
Cobijas para los policías
En esta ocasión te platico una historia del frío y de policías que sucedió no hace mucho tiempo, precisamente aquí en nuestra hermosa ciudad de Saltillo.
Era el invierno de 1952, transcurría el mes de diciembre cuando el frío era de aquellos fríos que hacían aquí en Saltillo, de esos fríos que calaban, que congelaban hasta los huesos. Nuestra ciudad era pequeña, pero por supuesto que ya era hermosa, en ella habitaban poco más de 55 mil saltillenses, pero los guardianes del orden eran pocos y las patrullas mucho menos, pues sólo era cuatro, siendo una de ellas la famosa “Julia”. Por cierto, estimada y estimado Saltillense, aunque el maestro Juan Campos me ponga a trabajar de más, debo decirle que la historia de la Julia, sí la de la patrulla, bien merece una cápsula Sarapera, pero volvamos a la historia de los policías y del frío.
La jornada de los oficiales de la policía iniciaba en ocasiones, no siempre, puntualmente a las 7 de la mañana haciendo rondines. Por supuesto, la mayoría de la muy reducida fuerza del orden Saltillense recorría las calles, colonias, barrios y callejones caminando, motivo por el cual el ayuntamiento, que era dirigido por Carlos Valdés Villarreal, decidió de manera muy acertada comprar cobijas para el uso laboral de los policías Saltillenses.
Quien fuera el síndico del ayuntamiento, el señor Félix Cortés, dio aviso a la comunidad de dicha acción, la cual en realidad puso muy contentos a los guardianes del órden, de hecho, la declaración de un oficial de la policía fue y cito textual: “Ya era hora de que las autoridades nos brindaran el apoyo, ya que en ocasiones nuestro trabajo comienza a las siete de la mañana y hay mucho frío. A veces uno anda cargando la cobija de la casa y las personas se burlan de nosotros porque no nos creen que somos policías». Imagínese que además de utilizar la cobija de la casa, corriendo el riesgo de que dejaran descobijada a la esposa, los Saltillenses de aquella época todavía dudaban de que si el policía era policía por el hecho de llevar una cobija.
Ya me imagino a los policías recorriendo la ciudad cargando o abrigados con su cobija, que por supuesto era de lana adornada a cuadros, persiguiendo a algún delincuente, pero eso sí bien calientito, aunque insisto, haya dejado a la mujer titiritando de frío.
Las cobijas que se adquirieron se compraron con dinero, no vaya a creer que fue de las arcas municipales, sino por medio de una coperacha, sí de una cooperación entre los trabajadores de la Secretaría del Ayuntamiento y del departamento de Inspección de la Policía de Saltillo.
Esta es una historia en la que aparecen las fuerzas del orden Saltillenses, pero sobre todo una historia en la cual una vez más se muestra la solidaridad de los Saltillenses, la cual en esta ocasión se vio reflejada en cobijas para quitarle el frío a los policías.




