viernes, agosto 7, 2026
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Summer Camp de Carpintería: despierta creatividad, paciencia y confianza en los niños

BAJO LA GUÍA de Rosilu Salas y Eduardo Marroquín, niñas y niños aprenden carpintería en un ambiente seguro, creativo y lleno de aprendizaje.

 Rosilu Salas y Eduardo Marroquín ofrecen una experiencia diferente durante las vacaciones de verano

En una época en la que gran parte del tiempo libre de niñas y niños transcurre frente a una pantalla, hay un espacio donde el sonido que domina no es el de un dispositivo electrónico, sino el de un serrucho cortando madera, un martillo golpeando con precisión y las risas de pequeños que descubren que son capaces de crear algo con sus propias manos.

Así nació el Summer Camp de Carpintería, un proyecto impulsado por Rosilu Salas y Eduardo Marroquín, quienes encontraron, en lo que empezó como un sueño, la oportunidad de ofrecer una experiencia diferente durante las vacaciones de verano: enseñar un oficio mientras fortalecen habilidades que acompañarán a los pequeños toda la vida.

La idea llevaba años esperando el momento adecuado, Eduardo Marroquín, ingeniero de profesión y docente, recuerda que desde hace aproximadamente ocho años compartió con su esposa el deseo de organizar un curso de carpintería para niños. No buscaba únicamente enseñarles a fabricar objetos de madera, sino transmitirles todo lo que este oficio le había dejado desde su infancia.

«Quería compartir mi experiencia para que desarrollaran resiliencia, paciencia, solución de problemas, operaciones matemáticas y habilidades manuales. La carpintería reúne mucho más de lo que imaginamos», explica.

El proyecto encontró el escenario perfecto gracias a la comunidad de homeschool de la que forman parte. Ahí, madres y padres imparten talleres relacionados con las áreas en las que son especialistas, por lo que la propuesta fue recibida con entusiasmo.

Antes de abrir el campamento al público, las primeras alumnas fueron sus propias hijas, siempre han sido parte, aquella experiencia confirmó que la iniciativa tenía potencial y motivó a la pareja a convertir el sueño en una realidad.

EL SUMMER CAMP de Carpintería nació como un sueño familiar y hoy inspira a nuevas generaciones a descubrir el valor de crear con sus propias manos.

EL RESULTADO SUPERÓ SUS EXPECTATIVAS

Durante tres días a la semana, niñas y niños aprendieron a utilizar herramientas básicas de carpintería bajo estrictas medidas de seguridad. Con paciencia y acompañamiento, cada participante fue transformando simples piezas de madera en proyectos elaborados por ellos mismos.

Pero detrás de cada tabla lijada y cada clavo colocado existe un aprendizaje mucho más profundo, porque cada proyecto representa un reto que obliga a medir, calcular, corregir errores y buscar soluciones. Sin darse cuenta, los participantes ponen en práctica habilidades matemáticas, desarrollan coordinación motriz, fortalecen su concentración y descubren el valor de la perseverancia.

«Queremos que descubran que son capaces de crear algo con sus propias manos. Cuando terminan un proyecto no sólo se llevan un objeto; se llevan la satisfacción de haberlo construido ellos mismos» comparten.

Esa transformación es precisamente lo que más emociona a sus organizadores pues al ver la expresión de sorpresa cuando un niño observa el trabajo que acaba de terminar se ha convertido en la mayor recompensa del campamento.

«Es una satisfacción ver sus reacciones, porque muchas veces ni ellos mismos creen que pueden hacerlo. Ahí entiendes que no sólo están aprendiendo un oficio; están desarrollando confianza en sí mismos.»

Y de ahí nace una frase que acompañó durante el curos a sus creadores, «No subestimes a los niños.»

CONSTRUIR con las manos permite a los pequeños descubrir que son capaces de transformar una idea en una creación propia.

LA HISTORIA DE ESTE CAMPAMENTO TAMBIÉN TIENE RAÍCES FAMILIARES

La pasión de Eduardo por la carpintería comenzó desde pequeño observando trabajar a su abuelo, quien era carpintero, un hermano de su abuela, y su padre también mantuvo ese gusto como pasatiempo, realizando muebles y diversos trabajos para el hogar. Años después, en la secundaria, él mismo tomó el taller de carpintería y con el tiempo comenzó a equipar su propio espacio de trabajo, donde actualmente ha construido buena parte del mobiliario de su casa.

Hoy ese conocimiento acumulado durante años encuentra un nuevo propósito: compartirse con las nuevas generaciones.

Más allá de fabricar una repisa, un portarretratos o cualquier otra pieza de madera, el Summer Camp busca recordar que crear con las manos también construye carácter. La paciencia para repetir un proceso, la responsabilidad al utilizar una herramienta, la creatividad para resolver un problema y la satisfacción de concluir un proyecto son aprendizajes que difícilmente se olvidan.

La respuesta positiva de las familias ha abierto nuevas posibilidades. Ante el interés mostrado por padres de familia y adultos, Rosilu Salas y Eduardo Marroquín ya contemplan ampliar el proyecto con talleres para mayores e incluso realizar una edición durante el invierno.

Lo que comenzó como un hobby heredado de generación en generación y como un sueño compartido en familia, hoy se ha convertido en un espacio donde cada tabla de madera representa una oportunidad para descubrir talentos, fortalecer habilidades y demostrar que, cuando se confía en la capacidad de la infancia, los resultados pueden sorprender. (MARIANA FALCÓN)

 

INFORMES:

844 122 6877