
De la patada
Hay indicios de una existencia milenaria, el juego con la pelota y los pies está presente en muchas civilizaciones antiguas, y así como había quien disfrutaba jugándolo había también los que disfrutaban viéndolo. El primer reglamento que normó y por ende creó lo que hoy conocemos como el futbol, se dio en Inglaterra en 1863 cuando se separó oficialmente del rugby. Coincidéntemente, casi 100 años atrás 13 colonias británicas habian alcanzado su independencia de la Corona y fundaron los Estados Unidos de América. En el siglo 19 los presidentes de los clubes de futbol colegial, cada uno con sus propias normas, se reunieron en un bar inglés y redactaron las 13 reglas que darian uniformidad al deporte creando a los pocos años la primer federación de equipos de futbol en la historia. Años después, el futbol sigue reuniendo equipos tan diverses, algunos de países que inculso se enfrentaron en guerra salvajes pero que participan en torno a un balón. Un balón que no solo tiene la forma del mundo, sino que también ha sabido conectar al mundo.
Cada cuatro años el mundo vive la justa futbolística, el partido final que entrega al ganador la copa del mundo es el evento deportivo más visto superando los 1,500 millones de espectadores. Esas patadas y balones generan un movimiento económico global que supera los 11 mil millones de dólares en diversas industrias. Desde la televisiva, ingresos a los partidos, publicidad y mucho, mucho mucho merchandising. Desde 1930 en Uruguay se han jugado cada 4 años 22 torneos que solamente se han suspendido durante la segunda guerra mundial. Entre los partidos que se jugaran en México este año en que por primera vez tiene una sede dividida (EUA, CAN, MEX) La ocupación hotelera para el mundial en México se mantiene aún abajo del 60% y empieza a generar la amarga noticia que las expectativas para el evento futbolístico fueron más altas que lo que la real parece traer. Ya sabemos que la distancia entre la realidad y la expectativa se llama decepción.
Recientemente y por menesteres y convencimiento de mi hijo mayor, nos enfrascamos en la compra de un álbum que durante años ha sido manufacturado por una editora italiana y que se debe llenar con las “estampitas” de los jugadores de cada equipo. Este ejercicio ha ido subiendo cada 4 años de precio y hoy exige algo más que los domingos para su llenado. Ese album con mas de 900 estampitas por conseguir y un gasto promedio de 5 a 7 mil pesos para llenarlo, me hizo adentrarme a un mundo en el que muy afanados niños, jóvenes y muchos adultos se reunen a intercambiar sus “repetidas” estampas. Todos se ostentan de haber completado esos mismos álbumes de mundiales previos. Con una facilidad tremenda preguntan por estampas de mundiales pasados, el nombre del jugador, el número del grupo o una muy usada palabra que sigo sin entender “repechaje”, ya una señora en uno de esos fines de semana se me acercó y me dijo con sinceridad: “ay señor, usted no sabe mucho ¿verdad?. Brillante pensé encontré filosofía en esta algarabía. Yo no quiero reconocer que ni siquiera se identificar aun los equipos y para buscarlos en el mentado álbum debo empezar desde la primera página. Pero ahí la llevamos, víctima de esa euforia ya nos faltan menos de 100 “estampitas”.




