
Los jonrones también se cobran
En Milwaukee hay aficionados haciendo cuentas para descubrir que posiblemente les sale más barato subirse a un avión rumbo a Florida que comprar un boleto para ver a su equipo en casa.
No es broma. Para el primer partido de la Serie Mundial, las entradas en reventa llegaron a superar los 3,000 dólares. Mientras tanto, en Florida podían encontrarse boletos cercanos a los 800.
La pasión por el béisbol no tiene precio. Bueno, parece que sí, y bastante elevado.
Este año la Serie Mundial enfrenta a los Milwaukee Brewers contra los Tampa Bay Rays. Los primeros no llegaban a una final desde 1982 y los segundos, aunque ya habían disputado dos, jamás han sido campeones.
Uno levantará su primer trofeo. Pero hay algo curioso: económicamente, ambos ya están ganando.
Y no precisamente por tener las carteras más grandes.
Milwaukee cuenta con una nómina aproximada de 146 millones de dólares, mientras que Tampa Bay gasta alrededor de 96 millones. Ocupan los lugares 19 y 28, respectivamente, entre los 30 equipos de Grandes Ligas.
En otras palabras, tenemos una final protagonizada por dos organizaciones que aprendieron a competir sin gastar como desesperados. Su estrategia ha sido descubrir talento, desarrollarlo y aprovechar mejor sus recursos.
Una lección empresarial bastante interesante, por cierto.
Pero el verdadero negocio comienza cuando salimos del estadio.
La oficina de turismo Visit Milwaukee estima que cada partido de esta Serie Mundial celebrado en la ciudad podría generar entre 10 y 12 millones de dólares de impacto económico.
¿De dónde sale semejante cantidad?
Del aficionado que viaja, del hotel donde duerme, del restaurante donde cena, del transporte que utiliza y hasta de las cervezas que compra mientras su equipo le provoca un infarto en la novena entrada.
Y ni siquiera hace falta ganar el campeonato para vender.
Después de conseguir el título de la Liga Nacional, los Brewers rompieron un récord histórico: en apenas 48 horas vendieron más mercancía de campeones de liga que cualquier otro equipo registrado previamente por la tienda oficial de Grandes Ligas.
Porque una gorra no siempre es una gorra. A veces es la manera de presumir que uno estuvo ahí cuando ocurrió algo histórico.
Ahora vámonos a Florida.
Los Rays reciben este lunes el tercer encuentro de la final en St. Petersburg, una ciudad donde octubre normalmente no es la temporada más fuerte para los hoteles.
La Serie Mundial les cambió los planes.
El Hollander Hotel, por ejemplo, reportó habitaciones completamente reservadas hasta el miércoles. La cámara de comercio local señala que los partidos de postemporada pueden generar hasta 7 millones de dólares de impacto económico por encuentro en la región.
Y el beneficio llega en un momento importante para una zona que todavía viene recuperándose de los daños provocados por los huracanes de 2024.
Imagínese lo que representa para un pequeño restaurante, un conductor, una empresa de limpieza o una familia que renta habitaciones recibir visitantes cuando normalmente estaría esperando clientes.
Eso sí, no confundamos derrama económica con utilidad. Esos millones son estimaciones de actividad comercial, no dinero limpio que termina en las arcas de los gobiernos.
Pero la enseñanza sigue siendo enorme.
En México nos encanta organizar eventos deportivos, presumir estadios llenos y tomarnos la fotografía con el trofeo. Lo que deberíamos preguntarnos con mayor frecuencia es cuánto dejan esos eventos en los negocios locales y cómo convertir a un visitante ocasional en un turista que quiera regresar.
Milwaukee y Tampa Bay están demostrando que un equipo puede convertirse en mucho más que un espectáculo deportivo: puede ser un motor económico para toda una comunidad.
Esta semana uno de los dos será campeón del mundo.
Pero mientras los peloteros buscan conectar el jonrón de la victoria, sus ciudades ya están cobrando las carreras.




