
La borrachera que organizó Morena está a punto de terminar en tragedia
Una buena parte de las narrativas triunfantes de Morena se desmoronaron en la semana que terminó. El actual gobierno heredó varias losas que no le permiten subir. Las finanzas del erario le dejan muy poco margen de maniobra y sobrevive contratando más endeudamiento y haciendo ajustes cada año a las cargas impositivas o a las reglas de recaudación. No le favorece la falta de crecimiento de la economía del país y en ello también tiene mucha responsabilidad López Obrador.
Pero Morena es, sobre todo, la construcción de una narrativa donde se mezcla la polarización con las soluciones mágicas de los problemas. Donde se le atribuyen las virtudes y poderes a un hombre que, con falta de ética, no duda en mentir para lograr el favor de las personas. Maestro en el arte de engañar, convenció a muchos de tener el conocimiento no solo para llevar al país a buen puerto, sino además para sortear cualquier tipo de dificultad.
Propuso disparates y nadie le impidió ejecutarlos. Sus colaboradores y los legisladores de su partido le aplaudieron como focas. Igual desmanteló el Poder Judicial que frenó la reforma energética que empezaba a dar frutos. Y qué decir de la construcción de una red de trenes que ahora son una carga para el erario, o de una refinería que triplicó su costo y no produce ni el cincuenta por ciento de aquello que se prometió. La lista de malas decisiones es enorme y sus consecuencias seguirán estallando como bombas de tiempo.
En el centro de la “epopeya” obradorista: seguridad y educación. El Peje presumía que la inseguridad terminaría con el arribo de su gobierno. Su discurso le sonaba convincente a muchos y se sostenía en descalificar a las autoridades y acusarlas de ineptas y cómplices. En el tema educativo sucedió algo parecido, pero agregó un componente peligroso: descalificó la calidad como una conducta metódica de la escuela. Así vimos en los principales cargos de la Secretaría de Educación a personajes improvisados, con prejuicios, odios e ideas trasnochadas.
La luna de miel se acaba y con ella los días alegres. Lo que se decía que era sencillo resulta que no lo es, y los coros de incondicionales son insuficientes para ocultar la realidad. Bastan dos o tres noticias para desenmascarar al régimen.
PISA es una evaluación de la educación de los países y regiones económicas que auspicia la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. Se aplica en 91 de estos lugares y es un referente en el mundo para la toma de decisiones. El anuncio de sus resultados causa expectativa y, en muchas ocasiones, molestia. La prensa española puso el grito en el cielo en días pasados; las planas y columnas se llenaron de notas y comentarios por el fracaso educativo de esa nación. No es difícil imaginar cómo le fue a México: pésimo.
Los resultados de 2025 muestran que México tiene el desempeño más bajo de su historia dentro de PISA. En matemáticas, lectura y ciencias, ocupamos, respectivamente, los lugares 61, 58 y 61. El dato más dramático: solo el 30 por ciento de los estudiantes alcanzó el nivel mínimo de competencia. La Nueva Escuela Mexicana tronó como ejote y ya andan pensando hasta en sacar del baúl los libros de matemáticas que un tipo llamado Engels, o algo así, descontinuó.
En la misma semana, la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública nos reveló que solo el 26 por ciento de la población se siente segura. Es cierto que, para bien, hay un cambio de estrategia, pero va para largo arreglar el desorden de López Obrador.
La borrachera que organizó Morena está a punto de terminar en tragedia.




