domingo, julio 26, 2026
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Plan México: eliminado en fase de grupos

Durante el Mundial, los promotores de la Selección Mexicana construyeron una campaña alrededor de una pregunta tan sencilla como optimista: “¿Y si sí?”. La frase buscaba alimentar la esperanza de que, esta vez, México podía romper la maldición, superar sus límites y competir de verdad por algo importante.

El problema fue que la realidad, como acostumbra, terminó contestando: “otra vez no”.

Con el Plan México está ocurriendo exactamente lo mismo. El gobierno federal lo presentó como la gran estrategia para impulsar la inversión, desarrollar infraestructura, aprovechar la relocalización de empresas y colocar al país entre las economías más competitivas del mundo. Hubo discursos, reuniones, anuncios, mesas de coordinación, ventanillas de facilitación y una alineación ofensiva llena de promesas.

Pero cuando llegó el momento de jugar, el equipo no apareció.

La meta emblemática del Plan México era lograr que la inversión alcanzara el 25 por ciento del Producto Interno Bruto durante 2026. Sin embargo, los datos correspondientes al primer trimestre la ubicaron apenas en 21.2 por ciento. La diferencia equivale aproximadamente a 1.35 billones de pesos. Para cerrar esa brecha, la inversión tendría que crecer casi 18 por ciento adicional sobre lo que realmente se registró. Nada más. Un pequeño milagro económico que, seguramente, el oficialismo piensa resolver con otra conferencia de prensa.

La trayectoria resulta todavía más preocupante. La inversión alcanzó 24.5 por ciento del PIB al cierre de 2024, impulsada principalmente por el gasto público de la administración anterior. Después comenzó el descenso: 22.7 por ciento en el primer trimestre de 2025, 22.3 en el segundo, 22 en el tercero y, tras una recuperación temporal, nuevamente una caída al iniciar 2026. El nivel actual es el más bajo desde 2021, cuando la economía todavía sufría las consecuencias de la pandemia.

En términos futbolísticos, el Plan México recibió el balón frente a la portería y decidió regresarlo hasta su propio arquero.

La inversión privada, que representa casi 85 por ciento de la inversión total, cayó 5.6 por ciento anual en términos reales. Es decir, el jugador que debía cargar con el equipo abandonó la cancha. Y no lo hizo por falta de patriotismo, como seguramente explicarán los propagandistas, sino porque el gobierno se ha encargado de deteriorar el clima de negocios.

Los capitales necesitan certeza, reglas claras, energía suficiente, agua, infraestructura, seguridad y tribunales confiables. Morena les ha ofrecido incertidumbre regulatoria, retrasos en sectores estratégicos, recortes presupuestales, inseguridad y una reforma judicial que convirtió la impartición de justicia en concurso de popularidad.

Después se preguntan por qué nadie quiere invertir.

Los polos de desarrollo tampoco avanzan al ritmo prometido. La falta de infraestructura energética e hidráulica, el rezago logístico y la ausencia de reglas previsibles han frenado proyectos. A ello se suma la restricción presupuestaria: el gobierno necesita reducir el déficit que él mismo ayudó a inflar y, por tanto, ya no cuenta con recursos suficientes para sostener la inversión pública que el plan requiere.

Así, el Plan México quedó atrapado en una contradicción extraordinaria: necesita inversión pública, pero el gobierno recorta; necesita inversión privada, pero el gobierno espanta a los inversionistas.

Eso sí, narrativa no falta. La administración insiste en que todo marcha bien, que existen compromisos empresariales y que el país está aprovechando una oportunidad histórica. Es la misma vieja transmisión del partido donde México pierde por tres goles, pero los comentaristas oficiales aseguran que domina la posesión del balón.

El “¿Y si sí?” económico terminó convertido en un “otra vez no”. No porque México carezca de talento, recursos o ubicación estratégica, sino porque Morena confunde los planes con los resultados y la propaganda con la confianza.

El Plan México no está cerca de las finales. Ni siquiera logró superar la fase de grupos.

Y mientras el gobierno celebra sus pases laterales, la inversión, el crecimiento y la competitividad ya hicieron las maletas y abandonaron el estadio.