jueves, julio 30, 2026
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SALTO DE LETRA

La trampa

En el artículo anterior abordé la desafortunada premisa que la IA suplirá a los columnistas. No escribí sobre un elemento visible cuando una nueva tecnología aparece; elimina rutina pero también implica la creación de más elementos de trabajo. En la industria textil, la eliminación del telar quitó a los operadores pero permitió que otros trabajos surgieran al derredor. Esa prosperidad social surge cuando la tecnología está dentro de la escuela, es decir, se ha incorporado a nuestras instituciones y su estudio permite su dominio. Cuando la tecnología está afuera de la escuela hay tensión social.

Como ejemplo, ocurrió esa tensión social en la revolución industrial; el nedismo y el cartismo fueron movimientos que querían destruir al robot viéndolo como un imitador de la fuerza human. Hoy en día no pasa así, ya no se odia al robot, pero muchos otros elementos tecnológicos aun no se han incorporado; la escuela no sabe que hacer con la IA y solamente la ve como rival a sus rutinas, hay tensión social. La inteligencia artificial no suplirá a los abogados sólo a los que memorizan las leyes, no suplirá a los columnistas sino sólo a los que escriben palabras. La escritura sin sentido, la queja aislada que no corresponde a los valores, nos hace clavar banderas y afirmar que conocemos un iceberg solamente por su superficie, la gran masa está oculta abajo de nuestros comportamientos como las motivaciones, los intereses y valores que no se revelan salvo al ojo aguzado.

La Inteligencia Artificial debe tomar, de todas las áreas incluyendo el gobierno, las funciones necesariamente aletargantes, aquellas repetitivas que no dan novedad ni humanidad sino solamente dependencia y monotonía.

La Universidad Nacional Autónoma de México, la UNAM, reveló, gracias a una escalada inusual en los buenos resultados de los más de 158 mil aspirantes a ingresar, que se pudo haber hecho uso de la IA para obtener beneficios en los exámenes de admisión. El problema se incrementa porque por primera vez el examen de admisión ha sido totalmente en línea, y los resultados muestran una mejora difícil de explicar. Por ejemplo, para Medicina los postulantes que obtenían el puntaje necesario para acceder era de 1.5% de los sustentantes, este año fue 9%, Derecho pasó de 3.7% a 18.9% y en general la tendencia así se observó. Obviamente la primer respuesta fue suponer que usando IA los estudiantes pudieron corromper el espíritu de la prueba.

El miedo, zozobra y la duda se pasea entre los aspirantes, las autoridades de la institución y las nuevas generaciones que están fijando los linderos de sus caminos y se enfrentan a las decisiones emocionales de cuando usar o cuando no usar las tecnologías. El enemigo es, quien está afuera de la Escuela, la inteligencia Artificial. ¿será esa la trampa?, conviene estar pendientes si la solución a este mediático caso esta en la evidente mejora de los resultados o la creciente aplicación de corruptelas en el proceso de admisión.

Aplicar la razón a la emoción nos permite entender esos vericuetos que hemos justificado por la cultura.  Las instituciones existen porque las emociones no bastan, “Cuando las emociones gobiernan, las instituciones se debilitan; cuando las instituciones se fortalecen, las emociones encuentran un cauce para construir en lugar de destruir.”