martes, agosto 11, 2026
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CIRCO POLÍTICO

Incluyendo el gran acto del gas shale: entre el trapecio energético y la cuerda ambiental

En el gran circo de la política energética nacional acaba de aparecer un nuevo número en la carpa: el regreso del fracking y la posibilidad de explotar el gas shale de Coahuila.

Durante años, este espectáculo estuvo guardado en el baúl de los recuerdos. La fractura hidráulica se convirtió en una palabra incómoda, capaz de dividir opiniones entre quienes ven una oportunidad económica y quienes advierten riesgos ambientales. Pero ahora, el telón vuelve a levantarse.

La presidenta Claudia Sheinbaum, quien durante años mantuvo una postura crítica hacia esta técnica, abrió nuevamente la puerta a analizar su viabilidad bajo nuevas condiciones tecnológicas y ambientales. La discusión ya no está planteada como un “sí o no” absoluto, sino bajo una lupa científica: agua disponible, impacto ambiental, rentabilidad económica y vigilancia permanente.

El comité de especialistas convocado por el Gobierno Federal no entregó un cheque en blanco. El mensaje fue claro: cualquier proyecto tendría que cumplir condiciones estrictas, evitar el uso de agua potable y garantizar que existan fuentes alternativas, como agua salina, además de fortalecer el monitoreo ambiental.

Y ahí aparece Coahuila en el escenario.

El gobernador Manolo Jiménez ha sido uno de los principales impulsores de aprovechar el potencial energético del estado. Desde su visión, el gas shale representa una oportunidad para generar inversión, empleos y fortalecer la competitividad de una entidad que históricamente ha sido protagonista en la generación de energía.

La apuesta del gobernador es convertir a Coahuila en un actor relevante dentro del mapa energético nacional, aprovechando su ubicación estratégica, sus reservas y la cercanía con una de las regiones productoras más importantes de Estados Unidos.

Pero como en todo espectáculo circense, el acto más peligroso es caminar sobre la cuerda floja.

Porque el verdadero reto no será solamente encontrar gas debajo de la tierra; será demostrar que se puede hacer sin poner en riesgo el recurso más valioso de Coahuila: el agua.

Un estado donde la sequía ha sido una constante, donde productores, comunidades y ecosistemas dependen de cada gota disponible, no puede darse el lujo de improvisar. La energía puede mover industrias, pero el agua sostiene la vida.

El domador del circo energético tendrá que demostrar que puede controlar a la bestia sin que ésta termine rompiendo la jaula.

La discusión del gas shale no debe caer en extremos. Ni convertirlo en la solución mágica para todos los problemas económicos, ni satanizarlo sin analizar las nuevas tecnologías disponibles.

El verdadero espectáculo será encontrar el equilibrio entre desarrollo y protección ambiental.

Coahuila tiene experiencia minera, industrial y energética. Tiene talento, infraestructura y ubicación estratégica. Pero también tiene un compromiso ambiental que no puede negociarse.

La presidenta pone sobre la mesa la posibilidad de explorar. Manolo levanta la mano para aprovechar la oportunidad.

Ahora falta ver si el acto logra convencer al público más exigente: los ciudadanos.

Porque en este circo político, la función apenas comienza, y el aplausómetro final dependerá de una sola cosa: que el desarrollo económico avance, pero que el medio ambiente no termine pagando la factura.

En política, como en el circo, los mejores actos no son los más arriesgados, sino aquellos donde el artista demuestra que puede mantener el equilibrio.

 

“Esperemos a que se acabe el circo, para verle la cara a los payasos”

 

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