viernes, septiembre 11, 2026
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CÓMO MOLESTAR SIN BULLYING


Los espíritus mediocres condenan ordinariamente

 todo aquello que supera su alcance

François de La Rochefoucauld

Pocas personas tan molestas como las eficientes y eficaces. Desenmascaran farsantes, evidencian el desperdicio, la pereza y la negligencia, desbaratan pretextos y le ponen letrero de neón a la mediocridad. Por eso llegan pocas veces a la cima, como no sea en sus propios negocios.

La eficiencia puede molestar porque reduce procedimientos, procesos, intermediarios, funciones y, por tanto, personal, porque hace innecesario a quien se había hecho indispensable gracias a la complicación. La eficacia amenaza porque demuestra quién consiguió el resultado y quién no. Cuando una persona hace ambas cosas, la comparación se vuelve difícil de evitar.

Las personas evalúan sus capacidades comparándose con otras, especialmente cuando no existe una medida objetiva suficientemente clara, pues donde predomina la opinión cada quien puede conservar una idea favorable de su propio desempeño; pero cuando alguien resuelve mejor, en menos tiempo o con menos recursos, la comparación deja de depender sólo de apreciaciones personales. Entonces el desempeño ajeno también dice algo sobre el propio.

El psicólogo social estadounidense Abraham Tesser, con su modelo de mantenimiento de la autoevaluación, desarrollado para estudiar cómo el desempeño de otras personas afecta la valoración que hacemos de nosotros mismos, hizo un hallazgo muy interesante, que de paso explica muy bien el por qué de la envidia: que otro sea extraordinariamente bueno solo nos molesta cuando destaca precisamente en aquello que consideramos importante para definir nuestra propia capacidad o nuestro valor.

Si yo no me considero cantante, Plácido Domingo puede cantar todo lo bien que quiera; pero si mi identidad consiste en ser quien resuelve determinados asuntos y llega alguien que lo hace mejor, la cosa cambia.

En 1980, Tesser y Jonathan Smith hicieron un experimento con 52 parejas de amigos, y comprobaron que cuando la tarea a desarrollar se presentaba como irrelevante para la propia capacidad ayudaban más al otro; pero cuando se consideraban suficientemente competentes daban pistas más difíciles si el desempeño del amigo podía amenazar su propia autoevaluación.

En este asunto de la eficiencia y la eficacia existe suficiente investigación para que el tema no se convierta en una simple reflexión personal. Las psicólogas sociales Julie Exline y Marci Lobel realizaron una investigación llamada: “Los peligros de superar a los demás”, en la que encontraron que quien se desempeña mejor puede ser consciente de que eso constituye para ellos una comparación ascendente amenazante, por lo que experimentan tensión interpersonal, moderan la expresión de sus logros, se distancian o tratan de minimizar el contraste.

Esto explica por qué es más fácil que la persona eficiente y eficaz deje de serlo, antes de que quienes lo rodean aprendan o siquiera deseen serlo. Destacar es peligroso, siempre tiene costo, y las más de las veces no es el reconocimiento, como se cree comúnmente, sino hostilidad y aislamiento.

Hay investigaciones posteriores sobre ocultamiento de logros, incomodidad ante el reconocimiento público y evitación de encuentros con personas a quienes se ha superado y que han evidenciado su envidia, a la que podría definirse, psicológicamente, como una emoción dolorosa provocada por la ventaja de otro, vinculada con sentimientos de inferioridad, hostilidad y resentimiento.

Se considera que existen dos tipos de envidia: la benigna, que impulsa a elevar el propio desempeño, y la maliciosa, que induce a reducir la posición del otro. Una mueve hacia arriba al comparador; la otra intenta tirar hacia abajo al comparado. Y sí, también existe el dicho de que no existe envidia de la buena. ¿Usted qué opina?

Pero regresando al núcleo de nuestro tema, y para rematar este asunto: la eficiencia amenaza territorios, la eficacia, prestigios.  No lo voy a mal aconsejar sobre qué hacer con ellas en su trabajo, pero sí le diré que son indispensables en la vida personal, porque representan, nada más ni nada menos, que nuestra capacidad para sortear obstáculos y resolver problemas.

delasfuentesopina@gmail.com