
En Saltillo, este espacio se ha convertido en un refugio para quienes buscan algo más que comprar un libro: una experiencia, una conversación y una nueva forma de habitar la lectura
El Día Internacional del Libro es una invitación a detenerse un momento y volver a esas historias, ideas y voces que esperan entre las páginas. Cada 23 de abril no solo se celebra el placer de leer, también se reconoce a quienes hacen posible que la palabra escrita siga viva: autores, lectores… y libreros.
En Saltillo, una de esas historias se escribe entre estantes llenos de títulos diversos en “Librakos”, un espacio que ha logrado convertirse en punto de encuentro para los amantes de la lectura, abriéndose paso con una propuesta cercana, humana y profundamente apasionada, proyecto encabezado por su propietario Arturo Pérez Hernández.
Originario de la Ciudad de México, Arturo encontró en los libros no solo una vocación, sino un camino de vida. “Para mí es el mejor trabajo que he tenido”, afirma con convicción. Su historia con la lectura no comenzó en un entorno académico privilegiado, sino en una fábrica durante la década de los ochenta, donde trabajaba mientras estudiaba. Ahí, en medio de unas cajas, descubrió una colección de libros que cambiaría su destino.
“Un día tomé uno por curiosidad y no lo solté hasta terminarlo, fue Robinson Crusoe”, recuerda. Aquella primera lectura marcó el inicio de una relación profunda con la literatura, pues fue una conexión muy importante, ahí se ubicó en la literatura gracias al señor que tenía ahí los libros, que eran puros clásicos.
A partir de entonces, su vida giró en torno a los libros, trabajó en librerías desde joven —incluida la reconocida Gandhi— y más tarde en el mundo editorial, desarrollándose durante más de dos décadas en Editorial Océano. Sin embargo, la idea de tener su propia librería siempre estuvo presente.
Fue durante la pandemia cuando decidió dar el paso, con sus ahorros y una visión clara, se trasladó a Saltillo, donde identificó una oportunidad para crear un espacio distinto. Así nació Librakos, teniendo ya cuatro años en la capital.

Más que un punto de venta, la librería busca ser un lugar de experiencia. “El libro demanda los cinco sentidos”, explica Arturo, quien apuesta por el contacto físico con los ejemplares y la interacción directa con los lectores. El espacio está organizado por temas y pensado para que cada visitante encuentre algo acorde a sus intereses, sin importar la edad o experiencia lectora.
Uno de los pilares del proyecto es su club de lectura, que se realiza todos los sábados por la tarde. Ahí, los asistentes pueden leer, escuchar y dialogar en torno a obras, muchas de ellas clásicas. Nada como empezar con los clásicos, porque no pasan de moda, señala.
Además, Arturo ha desarrollado una propuesta creativa para acercar la lectura a los más jóvenes: los “Librakos”, que de ahí nace el nombre del lugar, los cuales son personajes que imaginó como seres provenientes de otro planeta que traen libros a la humanidad para inspirarla. “Son como superhéroes del conocimiento: filósofos, músicos, poetas… que acompañan a las personas sin que se den cuenta”, explica. Esta narrativa busca despertar la curiosidad y reforzar la idea de que la lectura es una herramienta para entender el mundo.
Para él, leer es mucho más que un hábito: “La literatura es vida, son historias personales que, al leerlas, se vuelven nuestras, nos ayudan a identificarnos, a entender y a relacionarnos con los demás”. También destaca los beneficios cognitivos de la lectura, desde el desarrollo de la memoria hasta la capacidad de análisis, es como hacer ejercicio para el cerebro, resume.
En tiempos donde la tecnología parece dominar la atención, Arturo reconoce que plataformas como TikTok han contribuido, de forma inesperada, a acercar los libros a nuevas generaciones. “Han permitido que más personas conozcan de lectura y se animen”, comenta. A esto se suman las visitas a escuelas y la promoción constante en redes sociales.
Sin embargo, insiste en la importancia del encuentro cara a cara, puesto que el contacto físico también es conocimiento, porque cuando interactúas con otra persona, reflexionas y aprendes.
Librakos se ha convertido así en un punto de reunión para lectores en Saltillo, un espacio donde la recomendación personalizada y la conversación son parte esencial de la experiencia.

“Cada vez que abro la librería siento lo mismo que cuando empecé, lo disfruto todos los días”, comparte.
A quienes aún no se han acercado a la lectura, les hace una invitación directa para que vayan, y se den la oportunidad. Hay libros para todos los gustos y todas las posibilidades económicas, asegura que se van a enganchar.
Entre sus recomendaciones para comenzar, menciona títulos como: Meditaciones de Marco Aurelio, Crimen y castigo de Fiódor Dostoievski, Drácula de Bram Stoker, Orgullo y prejuicio de Jane Austen, El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, así como propuestas contemporáneas como Destroza este diario.
Finalmente, Arturo agradece a la comunidad saltillense por el respaldo recibido pues a pesar de que llegó sin avisar, desde el primer día la gente comenzó a ir.
“Son muy generosos, si no fuera por ellos, ya me hubiera ido. No es fácil mantener una librería”.
En un mundo acelerado, y en el marco del Día Internacional del Libro, Librakos recuerda que siempre hay tiempo para detenerse, abrir un libro y comenzar una nueva historia.
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