El Oscar es para Homero
Todos están hablando de La Odisea. Me incluyo. Es una gran película. Después de hacernos viajar por el tiempo en Interestelar y llevarnos al nacimiento de la era atómica en Oppenheimer, Christopher Nolan vuelve a demostrar su talento como director. Ahora nos invita a acompañar a Odiseo en su regreso a Ítaca.
El filme entretiene de principio a fin y muestra secuencias fantásticas, como el descenso de Odiseo al Hades, donde busca al sabio Tiresias para conocer el camino a casa y termina frente al espíritu de Agamenón, muerto a manos de su propia esposa. Esa conversación podría salvarle la vida, pues le advierte del destino que puede esperar un rey cuando retorna a su reino.
No suelo recomendar series o películas, principalmente porque veo más de lo que entiendo de cine, pero cuando algo logra mantener mi atención durante casi tres horas, vale la pena hacer una excepción.
El reparto es un lujo. Ahí están prácticamente todas las estrellas del momento: Matt Damon es Odiseo; Tom Holland, Telémaco; Anne Hathaway, espléndida como Penélope; John Leguizamo se roba varias escenas como Eumeo; Charlize Theron, Calipso; y Elliot Page, que sobresale en las secuencias del Caballo de Troya.
Para mi gusto, el trabajo cinematográfico es impecable. Guion, actuaciones, fotografía, música y efectos especiales quedan perfectamente amalgamados bajo la dirección de Nolan. El resultado es una película oscareable, llena de escenas épicas.
Recuerdo una de las secuencias finales. Odiseo, ya en su palacio, pero todavía disfrazado, toma el arco que ninguno de los pretendientes de Penélope pudo tensar. Con absoluta naturalidad lo tensa, coloca la flecha y la atraviesa por entre las hachas. Al instante y sin decir una palabra, todos entendemos que el rey ha vuelto a casa. Eso es cine.
Y, sin embargo, el verdadero protagonista nunca aparece en pantalla.
Si esta película merece algunos premios, uno debería entregarse a alguien que vivió hace casi tres mil años en Grecia. El Óscar debería ser para Homero.
Christopher Nolan realizó una gran película, pero necesitó de una historia universal que ha sobrevivido milenios. Esa historia fue compuesta en el siglo VIII antes de Cristo, mucho antes de Sócrates y Platón. Hollywood puso las cámaras; Homero escribió la historia.
Pero atención, para los griegos La Ilíada y La Odisea fueron más que dos obras literarias. Formaban parte de los cimientos de su cultura y, por lo tanto, también pueden considerarse como una de las raíces de la civilización occidental.
Esos textos enseñaban hospitalidad, lealtad y valor, aspectos que se resaltan en la película. La llamada “Ley de Zeus” para alojar al extranjero, citada también en el filme, no era solo un recurso narrativo; era una forma de practicar la convivencia.
La película ha sido tan bien recibida por el público porque descansa sobre los hombros de un gigante llamado Homero, más alto que el cíclope, hijo de Poseidón, al que Odiseo derrota en una de las escenas.
Las películas van y vienen, pero las grandes historias permanecen. Mientras alguien siga leyendo a Homero, Odiseo seguirá regresando a Ítaca.




