jueves, agosto 13, 2026
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La memoria corta de Ricardo Mejía; del “crimen ecológico” al fracking del bienestar

La memoria política suele ser corta, pero la memoria documental es bastante más incómoda. Ricardo Mejía Berdeja, diputado federal del Partido del Trabajo, salió ahora a respaldar la apertura del Gobierno de Claudia Sheinbaum para analizar la explotación de gas mediante fractura hidráulica o fracking. Dice que hay que revisar el tema con apertura, que la tecnología ha evolucionado y que es momento de “dejar a un lado los dogmas”.

El problema para Mejía es que en 2014, cuando gobernaba Enrique Peña Nieto y se discutían las leyes secundarias de su Reforma Energética, él no sólo tenía dudas sobre el fracking: impulsaba una ley para prohibirlo en todo México y advertía sobre una devastación ambiental. Entonces era opositor al gobierno priista; hoy, como aliado del gobierno de Claudia Sheinbaum, ¿la misma tecnología merece “apertura”?

No es interpretación ni memoria selectiva. Está escrito en los archivos de la Cámara de Diputados. El 16 de julio de 2014, siendo diputado federal de Movimiento Ciudadano en la LXII Legislatura, Mejía apareció entre los promoventes de la Ley General para la Prohibición de la Fractura Hidráulica, junto con Ricardo Monreal Ávila, Graciela Saldaña Fraire, Luisa María Alcalde Luján y Martha Beatriz Córdova Bernal.

El objetivo era inequívoco: prohibir el fracking en territorio nacional. Su artículo 4 establecía que en las actividades de exploración y explotación de hidrocarburos “queda estrictamente prohibida la fractura hidráulica”. La iniciativa se presentó precisamente en el contexto de la Reforma Energética de Peña Nieto, cuyo gobierno impulsaba el aprovechamiento de hidrocarburos, incluidos los yacimientos de lutitas.

Pero más reveladoras son las palabras del propio Mejía. En julio de 2014, durante la discusión de las leyes energéticas, sostuvo que la reforma implicaba “un crimen ecológico ambiental” y sentenció: “reiteramos que debe haber una prohibición tajante a la fractura hidráulica”.

En septiembre de ese mismo año, durante la comparecencia del secretario de Energía y del director de Pemex, Mejía cuestionó: “¿Por qué México se va a convertir en el paraíso de la fractura hidráulica?”. Permitirla, dijo, representaba “una gran irresponsabilidad”, y anunció que insistirían en la Ley General para la Prohibición de la Fractura Hidráulica.

¿Qué pasó entre aquel Ricardo Mejía y el de hoy? Aquí aparece una hipocresía política difícil de ignorar. Con Peña Nieto, el fracking era “crimen ecológico ambiental”, “gran irresponsabilidad” y debía prohibirse por ley; con Claudia Sheinbaum puede convertirse en detonante económico y laboral para Coahuila y hay que “dejar a un lado los dogmas”.

Mejía no era un observador moderado que pedía precaución. Era promovente de una ley para prohibir el fracking. Y tampoco estaba solo. Entre los firmantes estaban Ricardo Monreal, hoy coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, y Luisa María Alcalde, actual titular de la Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal. La iniciativa finalmente no prosperó, pero el documento y las firmas permanecen.

A Coahuila le conviene aprovechar responsablemente su potencial energético; eso no es nuevo. Lo cuestionable es la corta memoria y la hipocresía política de Mejía, que ayer condenaba el fracking como devastación cuando lo impulsaba el gobierno de Peña Nieto y hoy lo presenta como desarrollo bajo un gobierno aliado. Si sus convicciones cambian conforme cambia su posición política, ¿qué confianza puede tener la ciudadanía en él?

Ahí está el problema de fondo: cuando una convicción cambia al mismo ritmo que cambia el color político de quien gobierna, la congruencia queda bajo sospecha, porque los archivos legislativos no tienen partido, no hacen campaña y tampoco olvidan.

Cambiar el discurso dependiendo de quién ocupa la Presidencia tiene nombre en política: hipocresía. Al final, quizá el fracking no fue el que cambió como asegura Mejía. Lo que cambió fue el gobierno que lo puso sobre la mesa.

Y cuando el mismo político condena una práctica si la impulsa el adversario, pero encuentra argumentos para justificarla cuando la propone el gobierno aliado, ya no estamos hablando de principios ni de dogmas. Estamos hablando de una doble moral.

Y para desgracia de Ricardo Mejía, de esa también hay hemeroteca

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Reportera desde enero de 2000. Fundadora de la Agencia de Noticias Digital UNIMEDIOS. Actualmente titular del noticiero Capital Noticias 91.3FM en Saltillo y Coordinadora de Contenidos de Capital Media Coahuila. Escribo la columna “En el tintero” que difunde El Heraldo de Saltillo, La Otra Plana y Capital Coahuila.