
El escritor y aficionado al fútbol José Ángel Del Bosque revive el episodio que marcó a todo un equipo dentro de la justa mundialista
En su libro «México 86 en Saltillo. Del Archivo a la Crónica: Memoria Gráfica de un Mundial», el escritor José Ángel Del Bosque Joch reconstruye la estancia de la Selección de Portugal en la capital coahuilense y el conflicto que transformó para siempre su fútbol durante el Mundial de Futbol de 1986.
El también aficionado al fútbol trae al presente la historia del combinado portugués, que tuvo a Saltillo como sede de concentración previa a sus encuentros en Monterrey y Ciudad de México; recordó que los jugadores arribaron a Saltillo tras un agotador itinerario aéreo que incluyó escalas en Lisboa, Frankfurt, Dallas y Ciudad de México, antes de llegar a nuestra ciudad, elegida por su cercanía con Monterrey, una de las sedes mundialistas.
Sin embargo, la tranquilidad esperada nunca llegó, ya que los futbolistas comenzaron a expresar inconformidades por las malas condiciones en que se encontraba el Hotel La Torre, dónde fueron hospedados.
El conflicto alcanzó su punto más álgido el 25 de mayo de 1986, cuando, encabezados por su arquero y capitán, Manuel Bento, los jugadores se negaron a disputar un partido amistoso frente al Club Monterrey y amenazaron con no presentarse en su debut mundialista ante Inglaterra.
La protesta se originó por desacuerdos económicos con la Federación Portuguesa de Futbol relacionados con ingresos por patrocinio de marcas como Adidas.
«Fueron tantas problemáticas entre un entrenador y un equipo que el resultado inmediato fue estar eliminados en fase de grupos; es más bien los jugadores en contra de la Federación porque Adidas le pagaba a la Federación Portuguesa de Futbol y ese dinero se lo quedaba la propia Federación», explicó Del Bosque.
El autor señaló que los futbolistas descubrieron durante su estancia en Saltillo que los recursos derivados de los patrocinios no se reflejaban en beneficios para el plantel.
«Por eso, y es algo bien simbólico del caso Saltillo, siempre los vamos a ver sin camisas porque dicen: ‘Yo no quiero enseñar una marca’, en forma de protesta contra su Federación», comentó.
Como parte de esta manifestación, los jugadores entrenaban con las camisetas al revés para ocultar los logotipos comerciales.

El principio del fin
Pese a la crisis interna, Portugal debutó el 3 de junio de 1986 en el Estadio Tecnológico de Monterrey con una sorpresiva victoria de 1-0 sobre Inglaterra, considerada la selección más fuerte del Grupo F. El único tanto del encuentro fue obra de Carlos Manuel, tras una asistencia de Paulo Futre.
No obstante, el impulso inicial se diluyó rápidamente. Los portugueses cayeron 1-0 ante Polonia y, el 11 de junio, fueron eliminados tras perder 3-1 frente a Marruecos en Guadalajara.
«Mi opinión muy personal es que Saltillo puede ser un acontecimiento traumático, pero si no lo hubieras vivido, no sé hoy Portugal qué categoría de selección sería en el panorama europeo. El lugar que ocupa hoy Portugal en este olimpo de las grandes selecciones, yo creo que su momento cero, o quizá el menos uno tirando a cero, fue Saltillo», reflexionó.
Del Bosque recordó que las consecuencias del «caso Saltillo» trascendieron el Mundial. Siete jugadores fueron vetados de la selección portuguesa durante los años posteriores, en un episodio que marcó un antes y un después en la relación entre futbolistas y directivos.

Encuentros fuera de la cancha
La polémica también se trasladó fuera del terreno de juego. El escándalo creció luego de que la BBC difundiera versiones sobre supuestas fiestas organizadas por los jugadores en el hotel y presuntos encuentros íntimos con mujeres saltillenses.
«Fue algo escandaloso. ¿Quiénes fueron esas mujeres, dónde están? Incluso, en cierta generación, fue un fenómeno decir, a manera de broma, ‘ese cuate es hijo de una chava de Saltillo con un jugador de Inglaterra o Portugal'», relató.
El escritor explicó que este tipo de rumores adquirieron una dimensión mayor debido al contexto social de la época.
«Hablar del Saltillo de mediados de los 80 era hablar de una ciudad muy tranquila, silenciosa, con un espíritu de trabajo muy bien fundado y establecido, de corte industrial», señaló.
«El Saltillo del 86, además, era ultraconservador en el sentido social y moral, religioso incluso. Muchas costumbres del mexicano norteño se perpetuaban; las mujeres no podían salir a la calle si el novio no iba a presentarse con el papá de ella para llevarla a pasear», agregó.

Inglaterra, la otra cara de la moneda
Mientras Portugal enfrentaba conflictos internos y una creciente exposición mediática, la experiencia de Inglaterra en Saltillo fue completamente distinta. El conjunto británico se hospedó en el extinto Hotel Camino Real, donde, según Del Bosque, contaba con mayores medidas de seguridad y mejores condiciones de concentración.
«El Camino Real estaba hacia adentro, con una bajada; era bajar y ya estaban los cuartos, que eran como cabañas. Yo siento que, por lo que alcancé a ver en un análisis fotográfico, con Inglaterra se contrató seguridad privada de más», comentó.
El autor recordó que, además del dispositivo de seguridad implementado por las autoridades locales, había personal armado apostado en los accesos al hotel.
A diferencia de Portugal, Inglaterra logró avanzar hasta los cuartos de final del Mundial, instancia en la que fue eliminada por Argentina con marcador de 2-1 en el Estadio Azteca, en un partido inmortalizado por el gol de «La Mano de Dios» de Diego Armando Maradona.
Casi 40 años después, el «caso Saltillo» continúa siendo uno de los episodios más recordados de la Copa del Mundo de 1986 y una muestra de cómo la capital coahuilense fue escenario de un capítulo que redefinió el futuro del futbol portugués. (OMAR SOTO)





