
Dr. Naím Manríquez García
La ciudad que queremos: ciencia para construir y promover mejores ciudades
Este 31 de octubre se celebra el Día Mundial de las Ciudades, una fecha promovida por ONU-Hábitat para reflexionar sobre el papel que tienen las ciudades en la construcción de sociedades más sostenibles, inclusivas y habitables. Esta fecha busca de manera particular que los países cooperen para aprovechar oportunidades y resolver los retos del crecimiento urbano, además, este día sirve como clausura oficial del mes «Octubre Urbano», una iniciativa promovida para debatir sobre los desafíos de las metrópolis.
Hoy, más que nunca, nuestras ciudades, así como nuestras grandes metrópolis, sobre todo en Latinoamérica, concentran oportunidades, pero al mismo tiempo, enfrentan grandes desafíos: por ejemplo, el crecimiento urbano acelerado, la movilidad cotidiana, el acceso a una vivienda adecuada, la desigualdad, el mal manejo de los residuos, la contaminación auditiva, la pérdida de áreas verdes, los efectos del cambio climático por mencionar algunos, estos desafíos forman parte de la vida diaria de millones de personas en nuestra región.
Por eso entender estos problemas significa mirar la ciudad más allá de sus calles, de sus avenidas, de sus construcciones y de sus edificios; es necesario entender también cómo funciona, cómo cambia y, sobre todo, cómo las personas van experimentando y viviendo ese territorio día a día. Es justo en esta parte donde la ciencia puede dar herramientas y metodologías para entender mejor nuestras ciudades.
Por ejemplo, a través del análisis de datos socioespaciales, cartografías barriales, censos de población y el estudio de los patrones urbanos, la investigación permite anticipar riesgos, diseñar espacios más sostenibles y resilientes. Sin embargo, comprender la ciudad no es un desafío exclusivo de un grupo de expertos reunidos en una universidad o en un centro de investigación, ni tampoco de quienes diseñan políticas desde una oficina gubernamental.
En las últimas décadas se ha ido introduciendo una idea muy interesante: la ciencia ciudadana, entendiendo a esta como la participación activa de las personas en la generación de información, datos, saberes y conocimiento sobre los problemas que afectan a sus propios entornos y territorios. Esto es, en otras palabras, quienes habitan una ciudad poseen un conocimiento cotidiano del territorio que difícilmente puede encontrarse únicamente en bases de datos o modelos estadísticos y econométricos, los ciudadanos saben dónde falta iluminación, qué calles son difíciles de transitar, dónde existen problemas de transporte, qué espacios públicos han dejado de utilizarse o qué zonas experimentan cambios acelerados.
En ese trabajo, la academia, los gobiernos y las organizaciones de la sociedad civil juegan un papel clave. Las universidades aportan sus métodos, herramientas de análisis y su capacidad para convertir información dispersa en evidencia; los gobiernos facilitan datos, infraestructura y mecanismos para transformar ese conocimiento en políticas públicas; y las asociaciones civiles y las mismas comunidades señalan problemas, aportan experiencias y participan en el diseño de soluciones. La colaboración entre estos tres actores permite construir herramientas que no sólo midan la ciudad, sino que ayuden a entenderla desde diferentes ángulos. Mapas colaborativos, plataformas digitales, observatorios ciudadanos, sistemas de indicadores, aplicaciones para reportar problemas urbanos o proyectos de monitoreo ambiental son algunos ejemplos.
La invitación, en realidad, es mucho más sencilla de lo que parece. Podemos comenzar por mirar nuestra ciudad con mayor atención; detectar algún problema en nuestro barrio, fotografiarlo, registrar cómo cambia nuestro entorno, participar en algún proyecto de monitoreo ambiental, consultar datos públicos que ya existen o simplemente acercarnos a una universidad, una organización civil o un colectivo ciudadano. Son acciones pequeñas, pero que pueden generar información valiosa para comprender lo que sucede en nuestro alrededor.
Para la próxima vez que camines por tu colonia, haz una pausa y mira con otros ojos. Pregúntate: ¿qué funciona?, ¿qué ha cambiado?, ¿qué está dejando de funcionar?, ¿qué podríamos mejorar? Cada una de esas preguntas puede convertirse en una observación, cada observación en un dato y cada dato, cuando se analiza y se comparte, en conocimiento.
Dr. Naím Manríquez García
Centro de Estudios Socioeconómicos, Unidad Sureste



