miércoles, septiembre 2, 2026
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MORENA Y SU CAMPAÑA DE ODIO

La iniciativa que envió la presidenta de la República a las Cámaras resulta sorprendente. En principio, porque el actual gobierno se presume de izquierda y, en el pasado reciente, varios de sus correligionarios participaron en reformas que acrecentaban el catálogo de derechos. Incluso, en la LXI Legislatura se votó una amplia reforma en materia de derechos humanos, y en ella participaron prominentes integrantes del actual régimen.

La humanidad es producto de la migración. Desde nuestros primeros antepasados en África hasta las actuales caravanas que cruzan continentes. En las Escrituras, para aquellos que dicen creer en Dios, hay un mandato expreso en relación con el prójimo y una consecuencia implícita por no atender al que tiene hambre y sed. Y es que, en los textos veterotestamentarios y neotestamentarios, hay un buen número de relatos sobre la necesidad de migrar y las penurias que sufre el que lo hace.

En Estados Unidos viven millones de mexicanos de primera y ulteriores generaciones. Fueron en busca del sueño americano y esa gran nación les dio cabida. No pocos han ido a la guerra para defender su nueva patria y bandera, y la inmensa mayoría contribuye a su economía y son buenos ciudadanos. Pero también, al igual que los hijos de Israel en Egipto o Babilonia, añoran su tierra de origen, le cantan y se acogen a la benevolencia de la fe de sus mayores. Salieron, solo eso: no abandonaron y mucho menos olvidaron. Mandan al país millones de dólares en remesas, que sirven para activar la economía y mantener a la madre anciana que quedó sola o a la esposa que cuida a los hijos.

La patria no les dio lo que necesitaban e incluso, tal vez, les quitó algo de lo suyo. Por eso se fueron a buscar nuevos horizontes. La realidad no la podemos desconocer: no siempre, cuando se llega a la tierra prometida, se encuentra la empatía de todos, y no pocos de nuestros paisanos tuvieron que lidiar con la migra y la discriminación. Por algo el Galileo nació en un pesebre y no en un sitio cómodo y mejor.

Morena quiere mexicanos de primera y de segunda. La iniciativa para prohibir que alguien que ya disfruta de dos nacionalidades pueda ser presidente o gobernador discrimina y lanza sobre toda la comunidad mexicoamericana la desconfianza de una posible traición. Me refiero a esa comunidad por ser la mayoritaria y donde hay una mayor interacción con la tierra de origen. Pero, en los últimos años, muchos compatriotas se acogieron a leyes europeas que reconocen la migración a las Américas y concedieron la nacionalidad a los mexicanos que la solicitaron y cumplieron los requisitos.

La ley establece requisitos para resolver las posibles contradicciones entre dos intereses legítimos. Por eso, la reforma resulta innecesaria. Sin embargo, la intención de realizar cambios legales desnuda una realidad: Morena no es de izquierda y mucho menos tiene un espíritu humanista. Actúa en función de coyunturas específicas y con la perversa intención de construir narrativas que dividan a los mexicanos y le permitan mantenerse en el poder.

Eso sí: la iniciativa ofende y discrimina.