martes, septiembre 15, 2026
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COMPETENCIA Y COOPERACIÓN

Tradwives: la dependencia económica vestida de libertad

 Por: Abde Soto

El reel inicia con una mujer vestida en colores claros y un delantal floral. Luce arreglada y sonriente mientras adorna un pastel en una cocina ordenada y luminosa. Al final, con voz suave, expone los beneficios de quedarse en casa y dedicarse al cuidado exclusivo de su esposo e hijos. Es todo lo que las abuelas llamarían “una mujer de su casa”.

El párrafo anterior ilustra el fenómeno de las tradwives, o esposas tradicionales, una tendencia destacada en redes sociales. Sin embargo, detrás de la imagen del hogar perfecto y los delantales florales, existe una paradoja moderna con riesgos económicos y políticos que deben analizarse, como la pérdida de autonomía de las mujeres, el aumento de su vulnerabilidad financiera o incluso retrocesos en políticas de igualdad de género.

La primera contradicción es clara. Aunque muchas creadoras que promueven este modelo de ser mujer presentan la renuncia al trabajo y la autonomía económica como una forma de libertad, construyen para sí mismas una marca personal y monetizan su vida doméstica, lo que constituye la segunda paradoja.

El auge de las tradwives no es casual. Surge en un contexto donde las mujeres enfrentan demandas complejas: se espera que sean profesionales exitosas, madres presentes, parejas comprensivas y principales responsables del hogar, todo ello con escasas redes de apoyo y servicios de cuidado insuficientes.

Por ejemplo, según el INEGI, en México, por cada 10 hombres en el mercado laboral apenas hay 6 mujeres, con salarios entre 14 y 25% más bajos por desempeñar iguales labores. Además, en el hogar, ellas dedican en promedio 39.7 horas semanales al trabajo no remunerado (TNR), frente a 18.2 horas de sus pares masculinos. La diferencia está en las horas trabajadas, el ingreso, e incluso el tiempo disponible para el ocio y el sueño.

Sin embargo, el problema no se resuelve al sustituir la doble jornada por la dependencia financiera pues requiere que existan condiciones económicas y sociales que permitan a las mujeres equilibrar el trabajo, la vida familiar y el desarrollo personal, sin renunciar a ninguno debido a la distribución desigual de los cuidados y las tareas no remuneradas. Para lograrlo, es fundamental avanzar en políticas públicas concretas, como la licencia parental pagada para ambos padres, la expansión de estancias infantiles accesibles y de calidad entre otras. Medidas que alivien la carga individual femenina y contribuyan a una verdadera corresponsabilidad entre los géneros en la vida cotidiana.

Desde una perspectiva económica, dejar el trabajo conlleva consecuencias que rara vez se mencionan en los videos de las tradwives. Significa perder la oportunidad de generar ingresos propios, cotizar para una pensión y poseer bienes a nombre propio.

Además, cuanto más tiempo permanece una mujer fuera del mercado laboral, mayor es el costo de reincorporarse. No solo se deja de percibir un sueldo en el presente, sino que también se pierden ingresos, derechos y oportunidades a futuro.

La dependencia financiera no constituye necesariamente violencia económica, pero sí incrementa la vulnerabilidad de una mujer ante una enfermedad, la viudez o una relación abusiva. Una persona sin patrimonio dispone de menos recursos para tomar decisiones y reconstruir su vida.

Esto no implica que las amas de casa no trabajen o que una mujer empleada no pueda elegir realizar tareas domésticas. La verdadera trampa consiste en presentar la dependencia femenina como libertad y en ocultar quién asume los riesgos y quién mantiene el poder de decisión.

Lo que el algoritmo muestra como la solución ideal al agotador esfuerzo de ser supermujeres, en la práctica, implica renunciar al ingreso, al patrimonio, a la seguridad social y al poder de negociación doméstico.

La solución al agotamiento femenino no es regresar a un pasado idealizado. Por el contrario, debemos construir un presente en el que los cuidados se distribuyan de manera justa y se reconozca la equidad de género en todos los ámbitos, para que ninguna mujer deba renunciar a sus derechos para vivir en paz.