
La verdad no cabe en el Informe
Un Informe de Gobierno debería servir para que los ciudadanos conozcan cómo marcha el país. Debería presentar resultados, reconocer problemas y permitir evaluar a quienes gobiernan. Pero en México llevamos años perfeccionando otra modalidad: el informe como pieza de propaganda. No importa tanto explicar la realidad como acomodarla. Y el Segundo Informe de Claudia Sheinbaum confirma que la costumbre de gobernar con “otros datos” sobrevivió perfectamente al cambio de sexenio.
Por ejemplo, se afirmó que durante el llamado periodo neoliberal solamente se agregaron cuatro mil camas hospitalarias. Falso: los registros muestran más de 26 mil. Se dijo que actualmente se contrata al doble de médicos especialistas que anteriormente. Falso. Que ningún hospital que atiende cáncer carece de medicamentos. Falso: existen protestas de pacientes e incluso reconocimientos oficiales de desabasto. También se aseguró que los trabajadores de plataformas ya cuentan con Seguro Social y reparto de utilidades, cuando apenas 14% alcanza la cobertura integral del IMSS. Y mientras la Presidencia presume respeto “pleno” a la libertad de expresión, Artículo 19 documentó 451 agresiones contra la prensa durante 2025.
Luego están las medias verdades (que muy fácilmente terminan convirtiéndose en mentiras completas), quizá más útiles propagandísticamente porque permiten presumir una cifra correcta ocultando aquello que la vuelve incómoda. La inversión extranjera directa alcanzó efectivamente un récord cercano a 35 mil millones de dólares durante el primer semestre de 2026. Suena extraordinario. Sólo faltó mencionar que apenas 7.8% correspondió a nuevas inversiones y que éstas cayeron 13% respecto al año anterior. La inversión en nuevos proyectos productivos, además, prácticamente se redujo a la mitad durante 2025. Tenemos récord, sí; pero principalmente porque quienes ya están aquí reinvierten sus utilidades, no porque México esté seduciendo grandes cantidades de capital nuevo. Un pequeño detalle que, curiosamente, no encontró espacio en el Informe.
Algo semejante ocurre con la seguridad. La Presidencia presumió una reducción de 51% en homicidios dolosos. Los datos del Secretariado Ejecutivo señalan que la disminución comparable se encuentra alrededor de 47 o 48%. Pero hay algo todavía más importante: entre 2025 y 2026 cambió la metodología de las bases de incidencia delictiva. Y el Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana ha advertido que una caída tan extraordinariamente rápida merece ser investigada antes de proclamar victoria. Entre sus hipótesis están cambios en el registro y clasificación de homicidios y la posible sustitución hacia otras modalidades de violencia, como las desapariciones. La IBERO no afirma que exista manipulación; precisamente por eso su advertencia resulta seria: hay que explicar los datos, no utilizarlos como propaganda.
México necesita un gobierno de verdad. Uno que comprenda que reconocer un problema no debilita al poder: permite resolverlo. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarnos a una Presidencia que selecciona cifras convenientes, esconde contextos incómodos y presenta deseos como resultados.
La mentira política tiene una ventaja: puede producir aplausos durante algunos minutos. Pero posee también un defecto inevitable: no construye hospitales, no atrae inversiones, no encuentra desaparecidos, no genera empleos y no salva vidas.
Cambió la presidenta. Lo preocupante es que los otros datos siguen gobernando.




