México y el gas de Estados Unidos: una dependencia que exige estrategia
México sostiene una parte importante de su competitividad sobre un suministro que llega del otro lado de la frontera. El gas natural estadounidense alimenta centrales eléctricas y procesos industriales; su disponibilidad ha favorecido la integración productiva de Norteamérica. Sin embargo, una ventaja comercial también puede convertirse en una vulnerabilidad cuando falta capacidad para enfrentar interrupciones. La discusión exige equilibrio. Comprar gas a Estados Unidos responde a una lógica económica. Renunciar precipitadamente a ese suministro podría encarecer la producción nacional. La pregunta es cuánto riesgo estamos aceptando y qué infraestructura tenemos para administrarlo.
El tamaño de la dependencia merece atención. Una fuente cercana al Gobierno Federal reportó este 9 de octubre, con datos de la EIA y de la Secretaría de Energía, que las importaciones estadounidenses promediaron 6,800 millones de pies cúbicos diarios entre enero y julio de 2026. Asimismo, señaló que en 2025 el gas importado abasteció 74.6% de la demanda nacional. Son periodos distintos, pero ambos describen una exposición elevada. La contingencia reciente vuelve a colocar el tema en la agenda. De acuerdo a experto en el tema, una falla técnica y trabajos de mantenimiento en Texas interrumpieron temporalmente alrededor de 20% de las importaciones. CENAGAS indicó después que el problema operativo estaba superado. Ese episodio no permite afirmar que México enfrente hoy un desabasto generalizado; sí obliga a revisar qué ocurriría si una interrupción fuera más extensa. elpais.com
Tenemos un antecedente concreto. En febrero de 2021, CENACE informó que la falta de gas y el congelamiento de infraestructura provocaron la desconexión de centrales del norte y noreste. La emergencia mostró cómo una afectación al combustible puede trasladarse rápidamente al sistema eléctrico. gob.mx Para una empresa, las consecuencias pueden incluir producción detenida, entregas incumplidas y costos de recuperación. os riesgos operan por varias vías. Los fenómenos climáticos y las fallas técnicas amenazan la disponibilidad física. La volatilidad del precio y del tipo de cambio puede elevar los costos aun cuando el combustible siga llegando. Además, la concentración en un país proveedor obliga a
considerar decisiones regulatorias y comerciales. Eso no significa que exista un corte político anunciado; significa que la planeación debe contemplar escenarios adversos.
En este sentido, el almacenamiento debe ocupar un lugar central. La política publicada por SENER en 2018 estableció una meta de cinco días de inventario estratégico para 2026. Esa meta histórica no demuestra su cumplimiento. El Programa Institucional de CENAGAS 2026–2030 reconoce la necesidad de desarrollar almacenamiento para mitigar interrupciones. sidof.segob.gob.mx Debemos exigir información verificable sobre capacidad operativa, disponibilidad, ubicación y velocidad de entrega. También debemos comparar costos con rigor. Una reserva exige inversión, mantenimiento y reglas claras de utilización. El gas natural licuado puede ofrecer una alternativa de abastecimiento, pero su utilidad depende de terminales, capacidad de regasificación, conexiones y condiciones de compra. Aumentar la producción nacional requiere proyectos viables, tiempo y evaluación ambiental. Ninguna opción resuelve por sí sola toda la exposición.
La estrategia debe combinar almacenamiento, rutas de suministro con menor exposición a fallas comunes y producción nacional económicamente justificable. Contratar varios comercializadores ayuda, pero ofrece protección limitada si todos dependen de la misma infraestructura. Asimismo, una cobertura financiera puede contener ciertos aumentos de precio; no sustituye el gas que físicamente deja de llegar. La eficiencia energética y las renovables también deben formar parte de la respuesta. Una alternativa podría ser reducir consumos evitables e incorporar generación limpia donde resulte técnica y económicamente adecuada. Su aportación debe acompañarse de redes y recursos que sostengan la confiabilidad. Las baterías pueden respaldar cargas eléctricas durante periodos determinados, pero no sustituyen directamente el combustible de un horno industrial.
Hoy por hoy, México debe conservar las ventajas del intercambio energético con Estados Unidos y fortalecer su capacidad de respuesta. La prioridad es convertir los planes de almacenamiento y continuidad en proyectos con responsables, financiamiento y fechas verificables. Debemos dejar de medir la seguridad energética únicamente por el volumen contratado y empezar a evaluarla por el servicio que podemos sostener durante una contingencia. El siguiente paso es publicar un diagnóstico de reservas y exposición regional, vinculado con un programa de ejecución. La pregunta incomoda es: ¿cuánto tiempo pueden seguir operando nuestras industrias cuando falla el suministro habitual? Esa respuesta debe construirse antes de la próxima emergencia.





