miércoles, agosto 26, 2026
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UNA TAZA Y DOS DE CULTURA

Recordemos aquella famosa transmisión de La guerra de los mundos, adaptación de la novela de que Orson Welles llevó a la radio en 1938 y que algunos radioescuchas llegaron a confundir con un suceso real. Con los años, incluso se ha discutido qué tan grande fue realmente aquel supuesto “pánico”, pero la anécdota permanece como una muestra del poder que llegó a tener la radio.

Acordémonos también de esas voces emblemáticas que, desde los estudios, comunicaban los sucesos más trascendentales del país. De la radio instalada en la sala o en la cocina de la casa, alrededor de la cual las familias se reunían para escuchar las noticias, un partido, música o alguna radionovela. O de programas que cruzaron fronteras y generaciones, como la emblemática La Tremenda Corte.

La radio formaba parte de la rutina. Había voces que, sin conocerles el rostro, terminaban convirtiéndose prácticamente en integrantes de la familia. El papel de la radio en nuestra sociedad ha cambiado drásticamente con el paso de los años, pero la tecnología y, sobre todo, la necesidad de comunicarnos a través del sonido siguen vigentes. Históricamente, la radio ha sido una fuente importante de noticias, entretenimiento y compañía. Algunos han apostado durante años por su pronta desaparición; otros consideramos que estamos, más bien, frente a una transformación y adaptación a la era digital.

Porque la radio ya no vive solamente dentro de un aparato. Hoy puede escucharse desde un teléfono, una computadora o incluso desde una bocina inteligente que a veces se llama Alexa. Puede transmitirse   por una frecuencia tradicional y por internet, convertirse después en un pódcast o encontrar nuevos públicos a través de las redes sociales. Cambian los dispositivos, pero permanece algo fundamental: alguien frente a un micrófono intentando comunicarse con alguien que escucha.

¿Pero qué significa eso de AM y FM que hemos escuchado toda la vida? Sin querer convertir esta taza de café en una clase de física o de historia, ambas utilizan ondas de radio para transportar información. En la AM, o modulación de amplitud, lo que se modifica principalmente es la amplitud de la onda portadora. En la FM, o modulación de frecuencia, lo que varía es su frecuencia.

Para nosotros, los radioescuchas, la diferencia suele percibirse de una manera mucho más sencilla: encendemos el radio, buscamos una frecuencia y esperamos encontrar del otro lado una voz, una canción o una historia que valga la pena escuchar.

Y dentro de esta historia existe un capítulo que me parece especialmente interesante: el de las radios universitarias.

Las instituciones de educación superior mexicanas tienen una larga tradición radiofónica. Desde hace décadas, sus emisoras han abierto espacios para la divulgación científica, la cultura, la música, la información y, sobre todo, para contenidos que difícilmente encuentran cabida en las estaciones comerciales.

Son también laboratorios. En ellas se forman comunicadores, productores, locutores, periodistas y nuevas generaciones que experimentan con otras maneras de contar historias.

En Coahuila tenemos ejemplos de esta vocación universitaria: las radios de la Universidad Autónoma de Coahuila, la Universidad Autónoma de La Laguna, el Tecnológico de Saltillo y, por supuesto, la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro.

Precisamente esta última acaba de escribir un nuevo capítulo en su historia. Después de más de tres décadas de trayectoria radiofónica, Radio Universidad Agraria inició este 24 de agosto una nueva etapa con sus transmisiones en el 107.3 de Frecuencia Modulada.

Para una institución profundamente ligada al campo mexicano, el cambio tecnológico tiene además un significado especial. Desde su origen, la radio de la Narro ha buscado acercar conocimientos, nuevas tecnologías, prácticas agrícolas, información y resultados de investigación científica a productores y comunidades.

Pero una radio universitaria también habla de quienes integran su universidad. De sus estudiantes, investigadores, docentes, trabajadores, expresiones culturales y de las historias que nacen todos los días dentro y fuera de sus aulas.

Llegar a la FM representa entonces mucho más que cambiar unas letras en el cuadrante. Es abrir otra puerta para encontrar nuevos radioescuchas. Y quizá ahí está una de las mejores respuestas para quienes durante años han anunciado la muerte de la radio.

La radio no desapareció. Cambió el aparato, cambió nuestra manera de escucharla, llegaron Spotify, los pódcast, el streaming y las redes sociales. Incluso dejamos de necesitar una antena para escuchar una estación ubicada a miles de kilómetros.

Bienvenida sea esta nueva etapa de Radio Universidad Agraria al 107.3 FM. Mientras exista alguien dispuesto a contar una historia y alguien dispuesto a escucharla, habrá radio. Y para acompañar una buena taza de café, pocas cosas funcionan tan bien como una buena voz del otro lado.