martes, septiembre 15, 2026
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CIRCO POLÍTICO

El acto del fuego y el agua

En la pista del gran circo energético mexicano aparece nuevamente un viejo número que muchos creían guardado en la bodega: el fracking. El protagonista ahora podría ser Coahuila, donde bajo nuestros pies existen importantes recursos prospectivos de gas shale. El espectáculo promete inversión, empleos, energía y menor dependencia del gas importado. Pero hay un pequeño detalle: el tragafuegos quiere encender la antorcha parado encima de un barril llamado agua. Y ese barril merece respeto.

El Gobierno Federal reabrió durante 2026 la discusión sobre el aprovechamiento de gas natural no convencional. El Comité de Científicos y Especialistas convocado para estudiar el tema recomendó continuar evaluando la viabilidad de las cuencas Sabinas-Burro-Picachos, que comprende territorio de Coahuila y Nuevo León, y Burgos, en Tamaulipas. No significa que mañana comenzarán las perforaciones: significa precisamente que todavía falta demostrar si el número puede ejecutarse sin incendiar la carpa.

No estamos hablando de una bolsa menor. Los estudios oficiales han estimado históricamente alrededor de 67 billones de pies cúbicos de recursos prospectivos de gas no convencional en Sabinas-Burro-Picachos. Pero cuidado con los aplausos anticipados: recurso prospectivo no significa reserva comprobada ni mucho menos gas listo para venderse. Primero hay que localizarlo, evaluarlo y determinar si su extracción resulta técnica, económica y ambientalmente viable. Y entonces aparece el elefante debajo de la carpa: el agua.

Coahuila sabe perfectamente lo que significa vivir contando cada gota. La propia Conagua reconoce problemas de disponibilidad en diversos acuíferos del estado. Saltillo-Ramos Arizpe, General Cepeda-Sauceda, Monclova, Paredón, La Paila y Cuatrociénegas-Ocampo, entre otros, presentan disponibilidad media anual negativa. En La Laguna, la autoridad federal reconoce además una de las regiones con mayor estrés hídrico del país.

Por eso el nuevo planteamiento federal intenta cambiar parte del libreto. Los especialistas propusieron que, antes de cualquier explotación, el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua investigue si existen depósitos profundos de agua salada, desconectados de los acuíferos utilizados por la población. También recomiendan reutilizar por lo menos 75 por ciento del agua empleada en el proceso. Eso modifica la discusión, pero no la termina.

El debate serio ya no debería reducirse a gritar desde las gradas “fracking sí” o “fracking no”. La pregunta correcta es mucho más complicada: ¿puede Coahuila aprovechar su riqueza energética sin comprometer su seguridad hídrica, sus acuíferos, sus ecosistemas y las necesidades futuras de sus ciudades? Porque gas tenemos debajo del suelo, pero agua no nos sobra.

El tragafuegos puede presumir una antorcha enorme, combustible suficiente y hasta nuevos trucos tecnológicos. Pero antes de prender el cerillo habrá que revisar dónde está parado. En este circo, un error no termina con abucheos. Puede dejarnos sin agua.

 

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