
Presupuesto 2027: otra vez a pedir fiado
“Hacienda anda billetuda”, señaló un periódico de circulación nacional al destacar que los programas sociales recibirán más de un billón 25 mil millones de pesos. Este encabezado, aunque en lenguaje coloquial, resume la presentación del Paquete Económico 2027, donde el gobierno federal anticipó un gasto de más de 10 billones de pesos.
Como era de esperarse, la atención se centró en el gasto. Pronto las dependencias comenzarán a difundir los montos de sus programas y proyectos estratégicos.
El propio gobierno propicia estos encabezados. Es lo común cuando se habla de presupuesto; las autoridades ponen el acento en cuánto se gastará y en qué. Además, vienen elecciones y el monto destinado al bienestar será, sin duda, la cifra más difundida por la administración.
Pero al revisar las columnas especializadas en economía, encontramos una pregunta diferente: ¿de dónde saldrá toda esa billetiza?
La respuesta puede resultar algo incómoda. Y la razón es que los datos muestran que el gasto viene creciendo más rápido que los ingresos desde 2018. Será lo mismo en 2027, ya que se proyectan erogaciones por 10.51 billones de pesos e ingresos por solo 9.16 billones. Es decir, un déficit de 1.35 billones, una cantidad superior al monto de los programas sociales. Y el hueco crece cada año.
Como consecuencia, la deuda pública alcanzó niveles históricos. A julio de 2026, ya rondaba los 19.2 billones de pesos, 1.4 billones más que en 2025. Una cifra de esta magnitud merece mayor atención: equivale a casi dos veces todo el gasto que el gobierno federal proyecta para 2027.
El punto no es cuestionar el gasto social ni cualquier otro. Tampoco se trata de calificar la deuda pública como algo negativo por sí misma. La deuda es útil para financiar inversiones y enfrentar emergencias. Pero tiene sus límites.
Si el gasto crece de manera persistente más que los ingresos, el endeudamiento deja de ser una opción temporal y se convierte en una fuente regular de financiamiento. Sus efectos económicos ya los conocemos.
México cayó en esa situación. Al analizar el Paquete Económico 2027, el Instituto Mexicano para la Competitividad advierte que el déficit de las finanzas públicas pasó de ser algo coyuntural a convertirse en una condición estructural de la economía.
El problema es que esa oquedad presupuestaria parece no tener fondo. Si la economía no crece lo suficiente para generar más ingresos, la presión para endeudarse seguirá aumentando.
Aparece entonces un círculo vicioso: como los ingresos no alcanzan, se recurre al endeudamiento. Una mayor deuda demanda más recursos para el pago de intereses. En consecuencia, se reduce el margen de maniobra para invertir en infraestructura y otros rubros que impulsen el crecimiento. Sin crecimiento, no hay forma de aumentar los ingresos.
Por eso, las discusiones sobre el Paquete Económico de 2027 en la Cámara de Diputados no deberían detenerse demasiado en el monto que reciben los programas.
Las circunstancias señalan que el debate debería centrarse en cómo hacer que la economía crezca y genere más ingresos para sostener ese gasto.
Tienen razón los economistas cuando advierten que la prosperidad no depende de la forma en que un país gasta sus billetes, sino de la forma en que los genera.




