
El investigador presentó en la Narro un estudio que revela cómo la movilidad ciclista reduce gastos familiares y mejora la capacidad de ahorro. Advirtió que México registra un retroceso en el uso de la bicicleta por la falta de infraestructura y políticas públicas, mientras crece la dependencia de vehículos motorizados
La bicicleta puede representar mucho más que una alternativa de transporte, también es una herramienta para fortalecer la economía de los hogares, reducir gastos cotidianos y mejorar la calidad de vida. Las familias mexicanas que recurren a la movilidad ciclista logran economías de hasta 19 por ciento en el gasto de combustibles, además de presentar una mayor capacidad de ahorro y destinar más recursos a su alimentación, expuso el investigador Alejandro Dávila Flores.
Durante la conferencia «La bicicleta y la economía de los hogares de México», realizada este viernes en el Auditorio de la División de Ciencias Socioeconómicas de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro (UAAAN), el también ciclista y ex rector de la Universidad Autónoma de Coahuila (UA de C) presentó un avance de investigación sustentado en la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, mediante la cual identificó diferencias importantes en los patrones de consumo de las familias que utilizan este medio de transporte.
Explicó que los ahorros también se reflejan en rubros como salud, adquisición de vehículos y vivienda. «Todo esto le permite a los hogares que usan la bicicleta para movilidad ampliar su capacidad para incrementar el consumo de alimentos, alimentarse mejor y también tienen una mayor capacidad de ahorro», señaló.
El investigador consideró que estos resultados desmontan la percepción de que utilizar la bicicleta representa una desventaja económica, pues, aunque los montos generales de consumo pueden ser similares, cambia la distribución del dinero y la capacidad de las familias para ahorrar.
«Esa idea de que la bicicleta es un pésimo negocio para la economía, ese es un mito», afirmó. Añadió que los hogares que utilizan este medio también tienden a realizar sus compras y cubrir sus necesidades en establecimientos cercanos a sus comunidades, lo que favorece patrones de consumo más localizados.

De reversa, uso de la bicicleta
No obstante, advirtió que México ha perdido terreno en la incorporación de la bicicleta como alternativa de movilidad. De acuerdo con los datos de su investigación, después de una tendencia de crecimiento entre 2012 y 2020, la proporción de hogares que recurren a la bici movilidad disminuyó cuatro puntos porcentuales entre 2020 y 2024. Aunque en ese período se incorporaron 250 mil hogares adicionales en términos absolutos, el crecimiento poblacional provocó una reducción en su participación relativa. «Esta tendencia es contraria a lo que ocurre en las principales ciudades que están avanzando hacia la transición energética y promoviendo la movilidad activa en Europa y Estados Unidos», indicó.
Dávila Flores atribuyó este retroceso a la ausencia de políticas públicas efectivas a nivel nacional, infraestructura segura y programas de acceso a bicicletas públicas. Consideró que existe un amplio potencial para impulsar esta alternativa, debido a que más de la mitad de los desplazamientos cotidianos son de distancias inferiores a cinco o siete kilómetros. «Son distancias perfectamente alcanzables para usar la bicicleta con mayor intensidad en los espacios urbanos», sostuvo.
También alertó sobre el crecimiento del parque vehicular en México, al señalar que en los últimos 12 años la cantidad de automóviles y camionetas aumentó 50 por ciento, mientras que el número de motocicletas casi se multiplicó por cinco. Aseguró que esta dependencia de los combustibles fósiles tiene consecuencias económicas, ambientales y de salud, pues los gastos de las familias en gasolina, vehículos y atención médica absorben buena parte de sus ingresos. Incluso, señaló que el 95 por ciento del incremento del gasto monetario de los hogares entre 2020 y 2024 se destinó a cubrir aumentos en esos rubros. «Eso tiene consecuencias muy negativas no solamente para la economía de las familias, sino también para las condiciones de bienestar en las ciudades», expresó.
En el caso de Saltillo, mencionó la problemática de contaminación por partículas menores a 2.5 micras como uno de los aspectos que requieren atención. Como parte de las soluciones, propuso modernizar y electrificar el transporte público, ampliar la infraestructura ciclista y establecer esquemas de financiamiento que permitan incorporar unidades eléctricas y sistemas de bicicletas públicas.
«Necesitamos diseñar nuestras ciudades para las personas en lugar de para los automóviles», enfatizó. (OMAR SOTO)

