
El próximo 31 de agosto concluye el segundo año de funciones de la LXVI Legislatura y el Congreso de la Unión tiene un pendiente que no puede pasar inadvertido: el funcionamiento efectivo de sus comisiones bicamerales. Sí, a estas alturas, y no obstante la crisis que vive el país, no funcionan estos importantes mecanismos de seguimiento y control.
En el ámbito parlamentario, las comisiones son el corazón del trabajo legislativo, y en el caso de las bicamarales su importancia es todavía mayor, porque reúnen a legisladores tanto de la Cámara de Diputados como la de Senadores, para atender asuntos que, por su naturaleza y relevancia, requieren la participación conjunta.
No son órganos decorativos. La ley les encomienda tareas específicas en materias estratégicas como la seguridad nacional, la evaluación de la Fuerza Armada Permanente en tareas de seguridad pública y la disciplina financiera de las entidades federativas y los municipios. También existen para atender asuntos de diálogo y pacificación, como el inacabado conflicto de Chiapas, así como cuestiones de organización interna del Canal de Televisión y del Sistema de Bibliotecas del Congreso.
Sin embargo, estas comisiones han permanecido sin integrarse, instalarse o funcionar, lo que genera una desatención en las funciones que le corresponden al Poder Legislativo y un daño considerable al espíritu republicano y a la democracia de México. Es la renuncia del Congreso a servir de contrapeso y contribuir al buen funcionamiento de las instituciones.
El caso de la Comisión Bicamaral de Seguridad Nacional resulta preocupante. La Ley de Seguridad Nacional dispone que las políticas y acciones en esta materia están sujetas al control y evaluación parlamentarios, y otorga atribuciones al Congreso para: 1. Solicitar informes al Centro Nacional de Inteligencia. 2. Opinar sobre la Agenda Nacional de Riesgos, cuya elaboración y presentación no se realiza de manera normal desde que inició el gobierno de Morena, y 3. Formular recomendaciones al Consejo; esto último no es poca cosa, pues implica que sus integrantes deben ser diestros en la materia.
La Comisión se instaló hasta el 23 de junio de 2026. Pero apenas dos días después, su presidente, el senador Eugenio Segura Vázquez, solicitó licencia indefinida para separarse de sus funciones legislativas y en los dos meses pasados no se ha sabido de ninguna reunión del resto de los integrantes. No son menores los temas y problemas que tiene el país en la materia, desde aquellos de seguridad hasta los de carácter internacional. Ninguna de las decisiones tomadas se evalúa y menos hay recomendaciones sobre las mismas.
Morena funciona como un partido de Estado en un régimen donde agoniza la democracia y se derrumban las instituciones. Las formas y el fondo se han hecho a un lado y con ello se pone en peligro la fortaleza de las instituciones y el poco o mucho prestigio de un Congreso que, por decisión de la mayoría, se ha convertido en una ventanilla de trámite del Poder Ejecutivo y una buena tapadera que es incapaz de evaluar y cuestionar las acciones del gobierno.
Queda claro que, si Campa o Vallejo vivieran, con Morena no estuvieran.
Texto en colaboración con Miguel Sulub Camal.




