jueves, agosto 13, 2026
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AVISO DE CURVA

  

Brasil vota en tiempos inciertos para la izquierda

Brasil tendrá elecciones en octubre. Se antoja una carrera cerrada en segunda vuelta. Luiz Inácio Lula da Silva de nuevo frente a Bolsonaro, solo que esta vez no será Jair, el expresidente, que se encuentra bajo prisión domiciliaria, sino su hijo, el senador Flávio Bolsonaro.

En mi opinión, la elección tendrá implicaciones fuera de Brasil.

Y es que no solo estará en juego el rumbo de la principal economía de Sudamérica. Cualquiera que sea el resultado, también impactará el equilibrio político regional, inclinado hacia la derecha en los últimos años.

Una victoria del Partido de los Trabajadores sería un poderoso mensaje que sus dirigentes podrían llevar a otros países: la izquierda conserva el apoyo popular para ganar elecciones.

Desde esta perspectiva, podría argumentarse que el giro a la derecha no es definitivo. Lo ocurrido recientemente en Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Perú y Chile es muestra de ello.

En esos países, no fue el agotamiento del modelo progresista lo que explica las derrotas de la izquierda, sino el castigo a gobiernos que no cumplieron sus promesas. Los errores y el desempeño de quienes estuvieron en el poder serían determinantes para entender los descalabros electorales del progresismo (Ejemplo: Colombia, con Gustavo Petro).

Esas mismas voces confían en que en Brasil será diferente. La izquierda brasileña asegura que Lula da Silva llega a la elección con buenos resultados económicos y sociales. Y, además, encabeza las encuestas. Una situación que no se presentó en países donde esta corriente política perdió el poder.

Las esperanzas de la izquierda sudamericana están puestas en Brasil. Una victoria de Lula demostraría que hay progresismo para rato, siempre que, y sus dirigentes lo saben bien, gobiernen con eficacia y cumplan sus promesas.

Pero si el gigante sudamericano cae, otra será la historia.

Es verdad que una derrota de Lula no demostraría, por sí sola, que toda la izquierda está en crisis. Pero perder un país que la izquierda considera bien gobernado haría más difícil sostener que todo se debe a errores aislados de algunos gobiernos.

Entonces tendríamos que preguntarnos: ¿estamos ante el fracaso de determinados gobiernos o ante un rechazo sistemático del progresismo como alternativa de gobierno? En otras palabras, cuando la izquierda pierde elecciones, ¿es por castigo o rechazo?

Brasil podría darnos la respuesta. Y a todo esto, ¿Cómo van las encuestas?

En este momento, los sondeos favorecen a Lula da Silva. Los más recientes le dan un 42.4% en primera vuelta, contra un 28.7% de Flávio Bolsonaro.

Pero ojo: esos números están muy lejos de anticipar una victoria para la izquierda. Lo más probable es que los brasileños elijan a presidente en una segunda vuelta. Y ahí la elección se cerrará.

Si la oposición logra reunir a favor de Bolsonaro los votos de los demás aspirantes de derecha, tendríamos que reservar los pronósticos.

Si gana Lula, la izquierda tendría la prueba para respaldar su argumento: el problema no es la ideología, sino la calidad de los gobiernos.

Si la izquierda pierde en Brasil, sería una señal de que el progresismo sudamericano se metió en algo más profundo que solo una mala racha.