martes, septiembre 29, 2026
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SALTILLO PASO A PASO

Mujeres invisibles: Las grandes sostenedoras de la villa

Ya se contó en esta serie el papel de las mujeres en los años de la fundación, e incluso antes: tanto las guachichiles que combatían con arco y flecha como las mujeres españolas que construyeron la vida cotidiana sin aparecer en ningún documento importante, aunque su labor fue fundamental. La historia de las mujeres de Saltillo empieza mucho antes de 1577. A partir del siglo XVII, y durante todo el XVIII, las mujeres de la villa sostuvieron estructuras económicas y sociales, aunque sus nombres quedaron registrados solo cuando no quedaba otro remedio.

El censo de 1793 ofrece uno de los retratos más honestos de esa realidad. Entre sus páginas aparece Felipa Galindo, identificada como empleada, que administraba tierras y negocios ante la ausencia o la muerte de su marido. Podría parecer una excepción pintoresca; sin embargo, es un patrón documentado. El censo muestra a varias mujeres al frente de unidades económicas que, en teoría, debían estar encabezadas por hombres: gestionaban propiedades, supervisaban trabajadores y sostenían relaciones comerciales que sus maridos habían iniciado y que ellas continuaron por necesidad y por vocación adquirida. El trabajo era cuestión de supervivencia, y con el tiempo las habilidades adquiridas les daban un grado de experiencia a veces superior al de un hombre. Esa labor silenciosa, casi invisible, nunca les fue reconocida. Sin las aportaciones de las mujeres, sin esa capacidad de asumir lo que hiciera falta, la villa no habría funcionado.

En las casas de la élite mercantil, las mujeres cumplían un papel estratégico. Contraer matrimonio y dedicarse por entero a las labores de la casa era lo que se esperaba de ellas, pero el matrimonio era también una alianza económica planeada. Para un peninsular recién llegado, casarse con la hija de un comerciante establecido era la manera más rápida de integrarse a las redes de crédito locales y acceder a los mayoristas de la Ciudad de México.

Juan Bautista Careaga, por ejemplo, consolidó su posición en la villa precisamente mediante una alianza matrimonial con la familia Lobo Guerrero, una de las más influyentes del cabildo. Que el cálculo fuera de otros no significa que las mujeres fueran pasivas: administraban las haciendas cuando los maridos viajaban al puerto de Veracruz o a la Ciudad de México en busca de mercancías, y en más de un caso sostuvieron el patrimonio familiar durante años de deudas difíciles o de ausencias prolongadas.

La residencia de José Antonio de Cárdenas, con más de 1,500 metros cuadrados en el Callejón de los Propios —hoy calle de Juárez poniente—, era una de las casas más grandes de la villa. Su servicio doméstico estaba integrado por mujeres indias y mestizas que hacían funcionar ese espacio día con día. El inventario de bienes de Cárdenas las menciona como parte del entorno de la casa, casi como el mobiliario. Pero eran ellas quienes sostenían el funcionamiento de un hogar que también era un centro de negocios. Esa invisibilidad sistemática en los documentos no refleja ausencia de importancia, sino ausencia de reconocimiento.

Las cofradías fueron otro espacio de poder femenino que los archivos documentan de manera fragmentaria, pero consistente. Estas asociaciones religiosas recaudaban fondos para fiestas, misas y obras de caridad, y las mujeres eran su sostén más constante: organizaban las colectas, bordaban los mantos de las imágenes y administraban los fondos con una disciplina que muchos cabildos civiles habrían envidiado. En San Esteban, los testamentos en náhuatl conservados en el Archivo Municipal muestran a mujeres tlaxcaltecas que disponían de bienes propios: tierras, animales, objetos domésticos. Sabían qué tenían y a quién querían dejárselo. No eran invisibles para sí mismas. Lo eran para la historia que se escribió después, y esta serie intenta, al menos en parte, corregir ese desequilibrio o injusticia.

 

Fuentes

Offutt, Leslie Scott. Una sociedad urbana y rural en el norte de México: Saltillo a fines de la época colonial. Saltillo: Archivo Municipal de Saltillo / Librería Portales, 1993. El censo de 1793 y los inventarios notariales son la fuente principal sobre el papel económico de las mujeres.

Celestino Solís, Eustaquio. El Señorío de San Esteban del Saltillo. Voz y escritura nahuas. Siglos XVII y XVIII. Saltillo: Archivo Municipal de Saltillo, 1991.

Lavrin, Asunción. Las mujeres latinoamericanas: perspectivas históricas. México: Fondo de Cultura Económica, 1985.

Cuello, José. «The Persistence of Indian Slavery and Coerced Labor in the Regional Political Economy of Saltillo, 1577–1700». Journal of Latin American Studies, vol. 21, núm. 3, 1989.

Cavazos Garza, Israel. Saltillo en la historia y en la leyenda. Saltillo: Archivo Municipal de Saltillo, 1979.