
30 años de una historia que comenzó en Saltillo
Para Paty y Homero
Hay historias que merecen contarse. No porque hayan sido perfectas, sino porque han sabido resistir al tiempo, a las distancias, a las mudanzas, a las alegrías y también a esos momentos difíciles que inevitablemente acompañan a la vida.
Este fin de semana, Paty Reyes del Bosque y Homero Hernández Souza, cumplen 30 años de casados. Y además de ser familia y compadres de Ale y mío, su historia comenzó mucho antes de aquel “sí acepto” en el año de 1996.
Esa historia de amor nació en el Saltillo de los años noventa. En aquellos años donde las relaciones se construían de otra manera: con encuentros, llamadas, cartas…quizá, largas conversaciones y, en el caso de Homero, con una buena dosis de insistencia y constancia para conquistar a Paty.
Los dos crecieron en Saltillo. Paty, en la colonia República; Homero, por la calle de Salazar, ahí cerca de los famosos dulces que están en esa calle. Dos historias distintas que terminaron encontrándose para comenzar una sola.
En 1996 decidieron casarse y muy pronto entendieron que el matrimonio también significa aprender a hacer hogar lejos de casa. Por motivos laborales de Homero dejaron Saltillo y emprendieron camino hacia Hermosillo, Sonora. Ahí nació Valeria, su primera hija, nuestra ahijada, y con ella comenzó una nueva etapa de aquella joven pareja que empezaba a formar su propia familia.
Después vendría otro cambio. Nuevamente las circunstancias laborales los llevaron a hacer maletas, ahora con destino a Puerto Vallarta, Jalisco, lugar donde nació Ana Paola, su segunda hija, y donde Paty y Homero terminaron echando raíces.
Treinta años después, aquellas niñas crecieron y ahora son ellas quienes comienzan a escribir sus propios caminos. Valeria radica en Querétaro, llevada por el trabajo y también por el amor; mientras que Ana Paola próximamente emprenderá una aventura todavía más lejana: Portugal, donde comenzará su vida laboral.
Y entonces llega una de las pruebas más extrañas para los padres: comprender que después de enseñarles a caminar hay que aprender a verlas partir.
De eso también se trata el amor: de echar raíces lo suficientemente fuertes para que los hijos puedan tener alas.
Paty y Homero vuelven entonces a encontrarse frente a frente, tres décadas después.
Ya no son aquellos jóvenes del Saltillo de los noventa. Han cambiado las ciudades, las responsabilidades y seguramente hasta los sueños. Pero permanece aquello que los hizo decidir caminar juntos.
Porque 30 años de matrimonio no se construyen solamente con fotografías de momentos felices. También están hechos de preocupaciones, diferencias, pérdidas, enfermedades, dificultades, decisiones complicadas y silencios. Pero, sobre todo, de esa voluntad cotidiana de permanecer.
Y quizá ahí se encuentra el verdadero significado de un aniversario.
No se celebran solamente los años transcurridos. Se celebra haberlos vivido juntos.
Desde hace algunos días, Paty y Homero comenzaron a compartir con amigos los lugares y las raíces de donde provienen, como queriendo regresar por un momento al punto de partida. Y este fin de semana pondrán la cereza en el pastel acompañados por familiares y amigos llegados de Saltillo, Puerto Vallarta y otros lugares.
Será una celebración de 30 años, pero también un encuentro con la memoria.
Porque uno puede cambiar muchas veces de ciudad, hacer maletas, comenzar de nuevo y recorrer miles de kilómetros, pero existen lugares a los que inevitablemente siempre regresamos. Y uno de ellos es donde comenzó su historia.
Para Paty y Homero, ese lugar es Saltillo.
Por eso vale la pena dejar constancia. En tiempos donde pareciera que todo es pasajero, celebrar tres décadas caminando juntos también es recordar que el amor puede transformarse, madurar y sobrevivir al paso de los años.
Hoy sus hijas, Valeria y Ana Paola comienzan a volar, pero Paty y Homero siguen escribiendo su historia.
Y nosotros, su familia, los compadres y amigos, tenemos el privilegio de celebrarla con ellos.
Treinta años después, aquel noviazgo de los noventa sigue teniendo historia que contar y es aquí donde aparece una canción del recuerdo, muy saltillense, que es inevitable para esta historia: “Aniversario”, de la Rondalla de Saltillo. Una melodía que lleva consigo el romanticismo de aquellas serenatas que se daban en los noventa.
Porque las canciones también guardan sentimientos, ya que es donde una mirada buscará otra mirada, aparecerán algunas lágrimas y volverán de golpe muchos recuerdos.
Treinta años caben en una canción: Saltillo, Hermosillo, Puerto Vallarta, Valeria, Ana Paola, la familia, las ausencias, las alegrías y todo aquello que Paty y Homero han construido juntos.
Y quizá ese sea el mejor estribillo para esta historia: 30 años después, siguen teniendo motivos para celebrar aquel amor que comenzó en Saltillo.
Que viva Paty.
Que viva Homero.
Que viva la familia que han construido.
Y que viva el amor.
¡Feliz 30 aniversario!
Buen fin de semana, la frase: “Hay tres cosas en la vida que nunca debes perder: tu sonrisa, tu alegría y tu forma de ser”. ¡Ánimo!




