viernes, octubre 23, 2026
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LA VERDAD OCULTA

 Sé fiel a ti mismo

Polonio, en Hamlet

La psicología ha demostrado que las personas podemos reconocer una experiencia emocional o sentimental e ignorar los procesos que la produjeron. También podemos construir explicaciones sobre nuestra conducta creyendo que conocemos nuestras verdaderas motivaciones, aunque esas explicaciones tiendan, paradójicamente, a ocultarlas, sobre todo para nosotros mismos, porque no deseamos que se sepan nuestras intenciones, o porque se trata de algo socialmente inadmisible, como el egoísmo, la envidia, la avaricia, el resentimiento, o porque escondemos aspectos que nos pondrían en posición de vulnerabilidad, como el miedo y la inseguridad.

El respaldo científico específico está en el estudio Telling More Than We Can Know: Verbal Reports on Mental Processes (Diciendo más de lo que podemos saber: reportes verbales de procesos mentales), de Richard Nisbett y Timothy Wilson, quienes encontraron que las personas solemos ignorar qué factores influyen realmente en nuestras decisiones.

Podemos estar convencidos de que amamos a alguien porque deseamos intensamente su presencia, sin reconocer hasta qué punto ese deseo responde a nuestras propias necesidades. Podemos odiar y justificar nuestra hostilidad mediante una extensa descripción de las faltas ajenas, sin advertir nuestra responsabilidad sobre el sentimiento.

Todos contamos con una considerable capacidad para explicar retrospectivamente nuestras reacciones, con narrativas construidas a partir de nuestro agrado o desagrado respecto de lo que sentimos y, aún más, de lo que nos han dicho que debemos o no sentir. Además, claro, las expresamos con una inquebrantable convicción que casi siempre excede lo que realmente sabemos sobre nosotros mismos y la forma en que funcionamos.

Lisa Feldman Barrett, neurocientífica y psicóloga, en su investigación The Theory of Constructed Emotion (La teoría de la emoción construida), explica que el cerebro utiliza experiencias anteriores, conceptos aprendidos y predicciones para dar significado a nuestras sensaciones y construir experiencias emocionales. Es decir, las categorías que aprendemos sobre las emociones influyen en nuestra manera de experimentar e interpretar lo que sentimos.

Aprendemos culturalmente qué emociones y sentimientos debemos tratar de experimentar, celebrar y procurar y cuáles tenemos que evitar, reprimir y condenar, pero sobre todo, cómo debemos hacerlo, aspecto que se centra en creer que circunstancias, situaciones y personas son la causa de lo que sentimos.

Bajo esta creencia subyace otra que ha nos ha mantenido a casi todos en la infancia o, cuando menos, la adolescencia emocional: si en nosotros no existe ninguna responsabilidad sobre lo que sentimos, no podemos modificarlo y, por tanto, no hay nada que entender al respecto. Y así le cedemos el dominio de nuestras propias vidas a los demás.

A la objeción de que siempre hemos vivido así y no por eso hemos dejado de madurar, le diré que una persona madura es aquella capaz de tolerar sus emociones y sentimientos más intensos, experimentarlos en pleno y transformarlos, lo cual, sí, puede ser aterrador, pero no mata. Para ello se requieren dos cosas básicas: estar presente conscientemente en sus procesos mentales, observar lo que detona sus reacciones, revelarse sus verdaderas motivaciones y aguantar el pánico que le dice: ¡sal de aquí! Al final, todo se esclarece y se remedia.

Cuando todo quede claro podrá ver las grandes confusiones que tenemos sobre nuestras emociones y sentimientos, así como los factores inadvertidos al momento de la experiencia. Primero, el hecho de creer que son lo mismo: la emoción, de carácter momentáneo, es lo que recorre la mente y el cuerpo al momento de la percepción o impacto; el sentimiento, de índole perdurable, involucra un procesamiento mental. Segundo, el de atribuirles bondades y tormentos que no les son propios. Tercero: olvidar que son un proceso bioquímico, producto de la generación de neurotransmisores en nuestro cerebro y hormonas en nuestro cuerpo.

Para hablar de los ejemplos, entender cómo se construyen a partir de las creencias y la bioquímica los malentendidos históricos y desentrañarlos, la semana que viene hablaremos sobre amor, odio y dolor. Tres hermanos de roles intercambiados.

delasfuentesopina@gmail.com