
La caída en el consumo de alcohol obliga al cierre de bodegas, despidos y eliminación de viñedos en California
La industria vitivinícola de Estados Unidos atraviesa una de las peores crisis de su historia reciente. El menor consumo de alcohol entre los millennials y la generación Z, sumado al envejecimiento de los baby boomers —tradicionalmente los principales consumidores de vino— ha provocado una caída en las ventas, el cierre de bodegas, despidos masivos y hasta la eliminación de miles de hectáreas de viñedos en California.
De acuerdo con información publicada por Fox News, el sector perdió más de mil millones de dólares en ingresos durante el último año, mientras que la producción nacional se redujo en aproximadamente seis millones de cajas de vino.
California, responsable de la mayor parte de la producción vitivinícola estadounidense, concentra buena parte de la crisis. Empresas de gran tamaño y productores familiares han comenzado a cerrar instalaciones ante la combinación de una oferta excesiva y una demanda cada vez menor.
Entre los casos más representativos se encuentra Jackson Family Wines, que suspendió operaciones en una de sus plantas en Sonoma; E&J Gallo, que cerró una bodega en Napa y eliminó cerca de un centenar de empleos, y Mission Bell Winery, cuyo cierre dejó sin trabajo a más de 200 personas.
A ellas se suman pequeñas bodegas que simplemente han dejado de operar ante la imposibilidad de sostener sus costos.
Se reduce la superficie de viñedos
El impacto también se refleja en el campo. La superficie destinada al cultivo de uva para vino en California cayó a 477 mil 475 acres en 2025, muy por debajo de los cerca de 600 mil acres que existían hace algunos años.
Además, alrededor del 20 por ciento de la producción de uva lista para cosechar ni siquiera fue recolectada el año pasado debido a la falta de compradores.
Para Stuart Spencer, director ejecutivo de la Comisión de Productores de Uva para Vino de Lodi, la situación es inédita.
«Es una masacre para todos los productores de uva de California. Es el peor mercado que han visto en toda su vida», afirmó al ser consultado por Forbes.
Cambian los hábitos de consumo
Especialistas coinciden en que el problema responde principalmente a un cambio generacional.
Los consumidores jóvenes muestran un menor interés por las bebidas alcohólicas y privilegian estilos de vida relacionados con la salud y el bienestar.
Andrew Principe, restaurantero reconocido por la Fundación James Beard, explicó que el segmento de personas entre los 25 y 39 años, históricamente uno de los mayores consumidores de vino en restaurantes, ha reducido notablemente su consumo.
Hoy es común que quienes antes pedían una entrada, un plato fuerte y varias copas de vino ahora consuman únicamente un platillo y una sola bebida, o incluso opten por bebidas sin alcohol.
Una encuesta reciente de Gallup muestra que solo el 54 por ciento de los adultos estadounidenses consume alcohol, el nivel más bajo registrado en varias décadas.
Competencia y medicamentos también influyen
Los expertos señalan que la industria enfrenta además nuevos desafíos derivados de la creciente popularidad de bebidas como los hard seltzers, productos con THC y otras alternativas de bajo contenido alcohólico.
A ello se suma el interés creciente por medicamentos para la pérdida de peso del tipo GLP-1, que algunos estudios sugieren podrían disminuir el deseo de consumir alcohol, aunque investigadores consideran que todavía no existe evidencia suficiente para medir su verdadero impacto sobre el mercado del vino.
La pandemia dejó un exceso de inventarios
Analistas también atribuyen parte de la crisis a un ajuste posterior a la pandemia de COVID-19.
Durante los confinamientos el consumo de vino aumentó considerablemente, lo que impulsó la producción. Sin embargo, una vez normalizadas las actividades, las ventas regresaron a niveles inferiores, dejando un importante excedente de inventarios.
Adaptarse o desaparecer
Frente a este panorama, especialistas consideran que la supervivencia de muchas bodegas dependerá de su capacidad para modificar su modelo de negocio.
Entre las estrategias que muestran mejores resultados destacan la venta directa al consumidor, los clubes de vino, las experiencias de degustación y el fortalecimiento del turismo enológico.
Los analistas coinciden en que la crisis no representa únicamente un ciclo económico negativo, sino un cambio profundo en los hábitos de consumo que obligará a la industria vitivinícola estadounidense a reinventarse para atraer a las nuevas generaciones. (El Heraldo de Saltillo con información de Fox News)




