jueves, agosto 27, 2026
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DESDE MI ESCRITORIO

Morena: una crisis que ya toca la puerta de Palacio

Lo que sucede alrededor de Rubén Rocha Moya dejó de ser solamente un problema de Sinaloa. Se ha convertido en una crisis que exhibe las tensiones internas de Morena y, sobre todo, coloca a Claudia Sheinbaum frente a una pregunta que tarde o temprano tendría que enfrentar: ¿hasta dónde gobierna ella y hasta dónde sigue pesando políticamente Andrés Manuel López Obrador?

El episodio de Rocha resulta revelador. Su regreso a la gubernatura, después de meses de licencia, provocó rechazo dentro del propio oficialismo y obligó a Palacio Nacional a marcar distancia. La misma Sheinbaum terminó calificando como “imprudente” su reincorporación. El mensaje fue contundente: Rocha se había convertido en un problema político que Morena ya no estaba dispuesto a cargar.

Sin embargo, detrás de esta historia aparecen versiones y filtraciones periodísticas que hablan de algo mucho más profundo: una posible lucha entre el grupo que mantiene su lealtad al expresidente López Obrador y quienes buscan consolidar definitivamente el liderazgo de Claudia Sheinbaum.

Incluso se ha especulado que los movimientos alrededor de Rocha podrían terminar desviando la atención de otro golpe político para el obradorismo: la cancelación de la visa estadounidense de Andrés Manuel “Andy” López Beltrán, de ahí que la coincidencia de acontecimientos alimenta inevitablemente la lectura política, que detrás del movimiento de Rocha está el hombre que vive en Palenque.

Pero, dentro de esta crisis que toca a Palacio Nacional, hay otro elemento que no puede ignorarse.

El obradorismo no desapareció cuando López Obrador dejó el poder. Personajes estrechamente vinculados con el expresidente continúan ocupando espacios relevantes dentro del gobierno y del movimiento.

Uno de los ejemplos más evidentes es Jesús Ramírez Cuevas. Fue coordinador de Comunicación Social y vocero durante prácticamente todo el gobierno de López Obrador y hoy permanece dentro de Palacio Nacional como coordinador de asesores de la presidenta Sheinbaum. No se trata de una posición menor: está dentro de la estructura presidencial y conserva una presencia política construida durante años al lado de AMLO.

A ello se suma la influencia de figuras partidistas provenientes directamente del sexenio anterior, entre ellas María Luisa Alcalde, actual Consejera Jurídica, quien fue secretaria de Gobernación con López Obrador y posteriormente asumió responsabilidades de primer nivel dentro de Morena, como líder de ese partido.

Son personajes que representan la continuidad del movimiento y que mantienen abiertos los vasos comunicantes entre el obradorismo y el nuevo poder presidencial.

Por eso el problema para Sheinbaum es mucho más complejo que decidir el futuro de un gobernador.

La Presidenta necesita demostrar que tiene mando propio, pero difícilmente puede romper con el movimiento que la llevó al poder. Necesita marcar distancia de personajes que puedan representar un costo político, pero al mismo tiempo debe conservar la unidad de Morena rumbo a las siguientes elecciones.

Y precisamente ahí se encuentra el verdadero conflicto.

Porque durante años Morena tuvo un liderazgo indiscutible: López Obrador decía hacia dónde caminar y prácticamente todos caminaban hacia allá. Hoy existen nuevos equilibrios, nuevos intereses y, sobre todo, una Presidenta constitucional que necesita construir su propio poder.

El caso Rocha puede terminar siendo mucho más que la caída política de un gobernador. Puede convertirse en uno de los primeros episodios donde se mida realmente quién manda hoy dentro de la Cuarta Transformación.

¿López Obrador conserva capacidad suficiente para mover piezas desde fuera del gobierno? ¿Los personajes identificados con el obradorismo que permanecen en posiciones estratégicas responden completamente al nuevo liderazgo presidencial? ¿O estamos frente al inevitable proceso mediante el cual Claudia Sheinbaum comienza a desmontar, poco a poco, las estructuras heredadas?

Son preguntas que todavía no tienen una respuesta definitiva.

Pero algo comienza a quedar claro: el principal desafío político de Claudia Sheinbaum quizá no venga de la oposición, sino de las fuerzas, grupos y lealtades que conviven dentro de su propio movimiento.

Porque una cosa es recibir el poder y otra muy distinta ejercerlo plenamente.

Y en Morena, después de López Obrador, apenas comienza la verdadera disputa por saber quién tiene la última palabra.

Buen fin de semana, la frase: ODIO tiene 4 letras, pero también AMOR.