismo problema de maneras completamente diferentes. El problema sale cuando nuestra identidad depende más de estar en contra del otro que de construir algo propio. Cuando el pleito se vuelve el proyecto. Cuando ganar la discusión importa más que resolver el problema. Ahí sí tenemos bronca.
Podemos discutir por años quién debería jalar hacia la izquierda y quién hacia la derecha… Por eso me gustó tanto esa frase. Creo que nuestra generación tendría que preguntarse menos hacia qué lado quiere jalar y un poquito más: ¿cómo vamos hacia adelante? Cómo hacemos mejores empresas. Cómo construimos mejores comunidades. Cómo cuidamos el medio ambiente. Cómo hacemos mejor ciencia. Cómo generamos oportunidades. Cómo hacemos cultura. Cómo competimos.
Cómo ayudamos. Cómo dejamos algo mejor para el que viene atrás.
Y justamente, las 12 categorías de Jóvenes Gigantes me parecieron una muy buena representación de eso. No existe una sola manera de aportar. El que emprende aporta. El que investiga también. El que compite en una cancha. El que trabaja por una causa social. El que crea. El que estudia. El que protege. El que enseña. Todos desde su trinchera.
Y estoy segurísimo de que, si sentáramos a los 36 finalistas alrededor de una mesa a hablar de México, de política, de economía o de cualquier tema complicado, probablemente en diez segundos ya habría diferencias.
Qué bueno. No necesitamos una generación que piense igual. Necesitamos una generación que, incluso pensando diferente, sea capaz de construir junta. Por eso también agradezco profundamente que existan este tipo de convocatorias. Porque reconocer importa. Pero encontrarnos importa aún más.
Y quiero decirlo con mucho cuidado: Escribo esto desde el agradecimiento, no desde el podio. Un premio no da autoridad para darle lecciones a nadie. Apenas me dio una silla privilegiada para conocer una pequeña muestra de todo el talento que existe en Coahuila. Y eso…. me emociona muchísimo.
Tengo la sospecha de que dentro de 5 o 10 años vamos a volver a encontrarnos varios de esos nombres. Dirigiendo empresas. En laboratorios. En escenarios. Representando al estado. Encabezando causas. Creando empleos. Resolviendo problemas que hoy ni sabemos que existen. Y alguno dirá: “Mira nomás. Ahí andaba esa noche.
Podremos pensar distinto. Podremos discutir. Podremos venir de lugares completamente diferentes. Y qué bueno. Pero si algo me dejó esa noche es la certeza de que los jóvenes de Coahuila vamos en serio. Y que, por lo menos en eso, podemos dejar de preocuparnos un rato por ir hacia la izquierda o hacia la derecha. Tenemos demasiado por hacer. Puro pa’ delante.




