viernes, junio 5, 2026
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AVISO DE CURVA

 

“Magnifica Humanitas” ante la inteligencia artificial

La inteligencia artificial sigue en el ojo del huracán, o quizás sea la tormenta misma. Basta con ojear algunos periódicos y revistas para notar que las discusiones entre filósofos, juristas, economistas, ingenieros, sociólogos y hasta psicólogos se tornan cada día más intensas. Tratan de ponerse de acuerdo sobre un fenómeno que está cambiando la manera en que pensamos y aprendemos.

El análisis ya no es exclusivo de especialistas en informática. Hoy, el debate se adentra en las profundidades de lo humano, lo social e incluso en lo histórico y cultural.

Muchos celebran, sin mayor reflexión, las contribuciones que la inteligencia artificial aporta al progreso humano. Otros, incluyéndome, advierten que no debe entenderse solo como una herramienta más. Es una tecnología con implicaciones históricas y sociales, comparable, en mi opinión, al descubrimiento de la electricidad y la invención de la escritura. Al tiempo.

Preocupa su capacidad para influir en el pensamiento, y sobre todo la posibilidad de delegar en algoritmos facultades propiamente humanas, como distinguir entre el bien y el mal.

Por eso, el debate exige todos los puntos de vista. En este sentido, la perspectiva moral de la doctrina social de la Iglesia católica resulta pertinente. La reflexión moral ahora dialoga con la ética filosófica, la norma del derecho y la eficiencia de la economía.

Ya lo señaló el Papa León XIV en su primera encíclica “Magnifica Humanitas”: se trata de acudir a la sabiduría de Dios (las Escrituras) para comprender las nuevas tendencias tecnológicas y sus implicaciones para la dignidad humana.

Recordando la frase de Albert Einstein de que “Dios no juega a los dados”, podría interpretarse que la Iglesia no pretende dejar al azar el rumbo de la inteligencia artificial. Y propone examinar con lupa una de las creaciones más complejas del ingenio humano. Es como si Dios supervisara la creación de Su creación.

La Iglesia asume una postura cautelosa. En ningún momento rechaza la inteligencia artificial; reconoce su valor para el progreso humano, pero advierte sobre sus riesgos.

Para la Doctrina de la Fe, la inteligencia artificial puede simular empatía y responsabilidad ética, pero no posee conciencia moral. Ofrece soluciones inteligentes a situaciones complejas como si fuera un ser humano, sin serlo.

El riesgo está en atribuirle una autoridad que no le corresponde. Es una trampa que podría subordinar el juicio humano al sistema. Pregunte usted a la IA si puede distinguir entre el bien y el mal. Le sorprenderá la respuesta.

Vista así, la inquietud que plantea la Iglesia católica merece mayor atención. Junto a las discusiones filosóficas y técnicas, resulta necesario abordar la inteligencia artificial desde una perspectiva moral.

En este plano, la doctrina social privilegia la dignidad humana. La encíclica advierte de forma clara que aquellas decisiones que afectan la vida no deben delegarse a sistemas inteligentes.

Imaginemos iniciar una guerra solo porque el algoritmo encontró la manera “inteligente” de hacerla pasar como moralmente aceptable, cuando en realidad no lo es.

Para preservar la “magnificencia de lo humano” en la era de la inteligencia artificial, el Papa León XIV propone asegurar que las decisiones se sustenten en principios humanos: responsabilidad ética y juicio moral.

Con “Magnifica Humanitas”, la Iglesia católica toma partido. No se trata de detener la tormenta, sino de controlarla. Civilizar la inteligencia artificial es una tarea humana.