
La causa principal son las fluctuaciones de estrógenos, que modulan la serotonina y el sistema trigeminovascular, pero también influyen genética, estrés, sueño y carga mental. Aunque la OMS la clasifica entre las enfermedades más incapacitantes, sigue infradiagnosticada.
Berlín, Alemania.- Aproximadamente una de cada cinco mujeres vive con migraña, comparado con cerca de uno de cada quince hombres. Los datos epidemiológicos coinciden: la migraña es entre dos y tres veces más frecuente en mujeres que en hombres, y no es un efecto cultural, es una diferencia con una base biológica cada vez más clara.
En la infancia la prevalencia es muy similar, incluso con un ligero predominio en niños. Todo cambia con la primera menstruación. A partir de ahí la frecuencia en mujeres sube de forma marcada y alcanza su pico entre los 30 y los 40 años, justo cuando coinciden mayor actividad hormonal, laboral y familiar. Tras la menopausia, en muchos casos las crisis disminuyen.
El peso de los estrógenos
Más que la cantidad total, lo que más influye son los cambios bruscos de estrógenos. Desde hace años se sabe que una caída rápida, como la que ocurre antes de la menstruación, puede desencadenar una crisis en personas predispuestas.
Los estrógenos actúan sobre circuitos clave de la migraña: regulan neurotransmisores como la serotonina, modifican la sensibilidad del sistema trigeminovascular, que es la red de nervios y vasos implicada en el dolor de cabeza, y participan en la acción de péptidos relacionados con el dolor.
Por eso la migraña suele acompañar el ciclo reproductivo:
- Menstruación: muchas mujeres notan que sus crisis se concentran en los días previos o al inicio de la regla. En un grupo pequeño, solo ocurren en ese momento.
- Embarazo: suele mejorar, sobre todo en el segundo y tercer trimestre, cuando los estrógenos se mantienen altos y estables.
- Posparto: el descenso hormonal después del parto puede provocar un regreso de las crisis.
- Perimenopausia: las fluctuaciones previas a la menopausia tienden a empeorar el cuadro antes de que finalmente se atenúe.
No solo es hormonal
Explicarlo solo por hormonas sería incompleto. La investigación señala otros elementos:
- Genética y cerebro. Hay indicios de que el sistema nervioso femenino podría ser más sensible a ciertos desencadenantes y de que la señalización del CGRP, péptido relacionado con el gen de la calcitonina, difiere entre sexos, aunque es un área aún en estudio.
- Estrés, sueño y carga mental. El insomnio, la ansiedad y la depresión son más frecuentes en mujeres y tienen una relación bidireccional con la migraña. La sobrecarga de cuidados y trabajo puede añadir presión sobre un cerebro ya vulnerable.
- Consulta y registro del dolor. Las mujeres suelen buscar atención médica por dolor de cabeza con más frecuencia, lo que puede influir en las cifras, pero no explica por sí solo una diferencia tan grande.
Un dolor que se subestima
La migraña no es solo dolor de cabeza. Puede incluir náuseas, intolerancia a la luz y al ruido, y auras visuales o sensoriales, con episodios que duran de horas hasta tres días. La Organización Mundial de la Salud la sitúa entre las condiciones más incapacitantes, con un impacto especial en mujeres jóvenes.
Aun así, muchas pacientes tardan años en obtener un diagnóstico y su malestar se minimiza. Ese retraso limita el acceso a tratamientos eficaces y repercute en el trabajo, los estudios y la vida social.
Qué ha cambiado con los tratamientos actuales
En los últimos años han aparecido fármacos dirigidos contra el CGRP, tanto anticuerpos monoclonales como antagonistas orales, que se suman a los triptanes y a otras opciones ya disponibles. Llevar un diario que anote las crisis y su relación con el ciclo menstrual ayuda a personalizar el abordaje.
Un punto a considerar con el profesional de salud: en mujeres con migraña con aura, los anticonceptivos con estrógenos requieren una valoración cuidadosa por un posible aumento del riesgo cardiovascular.
En resumen, la mayor prevalencia en mujeres resulta de la interacción entre biología hormonal, predisposición genética y factores del entorno. Entender esa combinación es clave para adelantar el diagnóstico y ofrecer tratamientos más precisos. (El Heraldo de Saltillo)
https://www.neurology.org/doi/10.1212/WNL.0000000000207114




