lunes, septiembre 21, 2026
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UN SEÑORÓN DE LA POLÍTICA MEXICANA

En estos tiempos, los habitantes de todo el mundo vivimos en una crisis interminable, en todos los sentidos: en lo social, en lo educativo, en lo económico y, no se diga en lo político y en los políticos. Todo, absolutamente todo, se quiere hacer de prisa y, al hacerlo así, en la mayoría de los casos las cosas salen mal, porque la improvisación puede causar grandes y graves daños. Reflexione un poco sobre este tema. Mire, queremos una sociedad justa y, sin embargo, los ciudadanos nos comportamos de manera que hacemos todo lo contrario. No actuamos para construir un mejor presente y, por lo tanto, un futuro digno.

En mi época universitaria fui una estudiante muy inquieta. Fue así como conocí a quien fuera mi padre profesional. Lo que soy como profesionista se lo debo en gran medida, al maestro Roberto Salcedo Aquino, quien, en su época de estudiante tuvo el privilegio de ser alumno y, posteriormente, brazo derecho de un señorón de la política mexicana: Enrique González Pedrero. Así fue como tuve la fortuna de conocerlos y aprender de estas dos figuras que fueron fundamentales en mi vida académica.

Enrique González Pedrero, nació en Villahermosa, Tabasco, en 1930 y falleció en 2021. Estudió derecho en la UNAM, cursó estudios de sociología, economía y ciencia política en la Sorbona en París. Escritor, intelectual, académico, diplomático, senador, gobernador de Tabasco, entre otras muchas actividades. Su trayectoria en la vida pública fue muy amplia y dejó una importante obra intelectual.

En 1977 fue nombrado director general de la Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuitos. El maestro Salcedo invitó a varios compañeros de la universidad para realizar un análisis administrativo en toda la institución, con el objetivo de saber en qué condiciones se encontraba. Nuestra misión era aplicar una encuesta y, si la memoria no me falla durante 15 días o quizá un poco más. Ahí fue la primera vez que vi a Don Enrique. Una tarde, me encontraba vaciando información de los cuestionarios aplicados el día anterior cuando entró a su oficina me miró y me invitó a pasar. No lo podía creer. Todavía le pregunté: ¿yo?, se río y me dijo que sí. Así lo conocí.

En 2015, la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco creó la cátedra extraordinaria “Lic. Enrique Gonzáles Pedrero”, como un reconocimiento a su compromiso social y a su visión. El presidente de la Fundación que lleva su nombre es el maestro Roberto Salcedo Aquino, quien se ha dado a la tarea de conservar y difundir su obra.

En los festejos del aniversario del primer año de la Cátedra, el maestro Salcedo presentó el libro Enrique González Pedrero, pasión por pensar, educar y servir, y señaló que, para construir un país justo, Don Enrique consideraba necesario llevar a cabo cuatro tareas fundamentales:

“La primera: encontrarnos con nuestra propia identidad y construir un modelo mexicano, hecho a la medida de nuestras circunstancias y posibilidades. La segunda: poner al día la institución de instituciones; refundar el Estado para que sea capaz de responder a los problemas internos y a los desafíos que vienen de fuera.

La tercera: construir un Estado social, plural y democrático; un Estado de derecho capaz de conciliar la libertad con la justicia, la diversidad con la unidad y los derechos individuales con las responsabilidades colectivas. Y la cuarta: formar ciudadanos. Porque, como advirtió el maestro con una fórmula que conserva toda su fuerza: país sin ciudadanos es país de un solo hombre”.

Estas tareas, están vinculadas unas con otras. Fortalecer la democracia en nuestro país es necesario, también las instituciones. Los ciudadanos son un elemento esencial de la democracia; por consiguiente, tenemos el compromiso y la responsabilidad de cuidar nuestro país. Lo invito a comparar estas propuestas con lo que está pasando en la realidad. Desde mi perspectiva, existen decisiones que generan preocupación respecto al fortalecimiento de las instituciones democráticas.

Es necesario educar ciudadanos, no dar dádivas. El debate sobre el rumbo de nuestra democracia no puede ser ajeno a los ciudadanos. Por el contrario, nos corresponde informarnos, analizar, participar y asumir nuestra responsabilidad como sociedad. No podemos permanecer indiferentes.