Ni enojo ni resentimiento causan cáncer… tiran mitos

Ciudad de México.- .Diagnosticada con cáncer de amígdala en 2010, Vanessa creía que todas las enfermedades tienen un origen emocional, pero no era la única en pensar así.

Una gran mayoría de pacientes a quienes acompañó durante 30 años Gina Tarditi, psicóloga y tanatóloga, pensaba haberse provocado la enfermedad por no saber manejar sus emociones, ser enojones o resentidos.

O la misma familia se los hacía ver porque como alguna vez le escuchó a un médico decir: ‘el cáncer atrae como las abejas a la miel: cuando alguien es diagnosticado, todo el mundo tiene una sugerencia o un remedio’.

Como también entran los juicios: «algo te está diciendo tu cuerpo», «ya ves, tenías que aprender a expresarte».

«Estas ideas, lo que generan es culpa en el paciente y es una carga muy pesada de llevar», remarca Tarditi en entrevista.

Creerse responsable de la aparición del cáncer o, peor aún, percibir en el ambiente el dedo que enjuicia y declara: «tú eres el único responsable» es una rudeza innecesaria.

Así lo expone en su libro Emociones y cáncer. Mitos y realidades (Fontamara), publicado en 2013 y ahora reeditado; ahí, la psicóloga deja en claro que hasta hoy no se ha podido demostrar una conexión directa entre la ira o el resentimiento con el cáncer.

Como tampoco se ha demostrado que pensar de manera positiva puede curar la enfermedad y eso también se traduce en culpa para millones de personas diagnosticadas con alguno de los tipos y subtipos de cáncer.

De hecho, el cáncer es un nombre genérico, no es una sola enfermedad. La palabra cáncer se refiere a un grupo de alrededor de 200 tipos y subtipos de enfermedades que pueden desarrollarse en cualquier parte del cuerpo, y podrían ser más, conforme se avance en el conocimiento.

Por ejemplo, el cáncer de mama no es un solo cáncer, hay diferentes tipos y subtipos, de ahí que haya casos más agresivos que otros, requieren de tratamiento distinto, y desde luego, haya mujeres que salen adelante y otras que, desgraciadamente, fallecen.

«Un cáncer surge a partir de la producción de células que escapan a los mecanismos que regulan su muerte natural; es decir, no siguen la vida normal de una célula cualquiera: dividirse, madurar y morir. Tal crecimiento anormal suele iniciar mucho tiempo antes de que el individuo presente cualquier síntoma de la enfermedad», escribe la autora.

La paradoja que observa Tarditi es que mientras más se ha avanzado en el conocimiento del cáncer, con mejores tratamientos y formas más efectivas de diagnóstico temprano en algunos tipos, aunque hay otros que siguen siendo difíciles de diagnosticar en una fase inicial y siguen siendo mortales, no se ha avanzado igual en desterrar los mitos de la enfermedad.

«Por el contrario, creo que cada vez como que se interioriza más y cuestionarlos resulta muy difícil, te diría que hasta políticamente incorrecto.

«¿Por qué? Porque aparentemente son respuestas más fáciles, es decir, si a mí me dicen que yo me puedo curar si perdono, si dejo de ser iracunda, pues eso está más fácil que someterme a no sé cuántos tratamientos y a ver si funcionan», argumenta.

Cita el caso del best seller Tú puedes sanar tu vida, de Louise L. Hay, con más de 50 millones de copias vendidas desde su aparición en 1984, donde la autora afirma que con el solo hecho de modificar la forma en que pensamos se puede curar cualquier enfermedad.

En cuanto a las causas del cáncer, Hay señala: «Profundamente ofendido. Guardas resentimientos desde hace mucho tiempo atrás. Un profundo secreto o dolor te corroe. Sientes odio, que todo es inútil».

Para curarse de la enfermedad de Hodgkin, un tipo de cáncer del sistema linfático, el pensamiento debía ser: «Soy perfectamente feliz de ser quien soy. Soy suficientemente bueno tal como soy. Me amo y me apruebo. Soy la alegría expresándose y recibiendo».

Louise L. Hay aseguraba haberse curado de un cáncer cervicouterino, aunque ningún profesional de la medicina corroboró jamás su historia. Pero sus lectores la tenían en un pedestal.

«Es un camino muy difícil (desterrar los mitos sobre el cáncer), yo llevo 30 años y pues he logrado muy poco», dice Tarditi, con cierto desconsuelo al ver que las falsas creencias permean con sorprendente facilidad.

«Algo que no está demostrado científicamente no puede ser divulgado de esa manera», critica.

Las falsas creencias que se repiten con «estulticia y ramplonería» respecto al cáncer provocan que muchas personas pospongan la atención médica, «comprometiendo la oportunidad de un diagnóstico temprano».

Al final del libro, Tarditi provee una lista de fuentes de información confiables sobre el cáncer e invita a evaluar la confiabilidad de la información que circula en internet. Brinda información científica y actualizada para contribuir a desmitificar el cáncer.

¿Perdió la batalla contra el cáncer?

Hay pacientes a quienes, de acuerdo con la experiencia de la psicóloga, les encanta que les digan guerreros o héroes, o que les hagan homenajes porque sobrevivieron al cáncer.

Aunque sobreviviente, ataja Tarditi, significa ser diagnosticado con cáncer y no tiene que haber pasado un cierto tiempo.

Pero también ve a esos otros, a los que «nadie quiere ver», que odian ser llamados guerreros o que les digan «tienes que luchar».

«Y ya no decir de aquellos que se les dice: ‘pues te vas a morir porque perdiste la batalla, porque no diste la batalla que tenías que dar'», agrega.

Entre el público habrá personas que les moleste escuchar la frase «perdió la batalla contra el cáncer» para comunicar una muerte.

Ese lenguaje bélico para hablar del cáncer, Tarditi lo encuentra muy dañino.

Se remonta al ejemplo de la médica inglesa y activista Kate Granger (1981-2016), diagnosticada con un cáncer terminal a los 29.

«Una de las cosas que decía es ‘ay, de aquel que cuando yo me muera diga que morí porque perdí, por ser una perdedora, porque perdí la batalla. Es que me parece absurdo, me parece cruel», enfatiza.

‘Échale ganas’, ni que fuera partido de futbol

En su práctica profesional, Tarditi atestiguó muchas veces que incluso la familia le decía al paciente con cáncer: «No te curas porque no le echas ganas».

Algo que puede hacer mucho daño, así se lo dijo Bárbara, de 43 años, con un diagnóstico de cáncer de mama, cuyo testimonio aparece en el libro: «Te dicen: ‘échale ganas’ y yo respondo: ‘si no es un partido de futbol'».

En cambio, la enfermedad le hizo descubrir potencialidades de sí misma que desconocía.

Tarditi buscó y volvió a entrevistar 12 años después a los pacientes que aparecieron en la primera edición. Le parece que puede ser inspirador para quienes viven o han vivido un proceso de cáncer.

La vida no ha sido rosa, como no es rosa para ninguno. Un par de pacientes tuvieron recaídas, volvieron a pasar por tratamientos, pero todos dicen tener una buena vida.

«Creo que cuando vemos al fantasma de lejos le tememos más que cuando ya lo tenemos cerca, eso es algo que también he visto en los pacientes», añade.

«Todas esas ideas sobre el cáncer lo vuelven un monstruo terrible, pero cuando no les queda de otra más que tener al monstruo enfrente y atravesar por ahí, se descubren capaces de hacerlo, no es que se vuelva fácil, pero se dan cuenta de que tienen los recursos emocionales, psicológicos, espirituales para poder enfrentar lo que la vida les puso delante», remarca.

Entrevistada 12 años después, Vanessa comparte un mensaje para quienes viven un proceso de cáncer:

«Dejar de buscar por qué a mí me pasó esto. Centrar mi energía en superar este proceso. Saber que esta es una oportunidad para ser mejores, ver y reconocer errores para enmendarlos (…) Aprender a disfrutar lo que tenemos son herramientas que nos ayudan a salir adelante». (AGENCIA REFORMA)