
Durante la reunión de obispos de México y Texas, celebrada en Saltillo, señalaron que el reforzamiento de las deportaciones en Estados Unidos, por orden del presidente Donald Trump, mantiene en condición de vulnerabilidad y miedo a miles de migrantes, incluso a quienes llevan décadas viviendo y trabajando en ese país
El reforzamiento de las políticas migratorias de Estados Unidos por orden del presidente Donald Trump, particularmente las deportaciones de personas que se encuentran en situación irregular, ha generado un ambiente de temor entre comunidades migrantes que viven y trabajan en ese país, señalaron obispos de México y Texas durante una reunión celebrada en Saltillo.
En el marco del encuentro de obispos de la frontera de Texas y México, que se desarrolló del 4 al 6 de septiembre en la Diócesis de Saltillo y que conmemoró 40 años de estas reuniones, los representantes de la Iglesia Católica advirtieron que la aplicación de las actuales políticas migratorias está teniendo efectos especialmente sensibles entre las familias que carecen de documentación completa.
El obispo de Brownsville, Daniel Flores, explicó que si bien ha disminuido considerablemente el número de personas que intentan cruzar la frontera del Río Bravo, la problemática migratoria no ha desaparecido, pues persiste la situación de miles de personas que ya se encuentran establecidas en Estados Unidos.
«Muchos trabajan en nuestras empresas, muchos están trabajando en muchas actividades de las comunidades; algunos que han estado en el país ya por 20 o 30 años. Y estas personas están vulnerables a ser deportadas», expuso.
Agregó que existe incertidumbre entre los migrantes debido a que no siempre es claro bajo qué criterios se determina quién será deportado, situación que, dijo, provoca que muchas personas vivan con miedo incluso al salir diariamente a trabajar.
«En realidad es que todos viven con el miedo de que es una posibilidad saliendo al trabajo y regresando del trabajo a la casa para sostener sus propias familias», señaló.
Ante este escenario, afirmó que la Iglesia Católica mantiene su labor de acompañamiento a los migrantes y sus familias, independientemente de su situación documental.
«Nosotros, en la libertad de la Iglesia, no preguntamos quién tiene documentos para recibir lo que necesita para sostener su vida», expresó el obispo de Brownsville, al señalar que las comunidades eclesiales proporcionan alimentos, agua y techo a quienes lo requieren, particularmente cuando una deportación deja a una familia en condiciones de vulnerabilidad económica.
Por su parte, el arzobispo de San Antonio, Gustavo García Siller, sostuvo que los obispos de México y Texas han manifestado durante años su preocupación por la situación de los migrantes y consideró urgente avanzar hacia una reforma migratoria integral en Estados Unidos.
«Constatamos que la reforma comprensiva de migración no se ha hecho en muchas décadas. Seguimos insistiendo en ello», afirmó.
García Siller consideró que la ausencia de reglas migratorias consistentes incrementa la incertidumbre de quienes buscan regularizar su situación o ingresar legalmente a Estados Unidos, pues los procedimientos pueden cambiar dependiendo del momento y de las circunstancias.
«Por lo tanto, la aplicación es insensible y deshumanizante, lo que hacen las políticas migratorias actualmente», sostuvo.
El arzobispo añadió que la Iglesia mantiene comunicación con autoridades civiles de México y Estados Unidos con el objetivo de promover una mayor cooperación y que las decisiones en materia migratoria estén orientadas por la buena voluntad y el bien común.
A la par, el obispo de Matamoros-Reynosa y encargado de la Comisión Episcopal para la Movilidad Humana en México, Eugenio Andrés Lira Rugarcía, reconoció que el flujo de personas que intentan cruzar hacia Estados Unidos ha disminuido, pero subrayó que la problemática continúa.
«Ha disminuido ciertamente el número de migrantes que cruzan; sin embargo, no ha desaparecido del todo», indicó.
Lira Rugarcía recordó además que existen personas que quedaron varadas en territorio mexicano luego de la cancelación de la aplicación CBP One y de otros programas migratorios estadounidenses, por lo que actualmente enfrentan una situación de incertidumbre mientras esperan alguna alternativa para continuar con sus procesos.
El representante de la Iglesia en materia de movilidad humana destacó que la atención a estas personas continúa a través de las 54 casas de migrantes de la Iglesia Católica distribuidas en México.
«En general brindamos hospedaje, alimentos, ropa, medicamentos, atención médica, atención psicológica, atención pastoral y también acompañamiento legal para los trámites que necesitan hacer», explicó.
COORDINACIÓN PASTORAL
Durante el encuentro, los obispos también acordaron fortalecer la coordinación pastoral entre las diócesis mexicanas y estadounidenses para acompañar a las familias que tienen integrantes en ambos lados de la frontera, incluyendo la atención espiritual y la preparación para sacramentos como el bautismo, la confirmación, la primera comunión y el matrimonio.
El obispo de la Diócesis de Saltillo, Hilario González García, destacó que este trabajo busca que las familias puedan recibir acompañamiento de manera coordinada, independientemente del lado de la frontera en el que se encuentren.
Los prelados coincidieron finalmente en que, ante el actual escenario migratorio, la Iglesia debe mantener una postura de cercanía y defensa de la dignidad humana, particularmente de quienes viven bajo el temor de ser separados de sus familias mediante una deportación.
«Manifestamos también nuestra alegría por haber recibido un reporte sobre el encuentro fraterno que obispos, delegados de las conferencias episcopales de México, Estados Unidos y Canadá, donde también se reflexionó sobre la compleja realidad migratoria de nuestros países. Aquí están presentes dos obispos que estuvieron en ese encuentro y también compartimos la celebración del acontecimiento guadalupano, próximo a celebrar 500 años. Nos invita a ponernos en camino para que nuestra Iglesia sea una ‘casita sagrada’, porque esto fue lo que la Virgen de Guadalupe pidió a San Juan Diego, para ahí ofrecer un lugar de encuentro con el Amor Persona, Jesucristo nuestro Señor», subrayó monseñor Hilario. (OMAR SOTO)
EL ENCUENTRO de obispos de la frontera de Texas y México se desarrolló del 4 al 6 de septiembre en la Diócesis de Saltillo




